Críticas

Retrato político de un artista

Martin Eden

Pietro Marcello. Italia, 2019.

Cartel de la película Martin EdenPareciera que el concepto de política en cuanto necesidad artística hubiese desaparecido en las últimas décadas; el artista ya no obedece a la necesidad de cambiar el mundo o analizar y deconstruir los productos culturales que nos rodean. La finalidad de las obras de arte, desde los ochenta, se instaura más bien en la relación entre producto y consumidor, poniendo así de relieve la estructura estética o su objetivo de entretener; en el caso del cine, por ejemplo, mucha importancia se ha dado y se continúa dando a la arquitectura de lo que podríamos llamar el desarrollo del cuento, la división en actos (tres) que está en la base de la mayoría de los productos fílmicos. No se quiere decir aquí que lo estético y lo textual (el guion) sean detalles menores, sino que a lo que seguimos enfrentándonos en cuanto espectadores es, muchas veces, el resultado de darle más importancia a estos dos factores, como si lo político fuese algo de lo que hubiera que deshacerse. Es posible así hablar de lecturas psicológicas, culturales, narrativas, hasta entrar en el campo de los arquetipos y basar nuestro análisis (consciente, para los que analizan las películas; subconsciente, para los que solo las consumen) en una forma más cercana a nuestras maneras de ser hoy en día; la política, efectivamente, parece ser un tema del que mejor sería escapar.

La necesidad, por parte de Pietro Marcello, de entablar un discurso político resulta ser entonces un anacronismo, la recuperación de una técnica discursiva cuya única posibilidad sería la de resultar un ejercicio entre lo antropológico y lo arqueológico, una mirada hacia atrás a las producciones de bajo presupuesto, pero políticamente vivas, de los grandes autores (principalmente italianos) de los sesenta y setenta. De todas formas, Marcello demuestra saber salir de la simple presentación fría y aséptica de un arte al que hoy ya no estamos acostumbrados: Martin Eden es un filme político porque quiere serlo, porque su estructura se desarrolla en el diálogo necesario que el artista entabla entre el mundo como es y el mundo como debería ser; la presencia de la realidad y de las diferencias de clase sirven así en cuanto punto de partida y punto de llegada de una evaluación de los mecanismos culturales y económicos que hacen que el mundo presente una cara diferente, según los puntos de vista (las clases) adoptados. El artista se deshace de sus características románticas y profundiza en el compromiso social, en la necesidad humana (ética y moral) de contar la realidad sin embellecerla y volverla digerible.

Fotograma de Martin Eden

De hecho, a Martin Eden se le dice que sus escritos son demasiados violentos, demasiados negativos: la gente tiene derecho a divertirse, y solo si la gente se divierte estará lista para pagar el billete de entrada. La frustración de Martin Eden se divide así, aumentando su tamaño, en una serie de dificultades que parecen bloquearle y quitarle la posibilidad de hablar, de ser, de escribir; el amor por la literatura, su decisión de convertirse en un escritor, choca contra un mundo editorial que solo premia a los que hacen que sus lectores se sientan bien, felices, mientras que el amor por su novia se ve dificultado por una diferencia de clase, de educación y de perspectivas y visiones en lo que se refiere a su futuro. Se subraya además la (casi) imposibilidad de sobrevivir a través de la escritura y la frustración más que humana ante puertas que se cierran sin que alguien nos diga cuándo va a terminar nuestra búsqueda. Pero no se trata simplemente de ser grandes escritores, sino de usar el medio de la escritura para desvelar la realidad social que se esconde allí donde el arte parece no tener libertad de existir, los estratos sociales más bajos, los de los obreros y de los campesinos que no saben leer ni escribir o que, si saben, no tienen tiempo.

Esta necesidad política se espeja también en una fotografía excelente, recuerdo de un mundo pasado que nos acerca a la década de los setenta. Ver Martin Eden significa volver a un tiempo preciso, y no por una simple elección estilística, un guiño estéril, sino porque al espectador se le hace saber que lo que está viendo forma parte de un discurso cinematográfico que nace en un momento histórico determinado y que hoy en día es fundamental volver a utilizar, una resurrección que nos demuestra cómo lo político tiene derecho a estar en la pantalla, necesidad esta que se basa en la idea de que el arte es un instrumento que permite una revolución cultural, un cambio social hacia lo mejor, lo cual está en relación con el concepto de evolucionar hacia un nivel más ecuo, más justo. Martin Eden es, entonces, una manera de hacernos ver lo que significa usar el arte para transmitir un mensaje político, social; espejo en el espejo, triple ejecución de un diálogo, con el público, con el cine y con la literatura.

Martin Eden, crítica

Resulta un poco decepcionante notar cómo la huella artística del autor parece perder la brújula hacia el final de la obra: lo que antes había tenido una estructura sólida, concreta, y hasta poética, presenta aquí una forma caótica, superficial y profunda al mismo tiempo, pero sin aquella necesaria capacidad de medir los dos niveles; así como Martin parece haber perdido su yo, nosotros también nos movemos sin saber dónde estamos ni a dónde tenemos que dejarnos llevar. El ritmo, antes con cierta perfección, se hace demasiado inconsistente, y no logramos entender bien lo que está pasando, por qué Martin hace lo que hace y se siente incómodo consigo mismo. Es como si Marcello hubiera perdido la capacidad de transferir el cuento de Jack London al lenguaje cinematográfico y no se hubiera dado cuenta de que esta última media hora más parece una traducción inacabada de una estructura literaria a la pantalla. Pero el filme funciona, nos permite acercarnos a la vida de un ser humano (un artista) sin que se presenten todos aquellos detalles demasiado sentimentales y románticos a los que nos han acostumbrado; si esta película va a ser solo la coda de un camino ya terminado, el cine político, entonces se podrá decir que el telón se cerró bajo los aplausos.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

Martin Eden ,  Italia, 2019.

Dirección: Pietro Marcello
Duración: 129 minutos
Guion: Maurizio Braucci, Pietro Marcello (Novela: Jack London)
Fotografía: Alessandro Abate, Francesco Di Giacomo
Música: Marco Messina, Sacha Ricci
Reparto: Luca Marinelli, Carlo Cecchi, Jessica Cressy, Denise Sardisco, Vincenzo Nemolato, Carmen Pommella, Autilia Ranieri, Marco Leonardi, Savino Paparella, Elisabetta Valgoi, Pietro Ragusa, Giustiniano Alpi, Anna Patierno, Vincenza Modica, Gaetano Bruno, Maurizio Donadoni, Chiara Francini, Aniello Arena, Giuseppe Iuliano, Peppe Maggio, Franco Pinelli, Lana Vlady, Diego Sepe, Sergio Longobardi, Giordano Bruno Guerri

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