Críticas

La liberación del alma cautiva

Thelma

Joaquim Trier. Noruega, 2017.

Cartel de Thelma  En ocasiones me da que pensar sobre los poderosos recursos visuales y formales que definen el arranque de una película que determinan el grado de seducción y atracción que ejercen en el espectador. Un inicio con garra, confabulado de cierto misterio, afianza la garantía de apostar por sus fascinantes imágenes. La magia consiste en quedar atrapado. Sin pretender alumbrar ningún tipo de teoría sobre este paradigma importante como motor de atracción e interés sobre el devenir de los acontecimientos futuros, sí que advierto que existen títulos que marcan territorio desde la carátula de presentación o de su potente prólogo. Como es el caso del filme que trato en estas líneas, Thelma (Joachim Trier, 2017). Una sobrecogedora historia, ambivalente, sobre una joven estudiante en proceso de transformación a la que le suceden una serie de raros percances que inquietaran su existencia. Desde las primeras tomas, el largometraje sueco exhibe desazonantes razones para no apartar la mirada de la pantalla y proseguir indagando en el por qué de sus angustiosos primeros minutos.

Fotograma de la película Thelma

Merece la pena recordarlo y traerlo a esta crítica. Su magnetismo y halo de misterio pautan el desarrollo de la película. El escenario es el típico y bonito paraje nórdico invernal. Un lago helado, inmenso; el frío ambiente se siente y se palpa. Dos personajes caminan sobre la superficie congelada. Un adulto y una niña abrigada con una prenda de color rojo que llama la atención. Sus figuras se recortan minúsculas en la grandeza del lugar. Dos personas incrustadas en un paraíso. Se adentran en un bosque. El realizador abandona las tomas generales y emplea planos cortos. La tensión (el hombre lleva un rifle) y la incertidumbre aumentan y se suman a la curiosidad. Los personajes no pronuncian palabra alguna. Todo es imagen e interpretación. Al poco rato, un cervatillo entra en escena. La niña mira a su padre porque se supone que el objeto de la excursión es la caza. El tipo le devuelve la mirada y descuelga el arma del hombro. Apunta al animal. Va a disparar. Inesperadamente vuelve la escopeta hacia la imperturbable niña, que no se inmuta. El plano/contraplano acompañado de un breve zoom es un estallido emocional. ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué el individuo actúa con esa intención?. Corte.

Padre e hija en el bosque

Este pequeño bloque, a modo de entrada, es pavorosa poesía. Con pocas y precisas unidades de mensaje el realizador introduce al espectador en situación. Sentado en la butaca ignoro cuál va a ser el desarrollo del argumento, pero la estremecedora introducción me hace adivinar algo secreto y me invita a conocer los ocultos rasgos que se van a desgranar en la película. Un enigma enlazado con un clímax muy temprano que define algunos de los síntomas más característicos de la literatura como del cine nórdico. Es decir, arrebatado y pasional, con exceso de drama y abundante negrura serían, a modo de resumen, perfiles que encuentro en la producción proveniente de esas procelosas latitudes.

Una vez cautivado por la impactante secuencia preliminar sólo queda desear que las expectativas no decaigan, esperar que Joachim Trier se limite a preservar el nivel y continúe por la hoja de ruta propuesta. Thelma se desliza, con fortuna, por los mismos recovecos, entre el thriller psicológico y los asuntos paranormales. Una mezcla para permanecer atentos y confiados.

Thelma y su pareja

El relato grueso se abre transcurridos unos años después del suceso de la presentación y cuando Thelma (Eili Harboe) ingresa en la universidad. El modo de presentar al personaje central en su fase hacia a la madurez me parece intachable. Me gusta mucho. Plano general, picado, a vista de pájaro, plaza del campus universitario. Es una toma grandiosa y espectacular. Vemos a los estudiantes moviéndose de un sitio a otro. El estilo de la planificación y su sentido narrativo me recuerda, salvando las distancias, al recurso empleado por Francis Ford Coppola en La conversación (The conversation, 1974). Allí el sonido era fundamental. No lo es menos en Thelma. Un pausado zoom conluirá fijando la presencia de una joven que cuando entra en el aula se presentará como Thelma y, como sucediera en la obra de Brian de Palma, Carrie (1974), inspirada en una novela de Stephen King, un acontecimiento extraño e imprevisible sucede, una seña de identidad, creando una desasosegante atmósfera, fruto de las turbulencias, quizás tormentos, que colisionan en el subconsciente del personaje dando rienda suelta a fenómenos fantásticos e intrigantes.

Thelma observada por la ciencia

Es fácil suponer que Thelma posee poderes telequinésicos como manifestación de rebeldía u oposición a sucesos pretéritos. Su carácter introvertido y aislamiento se entiende cuando ves que sus padres, Tround (Henrik Rafaelsen) y Unni (Eslen Dorrit Petersen), desde su confortable casa de campo, ejercen un control y vigilancia sobre su hija férreo, haciéndole a Thelma preguntas quisquillosas, buscando saber qué hace en todo momento.

Todos estos trazos, en parte posesivos, unidos a la estricta educación religiosa que Thelma ha recibido, acuñada en la fe cristiana dogmática, revelan, en cuanto Thelma hace su primera amistad, Anja (Kaya Wilkins), un acto de subvertir las normas inculcadas y conformar un estilo de vida más acorde a sus preferencias y alejadas de la mordaza moral impuesta. En pocas palabras, lo que necesita Thelma es aire, respirar, sentirse libre y experimentar sensaciones y experiencias nuevas. Es un personaje en proceso de transformación. Conoce a gente nueva, compañeros de universidad, que quedan atónitos al enterarse que no consume alcohol y desconcertados por no haber tenido relaciones sexuales.

Thelma en el lago

Anja es como un salvavidas. Alguien importante y necesario. La persona bisagra por su amplitud social y empatía con los demás como el ser clave en la indagación acerca de los deseos e identidad sexual. Es como si de repente el filme se deslizara hacia el tema de la tensión sexual no resuelta de los adolescentes y se detuviera del campo libérrimo del fantástico. Pero no. Los toques paranormales prosiguen, se les trata de encontrar explicaciones científicas y todo conduce hacia una exploración interior de Thelma cuyas consecuencias son más devastadoras de lo que se podía intuir. Como he escrito más arriba, la producción es nórdica y como tal no puede soslayar el peso de los claroscuros de la familia como elemento distorsionador.

Tráiler de la película:

Ficha técnica:

Thelma ,  Noruega, 2017.

Dirección: Joaquim Trier
Duración: 116 minutos
Guion: Joaquim Trier y Eskil Vogt
Producción: Coproducción: Noruega, Francia, Dinamarca y Suecia. Motlys/ Eurimages/ Film I Väst/ Le Pacte/ Nordic Film och TV Fund/ Norwegian Filme Institute/ Snowglobe Films
Fotografía: Jacob Ihre
Música: Ola Flottum
Reparto: Eili Harboe, Kaya Wilkins, Erlen Dorrit Petersen y Henrik Rafaelsen

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