Cinevirus 

Belleza estética y abusos en la industria del cine taiwanés y dos almas que se enamoran en la inmundicia.

FILMIN

Nina Wu, Midi Z, Taiwán, 2019

Nina es una joven aspirante a actriz que tiene entre ceja y ceja poder desfilar por la alfombra roja y regodearse entre las grandes estrellas de Hollywood o, al menos, ser una gran celebridad dentro del cine asiático. Por el momento solo ha hecho anuncios de publicidad y cortometrajes que poco importan al mundo, pero, un día, su agente la llama para que se presente a una audición sobre una importante película sobre espías. Parece que ha sonado la campana para Nina, aunque le preocupa seriamente una de las escenas en donde ha de mantener relaciones sexuales explícitas con dos oficiales.

El taiwanés Midi Z elabora una obra dramática que poco a poco coge una densidad de thriller psicológico que termina por ahogarla. Sus primeros cuarenta minutos son hipnóticos y precisos, gracias a la puesta en escena y a ese tríptico, que juega entre la vida real de Nina, su papel protagonista en la película de espías y su mundo interior. Todo está abordado desde un juego de espejos que, si bien el director parece empeñado en que en cada escena tenga que ocurrir algo impactante, mantiene en vilo y seduce muy satisfactoriamente. Cuando el desmoronamiento mental de Nina se hace cada vez más y más frecuente, todo se vuelve confuso hasta tal punto que uno no sabe qué parte es real y qué es inventado.

Todo está abordado desde una mirada crítica hacia el cine y sus excesos para conseguir el éxito, y tratado más personalmente, desde el rechazo al sexo que siente la protagonista, debido al oscuro sendero que ha tenido que atravesar en la audición para conseguir el papel. Lo explícito se subraya al final por querer cerrar el tríptico, pero la lucidez de sus primeros minutos se han desintegrado por el camino. Aún así me parece una película muy respetable, con una subtrama que refuerza el drama de manera convincente, y que, dentro de toda esa lastimosa confusión, existen escenas de una belleza y estética innegables.


Are We Not Cats, Xander Robin, Estados Unidos, 2016

He aquí una de las historias más recónditas del cine americano actual. Un relato indie por excelencia, en el que un joven, después de perderlo todo, conocerá a una misteriosa chica con la que mantiene un extraño trastorno; la ingesta de comer pelo humano.

Un hábito tan poco usual solo puede dar como resultado una película singular, y lo es, pero en su fondo, si aislamos las escenas de mugre, sangre y mal gusto, nos encontramos con una historia romántica, en donde el amor encuentra su lugar, mientras esas dos almas perdidas intentan conectar emocionalmente y disuadirse de un mundo que les escupió hace mucho tiempo.

En Are We Not Cats existe una bella manifestación estética por lo repulsivo. La marginalidad y las ansiedades de los protagonistas entonan perfectamente con los recónditos antros de suciedad en los que habitan. La música funky a ritmo de vinilo pone el acento a esa conexión extraña fuera de las líneas de todo lo común. Sus personajes suenan desamparados, alejados incluso de todo ciudadano civilizado, pero el director mantiene un espíritu dulce, cuidadoso, en donde el amor prevalece frente a la soledad. Un pequeño plato con imágenes poco digestivas, pero muy sugerente en tonos generales.

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