Amanecer Parte 2 - cartel¿Quién los ha visto y quién los ve? Antes, cuando se pensaba en su posible existencia, uno podía pasarse toda la noche sin dormir, con los ojos como platos, deseando que el sol apareciera para poder descansar. Ellos eran los seres más temidos de la noche; terroríficos y sanguinarios. Sin alma, sin corazón y sin una pizca de su antigua humanidad. Lo más característico de ellos era que no tenían capacidad para amar, sólo podían pensar en clamar su violenta sed. Ahora, ante la simple idea de que puedan estar en nuestro mundo, uno desea que la noche nunca acabe para poder recibir la visita de alguno de ellos. Nadie los relaciona con seres monstruosos, sin conciencia. Son blandos, ñoños y sin habilidad para transmitir un pavor escalofriante. Las cualidades más significativas de estos renovados seres son, que al igual que los pingüinos, se aparean con la misma persona para la eternidad y que si se ponen al sol brillan como un culo de vaso.

Las dos últimas entregas de la saga de Crepúsculo, Amanecer partes 1 y 2 (Breaking Down, 2012), han contado con las polifacéticas y reconocidas virtudes del director y guionista Bill Condon, quien ganó un Oscar al mejor guion adaptado por la película Dioses y monstruos (Gods and Monsters, 1998) y también estuvo nominado para ese premio como mejor director por Dreamgirls (2006). En esta ocasión, el molde creado por Condon para realizar rodajes exquisitos parece que ha sufrido un duro golpe, puesto que la simple historia de amor de Bella y Edward invade todo a su paso sin dejar títere con cabeza. El director hace uso de su amplia experiencia y consigue introducir los únicos recursos que logran que la película tenga algo de vida: un flashback en la primera secuencia, a modo de recordatorio de lo que pasó en la primera parte del film, y un flashforward al final de la historia, para poder dar a la cinta un toque de acción. El resto de medios usados por Condon durante todo el film, se merecen un claro “necesita mejorar”, por culpa de: unos cromas excesivamente cutres para pasar por realidad, un bebé hecho por ordenador que da demasiada grima para mirarlo más de una vez, unos efectos especiales dignos de películas de serie B y un uso reiterado de primerísimos primeros planos algo pesados, usados para aclarar los nuevos sentidos vampíricos adquiridos por la protagonista.

Fotograma de la película Amanecer Parte 2Todo, absolutamente todo, es poco creíble en esta historia. Por mucho que uno intente meterse en el mundo de vampiros, hombres lobos y poderes extraordinarios, al final acaba por desconectar. Salvo por un mínimo instante, en el que se introduce un gag entre el enamoradizo Jacob y el padre de Bella; dos hombres, unos pantalones, un desnudo y un secreto peludo… pero a pesar de ese único momento ameno, nada consigue dar a la narración ni un momento de credibilidad. Ni siquiera los personajes consiguen hacernos entrar en la historia. No son capaces de llenar la pantalla, porque son tremendamente vacíos y, sobre todo, porque presentan un claro déficit de interés. Como consecuencia del fracaso en la elaboración de los personajes, los actores son incapaces de cargar con todo el peso de la película y los personajes acaban por desmoronarse por ser tan fríos como el hielo que les rodea.

Bella, que en toda las películas se nos ha mostrado como una chica débil, indefensa, ¡vamos, como una mosquita muerta!, cambia radicalmente al ser convertida, porque al parecer “había nacido para ser vampiro”. Mientras era esa joven desatendida, perdida y con una clara necesidad de cariño, Kristen Stweart borda el papel, pero cuando pasa a ser la nueva chica vampira, la actriz acaba perdiéndose entre tanta seguridad, poder mental, fuerza física y belleza inmortal. En el punto opuesto nos encontramos al personaje de Edward, que es mucho más lineal. En todas las películas es presentado de la misma  manera: un anciano milenario con aspecto adolescente en busca del amor que nunca tuvo. Ante tanta dificultad, Robert Pattinson, debido a su escasez de recursos interpretativos, es incapaz de transmitir absolutamente nada, y sólo consigue que cada frase de amor, cada beso o cada abrazo sean incómodos, porque hace que duren una eternidad. ¿Y qué podríamos decir del malo más malo de los Volturi? Aún estoy sin palabras ante este papel y su actuación. Michael Sheen es el actor encargado de dar vida a Aro Volturi, el antagonista principal de esta historia (puesto que es el que siempre se interpone en el amor de los protagonistas). Durante las secuencias en que aparece, resulta histriónico, teatral y exagerado. Se supone que es el vampiro más peligroso y temido del mundo de ultratumba, pero sus formas afeminadas, su pelo negro, largo y lleno de laca, su capa y la casaca militar sólo causan risa cuando escuchamos sus palabras amenazadoras. El único actor que se salva de la quema es Billy Burke, el padre de Bella, que es el único que consigue dar un toque de realidad dentro de toda esta fantasía.

La saga Crepúsculo. Amanecer Parte 2Fantasía o no, hago memoria (¡pero sin irme muy lejos!), para observar que siempre ha habido este movimiento de masas acudiendo al cine para poder contemplar la historia de amor del momento: ¿quién no ha visto Dirty Dancing (Emile Ardolino, 1987), Titanic (James Cameron, 1997) o El diario de Noa (The notebook, Nick Cassavetes, 2004)? Pues bien, en esta ocasión, el film que causa esta revolución en las carteleras es el de una chica normal y corriente que pone patas arriba el mundo de los vampiros y hombres lobos. Los espectadores acuden en tropel a los cines. Hasta se comenta que se vio a Drácula de Bram Stoker en una sala de cine, iba de incógnito, pero su sombra traicionera le delató. Ahora Crepúsculo está en boga, pero hay que ser realistas porque los protagonistas de esta historia no son Romeo ni Julieta, el feliz final de Bella y Edward no tiene nada que ver con el trágico y maravilloso final de los enamorados de Verona, Stephenie Meyer no es William Shakespeare y, desde luego, que en esta ocasión Bill Condon no es Fellini.

Tráiler

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LA MIRADA DEL OTRO