Bandas sonoras: 

La efectividad que ahoga la inspiración

Título: 1917 BSO

Autor/es: Thomas Newman

Sello: Sony Classical.

Año: 2019

Sam Mendes ha sorprendido a Hollywood con una película centrada en una misión desesperada de dos cabos del ejército británico, Blake y Schofield, lanzados a una misión casi imposible, en el marco de la sangrienta Primera Guerra Mundial. Pero lo que no sorprendió a nadie fue la elección del compositor encargado de escribir la banda sonora.

Thomas Newman, 13 veces nominado al Oscar (que nunca ganó), habitual en las películas de Mendes desde su ópera prima American Beauty (1999), ha formado con este una de las tantas colaboraciones de director-compositor de la historia del cine. Le puso música también a Camino a la perdición (2002) y a los dos films de James Bond con Daniel Craig, que Mendes rodó:  Skyfall (también nominada) y Spectre.

En 1917, Newman hace un poco lo que Hans Zimmer hizo para Dunkerque (Dunkirk, Christopher Nolan, 2017), una profusión de sonidos viscerales dirigidos a reforzar la atmósfera de tensión de las imágenes, fuerte presencia de efectos electrónicos y acústicos, y densa percusión sin demasiado contenido emocional. Debía reflejar el concepto de la película, basado en largos y autoimpuestos planos secuencia en los que se enfrascó Mendes, quien le requirió no recargar con música oscura lo que ya tenían de oscuridad las imágenes. Esencialmente, si los protagonistas reptaban sobre el barro y el horror de las trincheras y alambradas de púas, la función de la música no debía exacerbar la situación. Newman se concentró entonces en cómo llegar a sugerir musicalmente diferentes tipos de paisajes psicológicos en las figuras de los dos cabos británicos acechados por el peligro a cada metro de terreno horadado de cráteres repletos de cadáveres.

Discutió por primera vez el proyecto con Mendes en el otoño de 2018, y le pasaron imágenes del rodaje a principios de mayo de 2019. Allí empezó a jugar con ideas para encontrar lo que él llama «el vocabulario permitido» para su música. Mientras el editor Lee Smith montaba la película, Newman comenzó a darle opciones musicales. «Podría entregar piezas para medir su intención», comentó. «Aquí hay algo espeluznante, aquí hay algo más agresivo…»[1]. «Escribí muchas ideas para esas imágenes, como a menudo lo he hecho con Sam», dijo Newman. «Era una cuestión de contenido emocional versus contenido dramático… ¿Se supone que tiene que dar miedo o que tiene que ser intensa?”[2]. Mendes le sugirió que la música debía exudar una belleza  distópica.

Buscó respetar los términos de ritmo y tensión: «¿Cuánto puede la música mantenerse distanciada del diálogo. Cómo puedo burlarme de la naturaleza de su tensión? Mientras los obstáculos van apareciendo a medida que los dos soldados avanzan por las trincheras, la música tiene que fluir sin llamar la atención»[3].

Thomas Newman (der.) y Sam Mendes en el estudio de grabación de la banda sonora de 1917

Si bien es entendible que la música debe estar al servicio de una película, no es menos cierto que el talento y la inspiración de un compositor se aprecian por la belleza que su obra le pueda sumar a la efectividad y eficiencia obtenida, a la hora de subrayar las imágenes. Hay innumerables ejemplos de ello en la historia de la música de cine, desde las partituras de los viejos clásicos creados por grandes maestros como Herrmann, Rozsa, Steiner, Tiomkin, hasta los más contemporáneos Williams, Goldsmith, Barry y Morricone, que siempre conseguían extraer alguna melodía que eludiera lo simplemente atmosférico, alguna pieza que sonara a música, que trascendiera la película y su temática, que la enriqueciera.

1917 está en las antípodas de todo eso. Está bien para su fin de crear clima, pero no tiene nada que ofrecer al oyente cuando se la escucha fuera del film, como viene ocurriendo en los últimos tiempos con muchas de las bandas sonoras: funcionan en la película, pero no son para atesorar en un CD.

De todas formas, algunos temas pueden rescatarse de la obra de Newman: The Night Window, una melodía cálida basada en la sección de cuerdas tiene su belleza y cierto poder emocional.

El tema final, Come Back to Us, logra expresar la tristeza del soldado ante la pérdida de sus compañeros, y es representativo del estilo Newman.

El mejor de todos es Sixteen Hundred Men, que musicaliza la desesperada corrida de Schofield frente a las trincheras, dirigiéndose a entregar su mensaje para que el ataque se cancele. Newman parece emular la partitura de The Thin Red Line, de Hans Zimmer, tomando elementos de sus dos mejores pistas, Journey to the Line y Light, combinándolas desde un inicio tenso para que los violines, cellos y trompas vayan construyendo un crescendo hasta un poderoso cierre más sinfónico.

Pese a que la mayor parte de la banda sonora es más efectiva que inspirada y de difícil digestión, los temas que destacamos son de lo mejor que ha compuesto Thomas Newman en los últimos tiempos. Sin embargo, y sin desmerecer su obra general, es uno de esos invitados obligados de los Oscar. Su música para 1917 cumple, exacerba el suspense y logra algún estertor épico, pero no amerita la nominación.

Referencias

[1] TheWrap Oscar Magazine, TheWrap.com, January 10, 2020, by Steve Pond

[2] Ibíd

[3] Ibíd

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