Críticas

Fugas espaciales

Bajo los cielos del Líbano

Otros títulos: Skies of Lebanon.

Sous le ciel d’Alice. Chloé Mazlo. Francia, 2020.

BajoloscielosdelLíbanoCartelProcedente de la animación, la directora franco-libanesa Chloé Mazlo debuta en el largometraje con esta película. No nos importa empezar por la sensación general que nos ha dejado el filme y hemos de decir que ha sido maravillosa. Creemos que nos encontramos ante una obra sublime, encantadora, inspirada, tierna y evocadora. Y si añadimos que la trama va llevando a nuestros personajes a una incursión en un conflicto bélico, el resultado es todavía más sorprendente. En realidad, Bajo los cielos del Líbano impacta fundamentalmente por su cuidada y original puesta en escena. Hay quien ha señalado ciertas similitudes con la estética de Wes Anderson. Efectivamente, ambos cineastas, en un universo propio, se detienen con algunos elementos que asemejan comunes. Entre ellos se encontrarían la intensa atención volcada en las composiciones, la paleta de colores pastel, el empleo de escenas animadas, las ralentizaciones o el extremado esmero por el detalle. 

Chloé Mazlo sorprende en su debut con una variedad de recursos cinematográficos que le sirven para acercar al espectador al conocimiento de las transformaciones producidas en Beirut desde la década de los 50 del siglo pasado hasta finales de los 70, ya sumida en la devastadora guerra civil libanesa. Y dichos elementos los sabe manejar con tal habilidad que atrapan y cautivan. Hablamos de la animación, de las estampas fijas y descoloridas de la urbe que sirven como fondo del cuadro en el que se mueven o dialogan los personajes, de la paralización de la acción con escenas simbólicas o alegóricas, incluso con protagonismo musical, o de su aceleración, contando con un atrezo en el que no sobra cortina o jarrón… Da la impresión de que la cámara de la autora es una chistera mágica de la que siempre puedes sacar un nuevo conejo. Así, deleita, por ejemplo, con la incursión de una escena musical bañada en colores de la bandera del país o con la decisión del uso de unos simples sacos y algunos pistoleros con caretas para asomarse a esa cruel y absurda guerra civil que asoló al Líbano desde 1975.

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Por otra parte, nos encontramos con unas interpretaciones sublimes. Destacan, por calidad, importancia y presencia la de los dos actores protagonistas, Alba Rohrwacher como Alice y Wajdi Mouawad como Joseph. Ambos destilan una empatía por su suavidad y delicadeza que impactan de lleno. Pocas veces hemos sentido tan intensamente la existencia de amor en una pareja como en esta obra. Un enamoramiento tan profundo que desborda, crece y se expande, nunca mejor dicho, hasta las estrellas; un afecto que no disminuye ante miserias y terrores, que soporta carros y carretas, o casi. Ambos actores crean momentos mágicos cargados de lirismo mientras lo individual y lo colectivo se mezclan para convulsionar existencias hasta límites intolerables. 

La película cuenta la historia de Alice. Está basada en la de la abuela de la realizadora. Nos adentramos en un cuento poético, no precisamente de hadas, de una joven suiza que en los años 50 vive con su familia en su país de origen y no ve el momento de escapar de lo que para ella resulta una existencia monótona. Una situación que, de forma seductora, se perfila en apenas unos minutos, recurriendo a la animación: Alice pinta el mismo paisaje, siempre el mismo, noche y día. Con ello ya es suficiente para trasladar al público la insatisfacción del personaje. ¿Para qué dar más explicaciones? Tras la obtención de la titulación adecuada, la fémina obtiene el puesto de cuidadora de un bebé en una familia residente en Beirut. Y allí acude, rauda e ilusionada, dispuesta a forjarse un futuro nuevo que consiga colmar su espíritu inquieto. Así, escena a escena, de la mano de esta mujer y de la familia que ella misma crea y también le acoge, recorreremos un camino desde la dicha hasta la desolación. La guerra civil barrerá un país en una contienda de todos contra todos: musulmanes, judíos o cristianos, cada cual con sus sectas o tendencias. Chiíes, suníes, maronitas, ortodoxos, armenios, protestantes, drusos… Y al dios de cada uno de ellos se encomienda nuestra protagonista en un momento de desesperación máxima.  

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La guerra del Líbano fue un conflicto con innumerables treguas incumplidas, con ciudadanos que salían de sus hogares para trabajar y que desaparecían sin más, con soldados en nombre de no se sabe quién que irrumpían en las viviendas particulares arrasándolas y creyéndose con derecho de pernada, con bombas que explotaban aleatoriamente en cualquier sitio, con disparos extraviados que engullían al que se encontraba en su camino de forma demencial… Miles de muertos y una “línea verde” que dividió a la capital libanesa al objeto de separar a cristianos de musulmanes. Igualito a la maqueta en que se convierte el hogar de Joseph y Alice cuando parece que el odio y las desavenencias pretenden imponerse a cualquier sentimiento. 

Queremos detenernos en algunas escenas, como aquella en la que se muestra una pared que sirve para colgar la foto de nuestro ser desaparecido. Y el foco se abre hasta que alcanzamos a percibir la desolación y el desastre que aniquila al país. Por esta película pasa la vida, también los sueños y nos sumergimos en amores que conmueven. Pero igualmente la cruzan odios absurdos, luchas de poder o violencias desatadas. Y asimismo, claro que sí,  es atravesada por el coraje, por un valor imprescindible para intentar empezar de nuevo, para procurar volver a tomar el propio rumbo. Ya sea pintando paisajes o llevando a la luna al primer compatriota en un cohete. Cualquier camino es bueno para alejar diferencias y apostar por la concordia. Ah, y hablando de escenas, si quieren saber la forma en que llegamos a este mundo, no pierdan detalle. 

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Para finalizar, nos gustaría detenernos en el particular ritmo que caracteriza al largometraje. Estamos ante movimientos que se aceleran o ralentizan según lo que su autora decida que convenga a una propuesta arrolladora, surrealista y delicada al tiempo. Así, igual se muestran, en pocos fotogramas, los caóticos éxodos de familias a la búsqueda de un lugar seguro, como se detiene la acción, sin contemplaciones, para la redacción de una carta a la que no se le termina de encontrar el tono. Hasta las riñas de pareja se revuelven para transformarlas en casi una elipsis con la aceleración máxima de su ritmo. Repetimos, ¿para qué más cuando lo obvio impera? 

Y terminamos fusionando principios y fines, tal y como el filme realiza con las imágenes reales y de animación.  Bajo los cielos del Líbano se inicia por su final y recurre a un largo flashback hasta enlazar de nuevo con su inicio: un triste día de marzo de 1977 en el puerto de Beirut cuando parece que todo se acaba. O quizás no, puede que no. ¿Por qué, después de tanto dolor, también de tanta felicidad, habría de detenerse la magia?

Tráiler:

Ficha técnica:

Bajo los cielos del Líbano  / Skies of Lebanon (Sous le ciel d’Alice),  Francia, 2020.

Dirección: Chloé Mazlo
Duración: 92 minutos
Guion: Yacine Badday, Chloé Mazlo
Producción: Moby Dick Films, arte France Cinéma, CNC, CNC, CNC, arte France Cinéma, Indéfilms, Cinémage 14
Fotografía: Hélène Louvart
Música: Bachar Khalifé
Reparto: Alba Rohrwacher, Wajdi Mouawad, Isabelle Zighondi, Mariah Tannoury, Jade Breidi, Odette Makhlouf, Hany Tamba, John Chelhot, Greta Zighondi, Chloé Zighondi, Charbel Kamel, Ziad Jallad, Cécile Moubarak, Maroun Moubarak, Ishac Diwan, Joelle Abou Chabké, Nadine Naous, Nadim Bahsoun, Robert Mazlo, Bernard Boulad, Jean-François Baalbaky, Elias Wehaibé, Fabrice Colson, Darina El Joundi

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