Críticas

El buen regreso de Carax

Annette

Leos Carax. Francia, 2021.

Desde 2012, con Holy Motors,  Leos Carax no había vuelto a filmar ningún largometraje. Se esperaba así el estreno de  Annette, película inaugural en el Festival de Cine de Cannes de este año, con gran expectación y ciertas dudas. Pues bien, pese a lo que algunos puedan alegar, me atrevo a asegurar que este singular director francés da muestras de seguir siendo el mismo creador camaleónico e impredecible de siempre.

Por primera vez en toda su filmografía, Carax no firma el guion. Lo hacen, en su lugar, los hermanos Ron y Russell Mael, líderes de la banda de rock de los Sparks, lo que no impide al francés hacer la historia suya y volver a dejar su particular impronta visual en una película que parte de un tema muy ad hoc con los tiempos que vivimos: el de la violencia intrafamiliar.

Annette es, sin dudarlo, una película grande, emocionante, superlativa, que hace vibrar y contagia a todo aquel que se deje envolver por su atmósfera y recursos narrativos. Exceptuando Holy Motors, donde Carax se adentraba en el tema de las nuevas tecnologías, el resto de su filmografía ha tenido siempre un tema principal, que no ha sido otro que el del amor, pero un amor muy francés, el amor fou, por el que navegó en Chico conoce chica, (Boy Meets Girl, 1984), la extraordinaria Mala sangre (Mauvais sang, 1986), Los amantes del Pont-Neuf (Les Amants du Pont-Neuf, 1991) y Pola X (1999).

Con Annette, el cine de Carax vuelve al tema del amor, pero sus protagonistas ya no son  esos seres marginales que viven en el límite de lo socialmente bien visto, en un mundo subterráneo. Marion Cotillard y Adam Driver, son Ann Defrasnoux y Henry McHenry, dos grandes estrellas mediáticas de los escenarios teatrales, dos triunfadores que acaparan titulares. Llama la atención que sean dos personas muy distintas, dado que ella es una delicada y virtuosa cantante de ópera y él un burdo cómico de la llamada stand up comedy. Pero eso no les impide comenzar una desbordante historia de amor que entusiasma a sus fans y que será perseguida por los medios de comunicación.

Annette nos muestra cómo lo que parece un gran amor puede volverse una historia tóxica. Evidencia algo que ya sospechábamos: la violencia escondida y extendida que se produce muchas veces en el ámbito  privado. No importa lo maravilloso y profundo que se pueda mostrar un amor en sus inicios, porque eso no lo exime de ciertos riesgos. Esta vez Carax apuesta por una nueva esfera, la del terreno familiar, para sumergirse en el abismo y denunciar algunas cosas. Al final resulta que también estos personajes que le ocupan se mueven en el mundo subterráneo.

Aunque en Annette vamos a navegar por una historia fantástica de tintes posmodernos, en espacios maravillosos y situaciones inimaginables, (¿acaso alguien piensa que podría ser de otra manera?), la primera escena arranca desde lo real, desde la presencia del propio Carax y su hija Nastya, a quien dedica la película, en un estudio de grabación, avisando de forma insistente de que la historia va a comenzar y que necesitamos estar atentos a lo que de verdad se quiere contar. También en esta primera escena, de corte impecable en cuanto a técnica narrativa, aparecen los hermanos Ron y Russell Mael, autores, además del guion, de la excepcional música de la película. Ellos también pretenden contarnos algo real.

Marion Cotillard aporta su buen hacer de magnífica actriz y cantante para interpretar a Ann, pero es sobre todo Adam Driver quien nos sorprende por su enorme capacidad y variedad de registros en su estreno como actor en una película de género  musical, aunque ya nos dio un aviso en Historia de un matrimonio (Marriage Story, Noah Baumbach, 2019).

La forma que tiene Annette de abordar lo que nos quiere contar la hace más efectiva y contundente. No parte del drama ni busca los motivos profundos. Ni falta que hace. Logra llegar desde el humor, desde la fantasía, desde el tono de fábula simple, desde la sencillez de la vida misma. Está hablando de algo tan universal que sobran las explicaciones. Henry, ese hombre guapo y maravilloso que deslumbra, tiene facetas inimaginables. ¿No es acaso la violencia machista y familiar algo que muchas veces es tolerado mientras se mira a otro lado?

Pero la historia va más lejos todavía y se acuerda de los efectos colaterales. ¿No es a veces el amor un arma arrojadiza de doble cara en la que la venganza y el despecho acaban salpicando a terceros, al resto de componentes de la unidad familiar? ¿No son los hijos otras víctimas más de los amores resquebrajados? ¿No es la venganza de Ann una forma egoísta de utilizar a su hija Annette?

“El amor verdadero, a veces, desatina”, así cantan Ann y Henry inconscientemente en los albores de su amor.

Creo que atacar esta película, por la improbabilidad de que su historia sea real, queda fuera de todo recurso. Annette es una hermosa película en lo visual y en lo narrativo, que ha sido reconocida, premiando a Carax como director en la última edición del Festival de Cannes. El cine siempre ha sido un medio desde el que se pueden contar historias que ahonden y denuncien temas sociales difíciles. Que para ello nos lleve al territorio de la imaginación y se aleje de ciertas lógicas de pensamiento racional, ¿de verdad importa?

 

Trailer:

Ficha técnica:

Annette ,  Francia, 2021.

Dirección: Leos Carax
Duración: 140 minutos
Guion: Ron Mael, Russell Mael
Producción: Coproducción Francia-Alemania-Bélgica-Japón; CG Cinéma, Kinology, VOO, Arte, arte France Cinéma, BE TV, Canal+, Cinéaxe, Cinémage 14, Cofinova 16,
Fotografía: Caroline Champetier
Música: Ron Mael, Russell Mael, Sparks
Reparto: Adam Driver, Marion Cotillard, Simon Helberg, Dominique Dauwe, Kait Tenison, Latoya Rafaela, Rebecca Dyson-Smith, Timur Gabriel, Kevin Van Doorslaer, Devyn McDowell, Ornella Perl, Christian Skibinski, Marina Bohlen

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