Críticas

Mentes cruzadas

Criminal

Ariel Vromen. Reino Unido, 2016.

Criminal-PósterCon buen plantel de actores se presenta Criminal, enésimo ejemplo de cine de espías, en esta ocasión condimentado con unas gotas de ciencia ficción. Algunos veteranos de renombre forman parte del atractivo elenco masculino, de esos que, a priori, se comen la pantalla a base de carisma y oficio. Gary Oldman, Kevin Costner y Tommy Lee Jones se dan la mano con Ryan Reynolds como representante de las nuevas generaciones. Se cuela el español Jordi Mollà como el malo de la película, y se espera como resultado una de esas demostraciones de pirotecnia y músculo que definen al género. Lo que ocurre es que las expectativas y la realidad no tienen que ir juntas, necesariamente.

La historia que nos cuenta Criminal es la de dos hombres unidos por los milagros de la ciencia. Un agente secreto caído en combate tiene en su memoria datos de vital importancia para el mantenimiento de la paz mundial. Sus jefes acuden a un método de vanguardia, en el que sus recuerdos son implantados en la mente de un peligroso sociópata, el único candidato posible, por una anomalía cerebral. Los recuerdos de un espía entrenado en la cabeza de un asesino sin escrúpulos… ¿Qué puede salir mal?

Se puede imaginar, querido lector o lectora, el resto de la historia. Una sucesión de tópicos, de propuestas inverosímiles y de molestos lugares comunes que llevan a preguntarse al espectador cómo alguien puede tomarse en serio tamaña tomadura de pelo.

Los primeros minutos de película sí que cumplen con lo que se espera. Nos empuja directos a la acción, presenta la información con premeditada paciencia y ejecuta las soluciones de la mejor manera posible. Ariel Vromen, el director de Criminal, demuestra oficio, capacidad de ritmo, tono. Esos instantes iniciales regalan cierta sensación de tranquilidad, de esperanza en lo que se promete como un buen espectáculo de acción, giros imposibles de guion y demostración de impacto visual.

Ryan Reynolds en CriminalEl problema es que ese espejismo dura unos 15 minutos. A partir de ahí, Criminal se transforma en un simplón folletín, una especie de obligado viaje a la redención, de irritante tendencia hacia el exceso de azúcar. El imposible protagonista es defendido con dignidad por Kevin Costner, aunque los cambios de tono son tan desequilibrados que el actor se pierde en las debilidades de un rol tan mal planteado.

No es el único que está desdibujado o prisionero del escaso interés de los guionistas. Tommy Lee Jones es una presencia anecdótica, incrustada en la trama como desencadenante, especie de doctor Frankenstein que construye este híbrido mental, que resulta el personaje de Costner. Gary Oldman se pasa la película enfadado con el mundo desde el minuto uno, un carácter tan irritante que lo único que inspira es ganas de que sea una de las víctimas del ridículo villano. Interpretado por Mollà, el imposible anarquista cibernético español (me da hasta la risa) que tiene en jaque a todas las agencias de espionaje del mundo, es, de lejos, el peor tratado de la película. Falto de convicción, planteado a través de todos los tics irritantes del manual de la construcción de némesis cliché, es tan increíble y falto de contenido que nadie es capaz de un camuflaje medio decente para que resulte atractivo. El toque femenino lo pone Gal Gadot, rebotando por la película sin mucho aporte, más allá de extraño interés romántico post mortem. Muy raro todo.

Criminal tiene el plantel de actores más desaprovechado de la historia reciente del medio, incapaces de la defensa algo decente de unas personalidades tan endebles. Pero, en esta clase de productos de acción, los agujeros en la construcción literaria se contrarrestan en la trama por sí misma, en las habilidades del director para desviar la atención a base de fuegos artificiales. Arien Vromen no lo consigue, y eso que pone de su parte. No hay ejercicio de estilo que esconda el inexplicable tono que protagoniza el último tramo de la película. La ambigüedad del personaje de Costner desaparece, y nos atosigan con una extraña tensión pseudoromántica, que desquicia al espectador y sepulta bajo toneladas de incoherencia la evolución de este asesino convertido en imposible héroe, a su pesar.

Kevin Costner en CriminalLos cambios de velocidad tampoco ayudan a completar la experiencia. Provoca desajustes en el ritmo, y por lo tanto, de interés. No sabe uno a qué atenerse en las intenciones del equipo creativo de Criminal. Resulta una increíble historia de amor de ultratumba, morbosa y perturbadora, por muy edulcorada que se nos presente. Da mucha grima. El final deja del todo torcido, confuso y lleno de preguntas malsanas, subrayando el desastre.

Películas como Criminal, a estas alturas de la vida, no tienen sentido alguno, y más si se estrena el mismo año en el que hemos tenido una excelente demostración de las veleidades del género, como Jason Bourne. Incluso en sus términos, hay ejercicios de mezcla de géneros mucho más interesantes y efectivos como Código Fuente (Duncan Jones, 2011). En Criminal, lo único que llama la atención es la capacidad de tirar por tierra todas esas piezas que, a priori, en conjunto prometían una película notable. Se desaprovecha todo y se acepta la simplona ley del mínimo esfuerzo, a ver si se la colamos al espectador. Y así, con tan malos trucos de trilero, es imposible.

Tráiler

Ficha técnica:

Criminal ,  Reino Unido, 2016.

Dirección: Ariel Vromen
Guión: Douglas Cook, David Weisberg
Producción: BenderSpink / Campbell Grobman Films / Lionsgate
Fotografía: Dana Gonzales
Música: Keith Power, Brian Tyler
Reparto: Kevin Costner, Gary Oldman, Tommy Lee Jones, Jordi Molla, Ryan Reynolds, Alice Eve, Gal Gadot, Michael Pitt, Antje Traue, Scott Adkins, Amaury Nolasco, Natalie Burn

Santiago Negro

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

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