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The Mandalorian

Debo reconocer que, desde que Disney se hizo cargo del legado de Star Wars, he tenido grandes reservas frente a lo que se estaba haciendo con ese universo, y así, aunque me entusiasmó el episodio VII, El despertar de la fuerza (Star Wars: Episode VII. The Force Awakens, J. J. Abrams, 2015) y Rogue One: Una historia de Star Wars (Rogue One, Gareth Edwards, 2016) me pareció una pequeña joya en los aledaños de la historia principal, la mayor parte del tiempo me he sentido expulsado del Paraíso, ya que me daba la sensación de que la Casa del Ratón estaba elaborando contenido para las nuevas promociones de espectadores pero había dejado de lado a los aficionados de toda la vida. Pues bien, con The Mandalorian debo decir, alto y claro, que he regresado al Paraíso. Puede que Disney siga siendo el Imperio, pero, muchas gracias por este regalo.

De no ser por ciertas presiones familiares (en concreto, las de mi hija), nunca me hubiera abonado a Disney+ y, por tanto, me habría perdido la gran serie de acción real del universo Star Wars. Me lo he pasado tan bien viendo esta serie como me lo pasaba viendo las películas de la trilogía original, y eso no es poco. Es más, creo que The Mandalorian recupera el espíritu de esa trilogía original y vuelve a convertir el espacio en un lugar de aventura y aprendizaje. Además, esta primera temporada se transforma en una pequeña caja de sorpresas y resonancias, con escenarios, personajes y lugares que nos retrotraen a algunos de los momentos más felices de nuestra infancia: los jawas, los moradores de las arenas, los banthas, Taooine, la cantina de Mos Eisley, un AT-ST…

El esquema narrativo fundamental de la primera temporada de la serie es el de un western bastante clásico, en el que un personaje que habla poco, que se hace llamar Mando y es mandaloriano (apenas se trata de la historia de los mandalorianos, pero me imagino que ese tema irá saliendo en próximas temporadas), se dedica a cazar a forajidos. Es, por tanto, un cazarrecompensas, pero todo cambia cuando se encuentra con el Niño, más conocido a lo largo y ancho de la galaxia como Baby Yoda (aunque, según dicen, ya tiene 50 años).

Me gusta mucho la evolución del protagonista y el peso que va adquiriendo el Niño. Pedro Pascal, que es el actor que se encuentra bajo el yelmo del mandaloriano, realiza una labor magnífica, ya que toda su interpretación se basa en la dicción y en la gesticulación. No es extraño que Mando recuerde a los personajes de la Trilogía Dólar de Sergio de Sergio Leone, especialmente a los interpretados por Clint Eastwood y Lee Van Cleef.

Además, esta temporada de la serie, que consta de ocho episodios autoconclusivos de unos cuarenta minutos (solo los dos últimos plantean una historia un poco más larga y se encuentran entrelazados), recuerda a hitos televisivos de los años ochenta como El coche fantástico (Knight Rider, 1982-1986) o El equipo A (The A-Team, 1983-1987). Jon Favreau, el creador de la serie, es un actor, director, guionista y productor de amplia trayectoria que ya se ha ganado un lugar en el Universo Cinematográfico de Marvel (UCM), pero que ha conseguido también una auténtica joya en el universo Star Wars. Para lograrlo, se ha rodeado de un magnífico equipo de realizadores y de un reparto excepcional. Dave Filoni, uno de los creadores de Star Wars Rebels (2014-2018) y Star Wars: Resistance (2018-2020), además de director y guionista de muchos episodios de Star Wars: Clone Wars (2010-2020), dirige el primer episodio (“El Mandaloriano”) y el quinto (“El pistolero”); Rick Famuyiwa dirige el segundo (“El Niño”) y el sexto (“El pistolero”); Deborah Chow dirige el tercero (“El pecado”) y el séptimo (“El ajuste de cuentas”); y, por último, Bryce Dallas Howard y el recientemente oscarizado Taika Waititi dirigen uno cada uno, el cuarto (“Santuario”) y el octavo (“Redención”), respectivamente.

En lo que respecta al reparto, a Pedro Pascal le acompaña una serie muy interesante de actores: Carl Weathers interpreta a Greef Carga, que es quien contrata habitualmente a Mando, y el director Werner Herzog encarna a un misterioso oficial imperial que actúa como villano de la función; Taika Waititi, en cambio, le presta su voz al droide cazarrecompensas IG-11. Pronto Mando va encontrando aliados a lo largo de sus viajes, entre los que destacan Kuiil (Nick Nolte) y Cara Dune (Gina Carano). Es muy interesante el planteamiento de la temporada: a lo largo de sus misiones, Mando va encontrando aliados a los que después recurrirá cuando realice el camino inverso para enfrentarse a la misión final de la temporada.

Visualmente, The Mandalorian se encuentra mucho más próxima a Rogue One y a Han Solo: Una historia de Star Wars (Solo: A Star Wars Story, Ron Howard, 2018) que a la saga original. La acción se ambienta en algunos planetas del Borde Exterior cinco años después de lo narrado en El retorno del Jedi (Star Wars. Episode VI. The Return of the Jedi, Richard Marquand, 1983). Tenemos también, y es uno de los grandes aciertos de la serie, una nueva nave legendaria, la Razor Crest, que se suma a la lista a la que pertenecen el Slave de Boba Fett o el Halcón Milenario de Han Solo.

Aunque la cabecera es bastante discreta, los créditos finales son espectaculares, con ilustraciones que resumen lo acontecido en cada uno de los episodios. Además, hay dos capítulos, “Santuario” y “El prisionero”, que recuerdan a títulos clásicos del séptimo arte. Así, “Santuario” es una versión galáctica de Los siete samuráis (Shichinin no samurai, Akira Kurosawa, 1954) y su versión western, Los siete magníficos (The Magnificent Seven, John Sturges, 1960), mientras que “El prisionero” recuerda a Los profesionales (The Professionals, Richard Brooks, 1966), Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, Robert Aldrich, 1967) y Grupo salvaje (The Wild Bunch, Sam Peckinpah, 1969). Al igual que en el western, en The Mandalorian el paisaje juega un papel determinante.

En fin, me alegra haber disfrutado de nuevo con el universo de Star Wars, pero tendremos que esperar hasta octubre para ver la segunda temporada y ya sabemos que se encuentra en marcha la tercera. Como dirían los mandalorianos, “¡Este es el camino!”.

Tráiler:

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