Críticas

Ojalá que nunca

Never Rarely Sometimes Always

Eliza Hittman. EUA, 2020.

Cartel de Never Rarely Sometimes AlwaysPodríamos afirmar, y casi con certeza, que tan solo unas décadas atrás la temática del aborto era un tópico impensable en el cine norteamericano (y del mundo entero). En contraposición, las películas sobre adolescentes vieron desfilar un sinfín de chicos – todos hombres – dispuestos a hacer lo imposible por acostarse con la chica de sus sueños, o perder la virginidad antes que termine el colegio. Vaya contradicción. Inspirado en el caso de Savita Halappanavar, una mujer irlandesa que falleció en el año 2012 luego de serle negado un aborto que pudo haber salvado su vida, el tercer film de Eliza Hittman, Never Rarely Sometimes Always, se estrena en pleno tumulto político, donde varios estados conservadores de los Estados Unidos, como Misuri o Alabama se encuentran impulsando leyes que limitarían el aborto y lo harían ilegal, salvo contadas excepciones. De ser aprobada esta ley, la historia que narra la directora neoyorquina, posiblemente, no formaría parte de la citada excepción. 

“Él me hace hacer cosas que no quiero hacer, él me hace decir cosas que no quiero decir”, canta Autumn en un evento escolar al inicio de la película, casi como un lamento al que nadie le presta atención. En medio del coro, es interrumpida por uno de sus compañeros quien le grita un insulto y la obliga a detenerse a mitad de la canción. Para empeorar las cosas, en una cena de celebración, que de festiva no tiene nada, ante la insistencia de su madre, su padre murmura entre dientes un cumplido forzoso y hace correr el sabor amargo del gesto con un sorbo de cerveza. Una vez sola en casa, Autumn se observa el vientre. Está embarazada.

Fotograma de Never Rarely Sometimes Always

En esta breve secuencia inicial es posible percibir el entorno familiar y social de Autumn, una chica callada e introvertida, pero con la suficiente madurez como para reconocer la toxicidad de la relación de la que, al parecer, acaba de salir, y con la suficiente autonomía para tomar la decisión que toma. Los pormenores del noviazgo con este chico son desconocidos, o tal vez fueron rumores que corrieron entre los pasillos del colegio, pero basta unir las piezas para intuir que quizás algo sucedió entre ellos, algo que ella no quería. Cuando pedir auxilio a sus padres es impensable, con su prima Skyler, Autumn emprende un viaje desde una ciudad rural de Pensilvania a Nueva York en busca de una clínica de aborto que pueda ofrecerle algo más que un par de panfletos sobre la alegría de la maternidad y el ruido de los latidos cardíacos del feto como el sonido más hermoso que escucharía en su vida.

Una cámara en mano acompaña los andares de Autumn, pero lo hace con una prudencia justa que guarda distancia para evitar caer en la explicitud desagradable o el morbo emocional, pero que se adentra lo necesario para discernir aquello que la protagonista no dice en palabras, pero que lo cuenta con el rostro. Ella no articula más que un par de frases en todo el viaje, pero sus acciones sobrepasan obstáculo por obstáculo, a la par que la relación entre ellas encuentra cobijo en los diálogos incómodos y las miradas torpes de complicidad. De la misma manera, pareciera que cada escena omite adrede su resolución a favor de la angustia que se dilata hasta instantes intolerables, en un gesto de respeto hacia el carácter polémico de aquello que narra. Cuando la noche en el metro de Nueva York se torna insufrible, amanece al fin; cuando Autumn tiene una ecografía, la cámara deambula hacia arriba y elige ignorar la pantalla.  

Fotograma de Never Rarely Sometimes Always

Sin embargo, en contraposición lo que se omite convive también aquello que se entromete: la presencia de figuras masculinas que invaden el espacio físico de las mujeres. En Never Rarely Sometimes Always la impertinencia de estas intervenciones se presentan constantemente en los lugares menos esperados y de las maneras más repelidas. En ocasiones, es un acercamiento innecesario que confunde amabilidad con interés, otras, es un beso en la mano protegido por el anonimato del mostrador, y a veces es una simple palmada en el brazo que ocupa un lugar inadvertido en el cuadro en un gesto agresivo. Recalcar estas sutilezas que ocurren a diario en la vida de estas mujeres es ilustrar apenas una migaja que se desprende de las dinámicas sociales actuales, donde no es sorpresa afirmar que ante la mirada masculina una adolescente con vida sexual es despreciable; en este mundo machista, el goce solo puede girar alrededor de quien ostenta el control. Es así que Autumn y Skyler se encuentran sumergidas en un ambiente de enemistad cotidiana, donde los hombres que la rodean exhiben comportamientos de dominación basados en la premisa de superioridad, conductas que tienden a perpetuarse y a replicarse en cada ámbito, y a las cuales tanto ellas como nosotras nos hemos tenido que habituar a la fuerza, porque nos queda otra. 

Y aquí la relación de este entorno que desemboca en lo punzante del título. Never Rarely Sometimes Always se refiere a las posibles respuestas de un cuestionario que una debe contestar antes de practicarse un aborto. En la escena más dramática del film, enmascarada bajo la apariencia de un trámite burocrático, una asistente social lee una serie de preguntas, una por una, hasta que su presencia se desvanece y no queda más que el silencio del quiebre emocional de Autumn, que revela la subordinación constante de su cuerpo y las consecuencias indeseadas de lo que otro decidió por ella. Es aquí donde Hittman encuentra el espacio pertinente para entablar un diálogo directo tanto con su personaje, porque somos nosotros los que en cierta manera ocupamos la posición de la asistente y realizamos las preguntas, como con el espectador, pues apela a un breve lapsus de introspección sobre nuestro propio historial. El lugar desde el cual se observa a la adolescencia no se interesa por convencer, sino más bien por comprender aquellas situaciones que nunca deberían darse, pero que ocurren raramente, en ocasiones, o en el peor de los casos, siempre. 

Tráiler:

Ficha técnica:

Never Rarely Sometimes Always ,  EUA, 2020.

Dirección: Eliza Hittman
Duración: 101 minutos
Guion: Eliza Hittman
Producción: BBC Films / Cinereach / Mutressa Movies / PASTEL / Rooftop Films / Tango Entertainment. Distribuida por Focus Features
Fotografía: Hélène Louvart
Música: Julia Holter
Reparto: Sidney Flanigan, Talia Ryder, Théodore Pellerin, Ryan Eggold, Sharon Van Etten, Drew Seltzer, Lester Greene, Kim Rios Lin, Luz Ozuna, Brett Puglisi, Aurora Richards, April Szykeruk, Alana Barrett-Adkins, Michael Erik, Guy A. Fortt, Rose Elizabeth Richards, Deepti Menon, Carolina Espiro

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