Críticas

Niños raros

El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares

Otros títulos: Miss Peregrine y los niños peculiares.

Miss Peregrine's Home for Peculiar Children . Tim Burton. Estados Unidos, 2016.

peregrine-posterHace ya muchos años que pasó por mis manos el libro original de Ransom Riggs, en el que se basa la última película de Tim Burton. En ese momento, aunque el libro no despertó ninguna otra emoción más allá del ocasional bostezo, en cada página me daba la impresión de que el escritor pedía a gritos que el despeinado director se fijase en su historia de niños raros. Acompañado de un interesante apartado visual lleno de fotografías extrañas e imposibles, la fantasía sobre la rareza perpetrada por Riggs era, desde luego, todo un reclamo para un director que ha encontrado en la diferencia su gran baza cinematográfica. El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares es puro Burton, desde luego, aunque, en los últimos años, este sello personal tiene más tintes de maldición que de sinónimo de buen cine.

Salvo honrosas excepciones, claro, que el que tuvo retuvo, y a veces recuerda el veterano realizador la tendencia a la gamberrada, e incluso a la poesía, perfectamente enlazada con tanto atrezo y telaraña. Pero lo normal en el cine de Burton, de unos años hasta ahora, es la caída en el exceso, el conformismo en la explosión digital y el completo olvido de esos pequeños detalles que convirtieron al director en un referente. El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares está a punto de devolvernos a ese artesano, sensible y detallista, pero los desequilibrios son tan desconcertantes que el resultado queda en decepción, dentro de la línea del director en los últimos tiempos.

La cosa es que Tim Burton se había ganado mi confianza tras Big Eyes (2014), una película pequeña, aunque totalmente burtoniana. El tratamiento, de nuevo, de las pesadillas de clase media que vimos en Eduardo Manostijeras, mezclado con el irónico experimento con un caso real, como en su obra maestra Ed Wood (1994), traía de vuelta al mejor Burton. A pesar de que en el conjunto, aquella película resultaba un tanto carente de alma, recuperaba el tino en las formas, sin perder ni por un segundo su esencia. Dejaba atrás necedades como su excesiva versión de Alicia, y superaba el ridículo de una tontería más cercana a una fiesta de hermandad universitaria en Halloween que a una película, Sombras tenebrosas (2012).

Imagen de los niños de Miss PeregrineEn este hogar para niños peculiares, Burton encuentra el perfecto acomodo para el regreso a lugares comunes en su cine. Desde sus inicios, ha buscado en la figura del outsider el gran tema de su obra, mezclado con toneladas de influencias, que pasan por el cine de monstruos de la universal o la animación. Burton se ha esforzado por dar voz a nuestros monstruos, a los seres extraños que se mueven en las sombras de la normalidad, y ha conseguido que nos resulten entrañables sucedáneos de Pinocho a la siniestra como Eduardo Manostijeras (1990) o desastres andantes como Ed Wood, que al mismo tiempo encontraba puntos en común con un desquiciado Batman (1989). El sercreto es un respeto reverencial por sus personajes, por las historias que cuenta, jamás engullidas por todo ese aparato visual tan característico, contraste continuo entre las luces y sombras de un mundo fantástico que reflejaba las miserias del nuestro. Por lo menos, así era antes del endeble camino escogido por el realizador.

En su última película, parte a la búsqueda de la redención, al encuentro de ese aplauso perdido y del público que ya no se sorprende. Se embarca con pasión redescubierta hacia las costas de Gales, un entorno natural donde saca lo mejor de sí mismo tras la cámara. La construcción de ambientes nos recuerda la capacidad sobresaliente de Burton para crear mundos a partir del nuestro, y se lo pasa en grande entre las ruinas de las mansiones, los jardines abandonados y el eco del pasado. Por supuesto, los personajes se transforman en el as en la manga del director; de nuevo, nos habla de monstruos, de adolescentes que viven en el límite de lo imposible, de chicos y chicas que nunca encontrarán su sitio en el mismo plano de realidad en la que vivimos el común de los mortales. Los niños de Miss Peregrine, con su siniestra rareza, nos caen bien, nos sentimos invitados a los pasillos de su hogar, cómodos en su monstruosidad, pues no dejan de ser niños.

Además, la película gana enteros con la siempre estimulante presencia de Eva Green, capaz de llenar la pantalla a base de carisma puro y duro. Su aire misterioso y la belleza etérea, que siempre convierte en una ventaja interpretativa, son ideales para la interpretación de su amorosa y peleona Miss Peregrine.

El hogar de Miss PeregrineEntonces, si tenemos un director que parece que ha encontrado el camino de regreso, una excelente muestra de imaginación y talento visual, personajes entrañables y una actriz principal que quita el hipo… ¿cuál es el problema de El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares? Pues son varios y variados, así que vamos por partes.

El principal escoyo de la propuesta de Burton es el escaso interés del material original. El libro, adaptado con acierto, por otra parte, por la guionista Jane Goldman, es de un evidente que espanta. La trama que alimenta el invento es totalmente predecible, y es muy difícil camuflar esa falta de sustento por mucho talento que tengas tras la cámara. Al final, el asunto se reduce a una empalagosa historia de ardores adolescentes, mezclada con destellos de terror para todos los públicos, sin los matices obligados para que el espectador adulto se vea interesado por los coqueteos de estos chavales. A estas alturas, de Burton espero algo más que el irritante “¿la besa o no la besa?”.

Para más leña al fuego, los compases finales de la película nos traen de vuelta al director artificioso y amigo del ruido. No es que en sus primeras obras Tim Burton sea lo que se dice discreto, pero los excesos de la tecnología digital sacan la peor cara de un tipo acomodado en este recurso. Al final, El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares se convierte en un árbol de navidad siniestro y demasiado iluminado. El cambio de ritmo es tan desconcertante y la solución tan precipitada que en 20 minutos Burton sepulta la cantidad de buenas intenciones mostradas en la primera parte de la película. Una pena, porque prometía…

Tim Burton está a punto de colgarse la medalla, muy cerca del interés de su obra más recordada. Pero a punto no es suficiente. De momento, vemos algo de luz en el horizonte, pero demasiado lejana. No queda más que la espera a nuevas propuestas, a ver hacia donde se dirige el camino del director que nos dejó para el recuerdo el humor negro de Bitelchús (1988) o el ejercicio de poder visual de Sleepy Hollow (1999). En este caso, no pasa del mero entretenimiento. Y eso, en Burton, me parece escaso.

Tráiler:

Ficha técnica:

El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares  / Miss Peregrine y los niños peculiares (Miss Peregrine's Home for Peculiar Children ),  Estados Unidos, 2016.

Dirección: Tim Burton
Guión: Jane Goldman (Novela: Ransom Riggs)
Producción: Chernin Entertainment / Tim Burton Productions
Fotografía: Bruno Delbonnel
Música: Matthew Margeson, Mike Higham
Reparto: Asa Butterfield, Eva Green, Samuel L. Jackson, Terence Stamp, Judi Dench, Ella Purnell, Allison Janney, Rupert Everett, Kim Dickens, Chris O'Dowd, Finlay MacMillan, Milo Parker, Cameron Greco, O-Lan Jones, Justin Davies, Bomber Hurley-Smith, George Vricos, Andrew Fibkins, Bryson Powers, Jack Fibkins, Hayden Keeler-Stone, Lauren McCrostie

Santiago Negro

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

 

Deja un comentario


* Los campos marcados son obligatorios