Críticas

Big Eyes o la renovación del darkie

Big Eyes

Tim Burton. EUA, 2014.

Cartel de la película Big EyesHa pasado más de una década desde que Tim Burton realizara El gran pez (Big Fish, 2003), última película que le hacía justicia. De ahí en adelante, puso el piloto automático creativo y dio vida a filmes tan manidos como raros, donde vació su agotada estética timburtiana y su pericia como director. No podemos decir que Sombras tenebrosas (Dark Shadows, 2012), Sweeney Todd (2007), La novia cadáver (Tim Burton’s Corpse Bride, 2005) o Charlie y la fábrica de chocolate (Charlie and the Chocolate Factory, 2005) son malas, pero no sé porque me recordaban a un Pier Mondrian luego de veinte años intentando hacer el mismo arte puro radicalista al que  Theo Van Doesburg le buscaba variaciones. Mondrian abandonaría The Stijl cuando le movieron la angulación de sus rectángulos, Burton renunció a su necesidad creativa cuando se acomodó en un sello bajo el cual la industria –gran devota de los ¨raritos¨ comerciales- siguió produciendo esos espectros creativos de innegable factura.

Big Eyes, su último filme, rompe esta cadena de automatización y nos muestra un Burton ¨renovado¨, que experimenta con el lenguaje y abandona esa estética oscura que casi siempre lo ha acompañado y hacía de él y de su ex esposa Helena Bonham-Carter, la pareja dark más cotizada de Hollywood. Lo único que hay de lúgubre y misterioso en este filme –formalmente – son esos grandes ojos que la pintora Margaret Keane se ha dedicado a pintar durante toda su vida. Y esto, solo en algunos cuadros de Keane, ya que al igual que Burton, la pintora hace años sufre lo que sería –dado el caso- una presbicia pictórica.

Con esta película pareciera que Burton acaba de despertar de una siestecita de once años, y hubiera retomado la estética de uno de sus proyectos creativos más interesantes. La factura de Big Eyes la hace deudora indiscutible de Big Fish, quizás porque las dos tratan de grandes cosas. En la adaptación de Burton de El gran pez, una novela de proporciones míticas como la denominaría Daniel Wallace, la narración es la protagonista del filme y se apoya en un tratamiento que, aunque presume de un fuerte sello de autor, se desliza transparente como acertadísima respuesta al extraordinario basamento literario. En Big Fish hay una historia de reconciliación paterno-filial, de liberación. En Big Eyes también hay una liberación, pero esta vez fruto de una ruptura. La ubicación espacio-temporal en las décadas de los 50-60, la fotografía colorista, los encuadres en perspectiva unívoca y los planos medios y generales, la paleta de tonos cremas, los suburbios claros y luminosos y la aparente inocencia de esa mitad del siglo veinte americano son recursos que comparten ambos filmes. Burton aparca sus cadáveres exquisitos para sacudirse las telarañas en que estaba enterrado.

Fotograma de Big EyesBig Eyes es una película de despertares, la primera en mucho tiempo en que la que no usa a sus actores fetiches: Helena Bonham-Carter y Johnny Deep. Basada en una historia real ocurrida en la década del cincuenta, narra la historia de Margaret y Walter Keane, una pareja famosa en el mundo del arte por el curioso caso de plagio consentido y luego reclamado de la pintora. Conocido por sus curiosos retratos de ojos sobredimensionados, Walter –un Christoph Waltz soberbio en su papel de caballero encantador y grotesco manipulador- pasa muchos años gozando de su fama artística mal habida, la cual despierta una patológica ambición en la mente pedestre de un ser marcado por la frustración y la esterilidad creativa. Víctima de violencia y maltratos, Margaret –otra magnífica actuación de una Amy Adams que ha sabido sacudirse el peso de ser una princesa americana- se cansa y decide huir para tomar las riendas de su vida.

Uno de los elementos más interesantes de Big Eyes son los pequeños detalles que se traducen en intentos de renovación y homenajes a obras que han sido referentes. Entre ellos, la cita de El Resplandor (The Shinning, Stanley Kubrick, 1980), cuando Walter pierde los papeles y persigue dando gritos a Margaret y a su hija. Mira por el cerrojo de la puerta y sadicamente grita: “Puedo verte”, en un estado mental que recuerda a Jack Torrance en sus peores momentos –o serían los mejores. En esta misma escena, Margaret ve su sombra en la puerta que está siendo aporreada, trayéndonos a la memoria a una amenazada Marion Crane, sobre todo si tenemos en cuenta que unas horas antes un sicótico Walter ha intentado clavarle –a lo Norman Bates- un tenedor al crítico de arte. Para esto la música de su siempre socorrido Danny Elfman es un importantísimo sustento.

Big Eyes, la películaLa perspectiva desde un solo punto de vista de la fotografía remite a filmes anteriores como Edward Scissorhands (1990) o el ya mencionado Big Fish. Al mando de la misma estuvo Bruno Delbonnel, un director de fotografía con trabajos de la talla del Fausto (Faust, 2011), de Alexander Sokurov o la Amelie (2001) de  Jean-Pierre Jeunet. Apoyado en una excelente dirección de arte, nos muestra un diseño espacial minucioso y pulido, los lugares que habitan los personajes son puro arte. De igual forma el diseño de vestuario, el interiorismo y la arquitectura se unen para retratar los apacibles suburbios de tonos pasteles y a sus personajes, con una visión idílica y colorida envuelta en una bruma ensoñadora. Un ambiente perfecto para crear la paradójica relación entre estética y realidad.

Realidad, dada en el guion de  Scott Alexander y Larry Karaszewski, que narra cronológicamente el crescendo actitudinal de Walter hasta caer en la catarsis que inicia la liberación de Margaret. Transitamos –como testigos mudos- por esos delicados y absurdos procesos de pensamiento que, marcados por el temor, la inseguridad o el egoísmo, van haciendo que las personas se convierten en víctimas o victimarios. Poco a poco se develan los mecanismos que sumergen a esta pareja en una situación tan estrambótica, que además revela, cuánto de espectáculo y pantomima reviste el mundo del arte en el siglo veinte.

Big Eyes, por supuesto que tiene la fórmula de un director experimentado, pero también es renovación. Lleno de pequeños guiños como la Margaret original sentada en un banco del parque donde la pareja de pintores va a trabajar –y Walter no pinta nada- o el único ¨ojos grandes¨ tuerto, que mira a Walter turbándolo en la confirmacion de sus carencias, está hecha con mano de artesano. Esperemos que sea, también, el despertar de su creador.

Tráiler:

Ficha técnica:

Big Eyes ,  EUA, 2014.

Dirección: Tim Burton
Guión: Scott Alexander y Larry Karaszewski
Producción: Silverwood Films / Electric City Entertainment / Tim Burton Productions / The Weinstein Company
Fotografía: Bruno Delbonnel
Música: Danny Elfman
Reparto: Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Jason Schwartzman, Krysten Ritter, Terence Stamp, Heather Doerksen, Emily Fonda, Jon Polito, Steven Wiig, Emily Bruhn, David Milchard, Elisabetta Fantone, Connie Jo Sechrist, James Saito.

Gretel Herrera

Graduada del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

2 comentarios para “Big Eyes”

  1. cessiah

    Excelente crítica, toda la razón con respecto a Tim Burton quien se muestra lleno de luz, dinámico y con un sin número de elementos muy ricos para admirar.

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