Críticas

Verdad para pocos

Posverdad: desinformación y costo de las fake news

After Truth: Disinformation and the Cost of Fake News. Andrew Rossi. EUA, 2020.

Desde un punto de vista lingüístico, la definición de verdad parece ser una tautología, ya que podríamos decir que “verdad es lo que es verdad”; nos resulta difícil, de hecho, intentar definir un concepto así de simple. Verdad serían los hechos reales, verdad sería la realidad misma, lo que es así como es; verdad, desde un punto de vista más político y cultural (en la relación, aquí, a los cultural studies) sería todo lo que se distancia de cualquier toma de posición ideológica y que, como nos enseña el marxismo, no cubre ni distorsiona los eventos, sino que los ofrece en su desnudez y, por esta razón, en su estado virginal, objetivo. La verdad podría entonces definirse con un concepto negativo, o sea que “verdad es lo que no es falso”; anta la falta de cualquier tipo de mentira solo se nos presentaría el evento en sí, lo que nos llevaría a tener unas informaciones (los hechos) neutras. El problema, desde un punto de vista crítico, reside en que siempre está presente un filtro ideológico (aquí en su sentido original, imparcial) por el cual nos movemos a la hora de analizar “los hechos”; ¿tendríamos, entonces, que rendirnos ante la pluralidad de las opiniones y aceptar cualquier tipo de lectura? Obviamente no, ya que, si la completa objetividad puede parecer inasible (lo cual no significa que se puede lograr), de todas formas nuestro análisis se basa en lo que se define como “los acontecimientos”. La abstracción completa, dicho de otro modo, sería una ilusión.

Aquí, quizás, es donde encontramos el problema de la post-verdad, aquel tipo de lectura del mundo que se basa en un análisis errado de hechos reales: si la mentira es la creación de una falsedad usando datos errados, no existentes, la post-verdad es una mentira que se basa en datos reales, lo cual crea un cortocircuito y hace más difícil su rechazo. La post-verdad, de hecho, se proclama como la verdad real, como si estuviéramos ante el binomio de la verdad ficticia (lo que nos dicen los media mainstream, con su “fake news”) y de la verdad genuina (lo que nos dicen los que están fuera de los juegos de poder y, por esta razón, pueden permitirse decir la verdad). Mecanismo absurdo, obviamente, ya que la verdad genuina de la post-verdad sería (es) en verdad un conjunto de “fake news”, cuyo origen se basa en una de estas dos posibilidades: la buena fe, lo cual significa que estamos ante personas que creen en sus mentiras (piénsese en algunas teorías del 11 de septiembre), o la mala fe, personas que saben que lo que dicen es mentira, pero que por una cuestión de provecho personal prefieren seguir esparciendo falsedades.

El documental de Andrew Rossi se estructura entonces en pos de una lectura de esta nueva realidad en la que vivimos. Intenta presentarle al público lo que está efectivamente pasando en nuestra sociedad, subrayando no solo los problemas más basilares (la pérdida del reconocimiento de la realidad, de los eventos en sí), sino también las consecuencias más grandes. La post-verdad no se limita al mundo de las conspiracy theories de Alex Jones y compañeros, sino que interfiere con nuestro contexto cotidiano, llevando a resultados terribles. Si Orwell hablaba del Big Brother en un momento en el que estaba a punto de estallar la Guerra Fría entre las dos superpotencias de la segunda mitad del siglo veinte, ahora es como si ya hubiéramos ido más allá, después de la caída del bloque soviético; la nueva guerra es estrictamente ideológica y en nuestro presente los media, en especial los social (Facebook, Twitter, Instagram), se presentan como las nuevas armas con las que actuar una guerrilla de soft power. Este documental nos presenta, precisamente, una atmósfera (un contexto, el que nos pertenece y al que nos pertenecemos) muy sombrío, en el cual se pierden aquellas coordenadas que nos permitirían movernos sin perder nuestra posición y nuestra mirada hacia el futuro, en un análisis impecable, duro, deprimido.

Lo que sí es necesario subrayar (¿recriminar?) es cierta falta de lo global: After Truth es un documental estadounidense y estrictamente de Estados Unidos habla, como si el resto del mundo solo tuviera importancia cuando se ve involucrado en el tejido americano. ¿Cuántos, por ejemplo, conocen al (y reconocen la peligrosidad del) susodicho Alex Jones? ¿Cuántos se acuerdan de la masacre de Sandy Hook? La cuestión, entonces, es un cui prodest que se refiere al elemento clave de cualquier obra, su capacidad de hablarles a todos o solo a algunos. Funciona, entonces, el documental de Rossi en el contexto americano, sobre todo para los que de la cuestión ya saben mucho; de hecho, difícilmente los que creen en las teorías de conspiración se sentarán ante la pantalla de su televisión para ver esta obra, mientras que los que (justamente) ya las rechazan no obtendrán mucha nueva información. Lástima entonces que la perfección técnica, el ritmo acertado y la estructura sólida funcionen solo para un objetivo así de modesto, restringido: a tomar verdadero provecho de este documental solo pueden ser aquellos ciudadanos americanos que están on the fence, los que todavía no han decidido a quien escuchar, los que todavía no se han sentado delante de esta cuestión para llegar a una decisión final y que ahora, finalmente, quieren hacerlo. Para todos los otros, la película resultará un poco interesante, un poco “elemental”, una voz más en un mosaico de palabras de las que ya estamos convencidos. Primera (y firme) introducción, entonces, a este mundo absurdo en el que vivimos.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

Posverdad: desinformación y costo de las fake news (After Truth: Disinformation and the Cost of Fake News),  EUA, 2020.

Dirección: Andrew Rossi
Duración: 95 minutos
Producción: Andrew Rossi
Fotografía: Bryan Sarkinen
Música: Ian Hultquist

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