Críticas

Sal, sudor y polvo

Atlantique

Mati Diop. Senegal, 2019.

Cartel de la película AtlantiqueLa Torre Muejiza, un adefesio colosal, se erige sobre la costa atlántica de Senegal con la promesa engañosa de modernización y de crecimiento económico. Sobre los escombros, un centenar de obreros trabajan en lo que parece ser una reforma completa de la ciudad, donde la arena será reemplazada por edificios imponentes, recubiertos de vidrios espejados, palmeras y construcciones sinuosas, que dotarán de un aire futurista a la nueva metrópoli. Pero tras la monstruosidad del proyecto, y la evidente desmedida inversión económica, se oculta en las estructuras de hormigón la explotación laboral, el desempleo y la pobreza.

Es así que, en plena obra, un grupo de trabajadores protesta en la oficina del contratista, es que hace más de tres meses que no perciben su salario y las deudas se han acumulado tanto, que viven huyendo de los cobradores. Entre los afectados se encuentra Souleiman, un joven obrero enamorado de Ada. Su amor es correspondido, pero ella ha sido prometida a Omar, un hombre adinerado que garantiza a la familia de Ada (y a ella misma) un futuro libre de preocupaciones económicas, pero sin romance. Por este motivo, Ada y Souleiman se encuentran a escondidas cuando pueden, y la actitud de Ada hacia su prometido es un tanto apática, pese a los regaños de sus amigas y familiares. Pero una noche, hartos de los atropellos de sus empleadores, Souleiman y sus compañeros se suben a un barco y desaparecen en el mar con la intención de llegar a España en busca de una mejor vida. Su ausencia súbita y el paradero desconocido pone en marcha una serie de eventos extraños que adquieren forma a la luz de la luna y se encienden con el calor de la noche.

Fotograma de Atlantique

Atlantique, el debut como director de Mati Diop, se ambienta en medio del paisaje urbano de los suburbios de Dakar, de viviendas precarias a medio terminar sobre la tierra colorada y el polvo blanco en el aire, que se contrasta con la presencia permanente, casi hostigadora, de la gran torre. Así como el viento marítimo acaricia las cortinas de las ventanas y el ruido de las olas invade el espacio sonoro, el edificio conquista los planos generales y recuerda que es imposible huir de su alcance megalómano; el emblema de la supuesta modernidad incide sobre la vida de sus personajes, de una u otra manera. Pero a este símbolo se le contrapone el océano Atlántico, siempre presente también en la historia, en forma de planos contemplativos que recuerdan su poderío, porque el mar es libertad y deseo, pero también encierro y peligro.

Fotograma de Atlantique

Catalogarlo en un género sería inútil y un atentado fútil a la singularidad de Atlantique. Quizás el romance entre Ada y Souleiman sea lo más perceptible a primera instancia, ya que la imposibilidad de su relación y el matrimonio arreglado hostiga a los amantes, pero cada giro ofrece un descubrimiento nuevo, una lectura que enriquece al film, como si el reflejo de los espejos del bar sobre la playa nos devolviera otra escena antes oculta.

Por otra parte, en la fotografía se perciben colores desaturados que conforman una paleta de colores diluida por el agua salada. El mar, excepcionalmente blanco, se esfuma con el cielo en una imagen fantasmagórica, donde el horizonte apenas se visibiliza. Y son estos límites diluidos, donde el agua y el aire son uno, una alegoría de los tres universos que conforman el relato y que se entremezclan entre sí casi sin distinción. Por un lado, la riqueza, la clase de la opulencia a la cual está destinada esa vida en los altos edificios y a la cual pertenece Omar; por el otro, la clase abusada, la mano de obra barata, una mujer condenada a casarse por imposición social y religiosa, que suda, que naufraga; y por el otro, el más allá, las almas en pena que no pueden abandonar el mundo terrenal sin antes resolver asuntos pendientes con uno u otro mundo que poseen los cuerpos físicos de sus amadas para moverse sobre la tierra.

Fotograma de Atlantique

El contexto social en el cual se ambienta Atlantique es una critica incuestionable a la problemática social tan latente y actual como son los movimientos migratorios, o mejor dicho el éxodo violento de personas de un país a otro. La partida resignada de los obreros, pese al tremendo peligro que dicha travesía implica, recalca el dolor de lo evidente: vivimos en un mundo donde a diario personas arriesgan su vida por un techo, un trabajo, una forma de vida quizás un poco mejor a la que antes tenían. La dignidad y el valor humano carecen de importancia alguna en las políticas de los estados que levantan muros y construyen jaulas. Pero Diop no solo juzga, sino añade su mirada solemne, porque a través del tinte sobrenatural que adopta la historia, busca redimir en cierta manera las vidas perdidas en el mar; los chicos naufragados buscan vengarse de los empresarios que retuvieron sus salarios, y Souleiman anhela esa despedida que nunca tuvo con Ada.

Fotograma de Atlantique

Atlantique navega las aguas de un drama social con elementos sobrenaturales, por momentos es una tragedia de amor prohibido y hasta incluso un policial, pero el recorrido por el que nos lleva sigue siempre un destino claro y se vale de una poética narrativa que cautiva y seduce. Las imágenes que Diop despliega ante nuestros ojos son de una belleza singular que funde la luna llena con el sol crepuscular, el cielo con el agua y la sal con el sudor para reclamar justicia, aunque sea en la pantalla y encontrar en una mirada cómplice las ansias de un porvenir donde se pueda ser libre.

Tráiler:

Ficha técnica:

Atlantique ,  Senegal, 2019.

Dirección: Mati Diop
Duración: 100 minutos
Guion: Mati Diop, Olivier Demangel
Producción: Coproducción Senegal-Francia-Bélgica; Cinekap / Frakas Productions / Les Films du Bal
Fotografía: Claire Mathon
Música: Fatima Al Qadiri
Reparto: Ibrahima Mbaye, Abdou Balde, Aminata Kane, Mbow, Mame Bineta Sane, Diankou Sembene, Nicole Sougou, Babacar Sylla, Traore

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