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2008: fin del sueño americano

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El año que vivimos en peligro

La crisis norteamericana de 2008, que es el detonante de la crisis mundial que nos persigue hasta estos días, fue retratada primero en su lugar de origen por el documental, por su cualidad de impresión instantánea de la realidad, iniciando un goteo constante desde su irrupción en la gran pantalla. Tal es el caso de IOUSA, de Patrick Creadon, que en el mismo 2008 aborda el tema de la deuda nacional de Estados Unidos, con un profético afiche que mostraba a la Casa Blanca con un cartel de “Venta por juicio hipotecario”. Al año siguiente le siguió Collapse (Colapso), de Chris Smith, toda una predicción sobre la crisis acaecida y sus consecuencias, y Capitalism: A Love Story (Capitalismo: Una historia de amor), del polémico Michael Moore. En 2010 el tema de la crisis ya alcanza el Oscar con Inside Job, de Charles Ferguson, ese año el documental cierra su indagación y le abre paso a la ficción, que la hace relato. Se asoman las primeras víctimas de la burbuja inmobiliaria con Company Men, de John Wells, que cuelgan el cartel de “se vende” en sus hogares. Le seguirán el próximo año Too Big to Fail (Demasiado grande para fallar o Malas noticias), de Curtis Hanson, y Margin Call, de J.C. Chandor, ya ahora con el punto de vista desde las entrañas de la banca de inversiones, para completar la primera trilogía sobre la crisis norteamericana de 2008.

margin call-2En los años anteriores, los héroes americanos coronaban sus éxitos con la compra de una casa, sin presagiar nunca la crisis hipotecaria ni el “derrumbe del ladrillo” que se podía avecinar. Tal es el caso de boxeadores como Rocky Balboa, que en Rocky II (Sylvester Stallone, 1979) adquiere una casa de dos pisos para vivir con su amada; o Maggie Fitzgerald (Hilary Swank), que en Million Dollar Baby (2004, Clint Eastwood) obtiene una vivienda para su madre. Incluso la construcción de una casa propia podía ser el último aliento de vida, como en el caso de Life as a House (Irwin Winkler, 2001). Mientras que hoy es difícil ver en la pantalla grande las historias de tales hazañas.

 

Los diez días que estremecieron al mundo

too-big-to-failPara internarnos en el relato de la crisis norteamericana se debe comenzar con la introducción noticiosa de Too Big to Fail, un largometraje de ficción producido y emitido por HBO en 2011, que pasó fugazmente por las salas de cine de algunos festivales, para lanzarse en DVD al año siguiente. Allí, en tres minutos, Curtis Hanson, un director de larga trayectoria cinematográfica, nos muestra cómo se gestó la burbuja inmobiliaria norteamericana, orquestada desde la misma Casa Blanca, que patrocinó el liberalismo y la desregulación de los mercados, desde Reagan, pasando por Clinton, hasta Bush, que alentaba ya cerca del colapso a los ciudadanos en su anhelo: “Creo en el sueño norteamericano, tener una casa es parte de ese sueño”.

Así, Hanson toma a uno de los protagonistas históricos de ese momento: Henry Paulson, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos entre 2006 y 2009, y además ex presidente ejecutivo de Goldman Sachs, uno de los mayores bancos de inversión. Un hombre que debió desdecir su pasado como banquero y retiró algunas de las medidas que impulsó personalmente en Wall Street para poder rescatar el sistema financiero, conjugándose en él los dos lados de la misma moneda. Encarnado ahora en William Hurt, que pule la cara más justiciera del personaje y resalta su buena fe en el prójimo. Junto a este paladín contemporáneo del capital, seguimos una apretada agenda oficial. Contemplamos la caída imparable de Lehman Brothers, la cuarta banca privada de inversión norteamericana, trayendo como consecuencia la caída de American International Group (AIG), el gigante de seguros y servicios financieros, a la que el gobierno auxilia con la compra de sus activos, hasta el rescate final de la banca, todo en diez días cruciales, desde el 12 al 22 de septiembre de 2008.

too-big-to-fail-2En Too Big to Fail quedan dos cuestiones en el aire que le lanzan a Paulson sobre el futuro inmediato. La primera, de un banquero que presagia la mayor fuga de cerebros que haya visto, al verse obligado por el gobierno a no dar salarios competitivos por “talentos”. Y la segunda, una pregunta abierta por parte de un lúcido miembro del Congreso norteamericano: “¿Y todo para los bancos? ¿No le van ayudar a la persona promedio que va a perder su casa?”.

La respuesta para ambas está en Margin Call y Company Men, dos producciones dirigidas por dos directores que se estrenaron en la pantalla grande con estas obras.

 

La noche más oscura

Así, mientras Henry Paulson en Washington trataba de buscar consenso con los principales directivos de la banca para evitar otra Gran Depresión, en Nueva York empieza el día en una empresa anónima, donde varios empleados marchan de una oficina con sus pertenencias en cajas de mudanza. Un despido masivo e imprevisto que toca también al Jefe de Gestión de Riesgos, Eric Dale (Stanley Tucci), en plena faena y con diecinueve años de antigüedad.

margin call - 1Es el inicio de Margin Call, ambientada en una centenaria banca de inversiones ficticia de Wall Street durante la crisis financiera de 2008. Su director, J.C. Chandor, se lanzó con una producción independiente con la certeza de conocer de primera mano los entresijos financieros, ya que su padre trabajó durante más de treinta años para la banca de inversión en Merrill Lynch. Por tanto, lo que narra a continuación es muy similar a lo ocurrido en Goldman Sachs o Lehman Brothers en su momento, que construyeron castillos de naipes a base de “hipotecas basura”.

Paradójicamente, Chandor crea una obra coral de una sociedad que cultiva egoístamente el individualismo, ocultando el fracaso, aunque ella misma está a punto desmoronarse por completo, arrastrando a millones de personas. Demuestra que desde siempre la avaricia tienta a muchas manos, desde altos ejecutivos con sueldos millonarios imposibles, hasta sobrevivientes empleados que pueden vender en una jornada “activos tóxicos” para ser recompensados con un bono de siete cifras. Como acciones conscientes de que su trabajo era “la destrucción de sus propios empleos”, tal como lo señala Sam Rogers (Kevin Spacey), el jefe de Ventas y Operaciones. Pero ser vendedor de humo durante mucho tiempo era necesario y rentable para el “sueño americano”, como acota Will Emerson (Paul Bettany), jefe de Operaciones, dirigiéndose a un joven analista de riesgos, Seth Bregman (Penn Badgley): “Si la gente quiere tener coches y casas que no puede pagar, tú eres necesario”.

 

Los desnudos y los muertos

Mientras el sistema bancario se desploma en Nueva York, en Boston, a más de trescientos kilómetros, la vida se presenta demasiado encantadora. La descriptiva secuencia inicial de Company Men de apacibles zonas residenciales, plenas de hermosas casas ajardinadas con piscina, coches de lujo y próximos campos de golf es el paisaje cotidiano de tres exitosos hombres que se preparan para una jornada laboral. Son Bobby Walker (Ben Affleck), Gene McClary (Tommy Lee Jones) y Chris Phil Woodward (Chris Cooper), tres ejecutivos en escala ascendente de edad y responsabilidad de una ficticia corporación de transporte, GTX.

Así, John Wells, productor y director de larga trayectoria en televisión, prestado por única vez al cine en esta ocasión, sigue a estos tres hombres que están a punto de contemplar cómo todo el mundo conocido y construido por ellos está a punto de derrumbarse por el efecto mariposa de la banca de Wall Street. En este amanecer, la empresa les comunica la decisión de reducir drásticamente los empleos para mantener sus márgenes y asegurar su valor en el mercado. Uno a uno, nuestros protagonistas serán despedidos en diferentes momentos.

Poco a poco, las hermosas casas tienen el cartel de venta colgado en el frente, sus jardines son abandonados, la práctica de golf suspendida por impaga, los coches lujosos embargados, y nuestros protagonistas empiezan a caminar con un currículo bajo el brazo en busca de un empleo en un mercado deprimido de oportunidades. Paso a paso, se va humanizando a estos fríos hombres de traje y corbata, mostrando sus flaquezas y aciertos, sus conflictivas relaciones familiares y sus distintas visiones para asumir la crisis en que están imbuidos, que bien podrá ser una oportunidad de emprender una nueva vida o quedarse anclado en la pasada sin futuro. Wells cierra así algunas ventanas definitivamente y abre otras con alentadora esperanza al futuro en medio de ruinas de ladrillo.

 

La historia sin fin

margin call-3Historias cíclicas que se repiten en el planeta desde que circula el capital, sea en 1637 con la llamada “crisis de los tulipanes”; en 1797 con la crisis que sembraron los mercados crediticios del Atlántico; en 1907 con pánico financiero en la Bolsa de Nueva York; en 1929 con la Gran Depresión; en 1997 la crisis financiera asiática, como muestras de un largo etcétera. Y tal como presagia John Tuld (Jeremy Irons) en su rol de presidente de la Junta en Margin Call: “Hoy no ha sido diferente de lo que ha sido siempre… Solo reaccionamos, ganamos mucho si lo hacemos bien, y podemos perderlo todo si lo hacemos mal. En el mundo siempre ha habido, y siempre habrá, el mismo porcentaje de ganadores y perdedores, ricos felices y pobres desgraciados, peces gordos y perros hambrientos”. Y aunque Paulson (William Hurt) en Too Big to Fail confió dinero a los bancos para que reactivaran la economía, y amortizar esta nueva caída, lo cierto es que los bancos en ese año hicieron pocos préstamos y los mercados siguieron cayendo, el desempleo aumentó un diez por ciento y millones de familias perdieron sus hogares en embargos. El resto de la historia ya la conocemos, bien en Estados Unidos o en otras partes del planeta.

3 opiniones en “2008: fin del sueño americano”

    1. La verdad es que no lo he pensado.
      Por ahora a seguir leyendo EEI, que cada mes suma para ser una excelente referencia cinematográfica on-line.
      Y gracias, por ser uno de nuestros fieles lectores.

      Saludos,
      Paula

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