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Cuando no llueve agua

Fotograma de Laurence Anyways

Diez años de relación entre Laurence y Frederique se condensan en la secuencia más maravillosa de Laurence Anyways, de Xavier Dolan. En cámara lenta, al ritmo de la melodía tecno del grupo Moderat, Laurence y Frederique caminan por la calle. El sol ilumina sus rostros, y como una celebración surrealista, una lluvia de ropa de colores cae del cielo sobre ellos. El reencuentro se da en pleno invierno, pero el calor irradia de sus ojos sin temor alguno. Segundos antes, veíamos cómo la lluvia y la nieve caían sobre el pavimento y sobre el auto de la pareja de Laurence, en relación a cómo ella se estaba sintiendo, al ver a ambos salir de la casa: fría, triste y abandonada. Pero esta no es la historia de ella, es de ellos, de Laurence y Fred. Y con los protagonistas, ya no llueve.

¿Cuánto tiempo pasó desde que salieron de la casa?, es la primera y más obvia pregunta. Pero quizás la pregunta correcta sea ¿cuánto tiempo pasó desde que estuvieron juntos por última vez? El cielo despejado pinta con las telas este fugaz ensueño, como una celebración, un desfile colorido con destellos de amarillo y rojo. Pero es más que esto, es una expresión simbólica de la unión de ambas almas que entreteje la ilusión de la lluvia con las ropas que caen, en un gesto de rememorar cuando los personajes estaban juntos: la vida estaba pintada por fuegos artificiales y explosiones de alegría.

Al inicio de la película, en el momento de plenitud de la relación, Laurence vuelca un cesto de ropas sobre Fred, un juego entre ambos que termina con risas en la cama. Esta escena desentierra aquel tiempo ideal. No nos hemos olvidado, ni ellos tampoco, y la recompensa estremece. Las ropas caen sobre ellos y sobre nosotros, y no podemos evitar sentirnos como niños y sonreír ante lo sublime de la escena. Sublime porque la incertidumbre amenaza siempre.

Aún así, Fred y Laurence sonríen y abrazan este instante. Se adueñan de la cámara. La paralizan. Las telas y el viento son caricias del pasado, donde el tiempo aminora su marcha. ¿Hacia dónde se dirigen? ¿Qué pasará con ellos? Porque el tiempo, por más hermoso que sea, no se detiene, solo se estira gracias a la voluntad del relato. Casi antes de que termine la escena, ambos voltean a mirar hacia atrás. Las prendas desaparecieron, quizás nunca estuvieron. El camino recorrido ha dejado huellas, sí, pero les ha llevado hasta ahí. Y por adelante, nada más que dudas.

Fotograma de Laurence Anyways

Dolan juega con la estética visual para evocar sensaciones que, de alguna manera, los personajes no pueden expresar, como si quisiera vislumbrar dentro del inconsciente y materializar las impresiones emocionales en percepciones sensoriales. Cuando Fred lee un libro de poemas de Laurence, su sala de estar se inunda con un aluvión que cae del cielo. No es algo que sucede en realidad, pero es así como ella se siente. Nada más fuerte y claro que un balde de agua fría que la sorprende sin previo aviso y que destruye, en segundos, el refugio que ella se había construido.

Fotograma de Laurence Anyways

Laurence Anyways es una película de amor, de devoción y de amistad. La relación entre ambos personajes adquiere relevancia narrativa por sobre todas las cosas. Dolan no se interesa por mostrar el proceso de transformación exterior, pero sí lo que sucede en el interior de sus personajes. La relación de ellos supera la distancia, otras parejas y el tiempo. Quizás el amor entre ambos sea incomprensible a los ojos de los demás, pero lo trágico y lo bello es que así como ellos no pueden estar separados, tampoco pueden estar juntos.

Al final de la película, cuando ya no quedan más ropas, cuando han pasado muchas tormentas, Laurence huye del bar. Y afuera, el otoño le recibe con una hostil lluvia de hojas secas. Es momento de cambiar.

Fotograma de Laurence Anyways

FILMOGRAFÍA

Laurence Anyways, Xavier Dolan, 2012.

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