Críticas

Para los fans, es un regalo

Angry Birds, la película

The Angry Birds Movie. Clay Kaytis y Fergal Reilly. EUA, 2016.

Cartel de la película Angry BirdsLa mayoría de los jugadores casuales de videojuegos son capaces de reconocer a Red, Chuck y Bomb en prácticamente cualquier lugar; Angry Birds es, después de todo, una de las aplicaciones móviles más populares de los últimos años, creada en 2009 por la empresa finlandesa Rovio Entertainment. Tomando en cuenta el agresivo marketing que acompañó al éxito de la franquicia —diseñada inicialmente para dispositivos táctiles pero con algunas versiones menos populares en PC— era cuestión de tiempo para que, finalmente, las furiosas aves dieran el salto definitivo a la gran pantalla.

La tarea estuvo a cargo de Clay Kaytis y Fergal Reilly, dos cineastas involucrados en la industria de la animación desde hace décadas. Kaytis, hijo pródigo de Disney, fue supervisor de cintas como Enredados (Tangled, 2010), Rompe Ralph (Wreck-It Ralph, 2012) y Frozen (2013). Reilly, por otro lado, trabaja con Sony Animation desde 2003: Lluvia de Hamburguesas (Cloudy with a Chance of Meatballs, 2009), Hotel Transylvania (2012), y hasta El Hombre Araña 2 (Spider-Man 2, 2004) —donde trabajó como artista de storyboard—, se encuentran en su resumen.

El resultado es Angry Birds, la película (The Angry Birds Movie, 2016), una cinta cuyas pequeñas victorias provienen de los lugares menos esperados. En ella, Red (Jason Sudeikis), un ave no voladora con problemas de ira, que vive en una isla tropical de ensueño con sus similares, deberá hacer frente a unos colonizadores que desembarcan en la costa con misteriosas intenciones: los cerdos verdes de la Isla Cerdiña, que aseguran (como siempre) ir en son de paz. Maravillados por sus invenciones e ingeniosas costumbres, las aves se dejan engañar por la galantería de los extraños, que no tardarán demasiado en ejecutar su diabólico plan.

IMagen de Angry birds, la películaLos jugadores del videojuego (en cualquiera de sus versiones y temáticas) reconocerán paralelismos bastante obvios entre el audiovisual y el material de origen; después de todo, el objetivo de las aventuras virtuales siempre es el mismo a pesar de los cambios de género: recuperar huevos y destruir unos cuantos cerdos. La película toma el mismo concepto y lo incluye en una historia que sigue el viaje del héroe expuesto por Campbell en su “Héroe de las Mil Caras”, pero posee dos elementos que, a pesar de su obvia concepción comercial, la hacen diferente en su ámbito.

El primero tiene relación con la decisión de no tomarse tan en serio a sí mismo. En un mercado donde Disney siempre intenta afectar las sensibilidades del espectador cuando el temple y la voluntad de sus protagonistas se quiebra bajo el peso de sus responsabilidades (Zootopia el más reciente ejemplo), Angry Birds, la película recurre a la sencillez. Se vende diversión sobre drama, decisión acertada, tomando en cuenta que se trata de la adaptación de un videojuego casual. El segundo elemento destacable es la manera cómo dicho juego es llevado a la gran pantalla.

Fácil es encontrar, desde tiempos inmemorables, quejas respecto a la calidad que poseen las adaptaciones existentes de videojuegos en el séptimo arte. El lugar común es la mala utilización de recursos al momento de trasladar la historia, dando paso a una galería de cineastas que se arriesgan a crear algo completamente nuevo con las principales características de la obra original (Annabel Jankel y Rocky Morton con Super Mario Bros o incluso Paul W. S. Anderson con las últimas cintas de Resident Evil), pero sin capturar por completo la esencia y atmósfera de la misma. ¿Otro lugar común? Lo contrario: directores y guionistas que, por mantenerse demasiado fieles al material de origen, crean una pantomima sin alma que no termina atrayendo ni al público fortuito ni al gamer (Uwe Boll con su House of the Dead y Alone in the Dark). ¿Dónde se ubica Angry Birds, la película? Por sorpresa, en el renglón de adaptaciones destacables junto a Terror en Silent Hill (Silent Hill, 2006), de Christophe Gans, y Final Fantasy VII: Advent Children, de Tetsuya Nomura.

La película de Angry BirdsLa colorida creación de Kaytis y Reilly (que posee un pulido acabado técnico donde se incluye un correcto diseño de personajes) no es una imitación de las plataformas del juego ni un reflejo de lo que sucede en las pantallas de los Smartphones; es, más bien, una expansión que podría funcionar como una precuela de todos y cada uno de los videojuegos. Los guiños son numerosos: los disfraces ocultos en el barco de los cerdos (que hacen referencia a las distintas temáticas que han adoptado a lo largo de la franquicia), la escena post-créditos (con un trio de aves imprescindibles para los fans) y la estrecha relación de la historia principal con la icónica resortera gigante de Rovio.

Angry Birds, la película, cuyo guionista es Jon Vitti, un veterano de Los Simpson, se beneficia de sus pocas pretensiones y ofrece un paseo ameno por las remotas tierras de Red, Chuck y Bomb sin caer en la molesta necesidad de intentar hacer llorar al espectador para creerse emotivamente compleja. Para los fans, es un regalo.

Link del tráiler

Ficha técnica:

Angry Birds, la película (The Angry Birds Movie),  EUA, 2016.

Dirección: Clay Kaytis y Fergal Reilly
Guión: Jon Vitti
Producción: Rovio Mobile / Sony Pictures Animation / Sony Pictures Imageworks (SPI)
Música: Heitor Pereira
Reparto: Jason Sudeikis, Josh Gad, Danny McBride, Bill Hader, Maya Rudolph, Kate McKinnon, Peter Dinklage

Mebil A. Rosales

 

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