Críticas

Todo puede ser un cuento de hadas

Érase una vez en Anatolia

Bir zamanlar Anadolu'da. Nuri Bilge Ceylan. Turquía, 2011.

A pesar de ser uno de esos films que generan críticas en dos extremos opuestos, Once Upon a Time in Anatolia (Nuri Bilge Ceylan, 2011) tuvo éxito en el festival de Cannes 2011, ganando el gran premio del jurado, y se presentó en el último D’A 2012 (Festival Internacional de Cinema D’Autor de Barcelona).

No es un film fácil, es lento y si nos quedamos en la superficie podríamos concluir que no sucede nada en casi dos horas y media de película. Se trata del sexto largometraje del director turco Nuri Bilge Ceylan, cuyo film Tres Monos (Üç maymun, 2008) también recibió reconocimiento en Cannes.

Anatolia es una península que comprende el extremo más occidental de Asia, en la que se encuentra la mayor parte del territorio de la República de Turquía. Fue habitada por distintos pueblos a lo largo de la historia y como resultado es uno de los lugares arqueológicos más ricos de la tierra.

Como si partieran en una expedición arqueológica, los protagonistas del film se desplazan en tres vehículos bastante venidos a menos por el desierto de Anatolia. Un fiscal, un jefe de policía, un médico y varios empleados que brindan soporte a la operación trasladan a dos hermanos detenidos que acaban de confesar un crimen. El objetivo es encontrar el cadáver de la víctima, que ha sido enterrado en un lugar indefinido. La búsqueda se complica porque el sospechoso principal, Kenan, confiesa haber estado muy borracho en el momento del crimen, y su hermano, que lo acompañaba, posee un considerable retraso mental.

La travesía comienza en un hermoso atardecer, pero a medida que avanza el film nos adentramos en la noche cerrada y en una tormenta furiosa. Luego disfrutamos el esperanzador amanecer del día siguiente. Ceylan logró capturar con una fina sensibilidad el desierto y nos hace sentir sumergidos en él.

Su estilo contempla la utilización de primeros planos para humanizar a los personajes. Este es el caso del sospechoso Kenan: lo vemos exhausto, destrozado, emocionado, y sus reacciones nos llegan profundo. También la insinuación de que se trata de un crimen pasional nos acerca aún más al supuesto asesino, interpretado magistralmente por Firat Tanis. El actor trabajó en algunos films y varias series de TV, y es la primera vez que trabaja con Ceylan.

Gran parte de la película trata de mostrar el costado humano de estos hombres unidos por la suerte en esta noche/madrugada. Lo más original, entretenido y con un costado cómico son las conversaciones cotidianas que mantienen los personajes: la calidad del yogurt de leche de búfala, los inconvenientes familiares del jefe de policía o los problemas de próstata de los hombres mayores de cincuenta años.

El film no tiene música, salvo la que emite un celular (un toque de humor, en el celular del jefe de policía suena “Love Story”) o una canción en el auto por la mañana. Inevitablemente hay una predisposición mayor a los sonidos del entorno. La tormenta logra estremecernos de la misma forma que al médico del equipo. En las escenas en que los autos se desplazan, el sonido de los motores es agobiante, contagiando el deseo de los protagonistas de que el cadáver aparezca de una buena vez y que el viaje sin sentido se termine.

Hay discusiones filosóficas que mantienen en vilo al espectador cuando no hay ningún cambio en el relato. Se discute la maldad y la bondad de la gente, y en estos momentos es cuando el film logra un efecto hipnótico. Como una especie de chasquido de dedos que nos hace volver a la realidad encontramos una veta de esperanza en este viaje sin sentido. Arab le dice al doctor: “Pero un día, usted podrá aprovechar lo que está sucediendo aquí. Cuando tenga una familia tendrá una historia que contar. ¿Es esto tan malo? Podrá decir, “Érase una vez en Anatolia, cuando estaba trabajando afuera, recuerdo esa noche que comenzó de esta manera…”. Puede decirlo como un cuento de hadas”.

Aunque su argumento es el de un film policial, se aleja muchísimo de uno típico. De todas formas, para alguien a quien no le guste el género o sea impresionable, convendría evitar los largos minutos que lleva la autopsia. No porque se muestre en cámara algo desagradable, sino por la crudeza que implica el relato de una autopsia detallada o tan solo por el horror que suscita la idea de descuartizar un cuerpo que perteneció a un ser humano.

El médico es el personaje principal. Un integrante bastante nuevo del grupo, que escucha a todos y les brinda sus consejos. Es una persona herida por la vida, que se encuentra solo y añora tiempos pasados. Su nostalgia está brillantemente ilustrada por Ceylan al mostrar la serie de fotos en las que era joven, que concluye con un primer plano del aún joven y atractivo (aunque maduro) doctor que nos mira a los ojos. Posee una personalidad compleja, al final del film toma una decisión que muestra una faceta no acorde con su honestidad, aunque podría entenderse como un acto de candidez hacia el niño involucrado en la historia.

Así como en la autopsia, hay otras situaciones que muestran en detalle las formalidades que deben seguir los equipos forenses. Es una suerte de ritual que tiene un costado ridículo interesante, difícil de imaginar si no lo vemos plasmado en un film.

Las mujeres no están muy felizmente representadas en la historia, aunque se muestra que son seres con un poder muy grande y, muchas veces, inexplicable. La hija del alcalde de uno de los pueblos vecinos descoloca a todos con su belleza semejante a la de una aparición divina. La mujer del fiscal podría pensarse como un ser vengativo incapaz de perdonar o como una mujer simplemente enamorada. La esposa de la víctima condena al más cruel infierno al sospechoso Kenan tan sólo con una mirada.

Catalogada como “absoluta obra maestra” por varios críticos, no me atrevo a tanto, pero definitivamente me inclino más a eso que a “ininteligible pesadez” o “nada turca”, como la han catalogado otros. Como siempre, queda en ustedes en qué grado del espectro posicionarse.

Ficha técnica:

Érase una vez en Anatolia (Bir zamanlar Anadolu'da),  Turquía, 2011.

Dirección: Nuri Bilge Ceylan
Guion: Ebru Ceylan, Nuri Bilge Ceylan, Ercan Kesal
Producción: Zeynep Ozbatur Atakan, Murat Akdilek, Eda Arikan, Nuri Bilge Ceylan
Fotografía: Gökhan Tiryaki
Música: Erkan Altinok, Thomas Robert, Agce Ulas (Sonido)
Reparto: Muhammet Uzuner, Yilmaz Erdogan, Taner Birsel, Firat Tanis

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