Críticas

La insoportable pesadez del no ser

Los olvidados

Luis Buñuel. México, 1950.

Cartel de la película Los olvidadosCuando la realidad es muy dura, puede pasar que suceda ante nuestros ojos, sin dar lugar a ninguna acción de parte nuestra, sin ninguna reacción ante la imposibilidad que sentimos de responder efectivamente. Parece incomprensible que, con tanto progreso y modernidad, se escondan en las grandes urbes, detrás de la opulencia y del orden, tragedias y comportamientos oscuros e injustos, en los cuales están atrapados miles de seres humanos, olvidados, sin que realmente haya mayor esperanza ni salida. El surrealismo permite una aproximación a esas realidades que queda impresa en el inconsciente y que puede ir dejando huellas de interpretación y de acción insospechadas, cuyos alcances pueden ser más efectivos que las medidas directas y las visiones realistas.

En este sentido, es interesante señalar que la película de Luis Buñuel fue rechazada, en un principio, en Ciudad de México y no alcanzó a estar más de tres días en cartelera, seguramente por mostrar una visión descarnada de las zonas pobres de la gran urbe mexicana, en la cual es palpable que cada día suceden eventos verdaderos ante los cuales nada importante hace la sociedad organizada, entre otras cosas, porque no existe conciencia real de tales cosas, sino un especie de olvido existencial. Pero como se trata de una obra surrealista, rica en cuadros artísticos, en imágenes subliminales y oníricas, como es una fina obra de arte, finalmente la película se convierte en famosa, premiada en Cannes y reconocida internacionalmente. Ya pintada con esas tonalidades artísticas, el espectador puede superar la evidente tragedia que lo golpea y lo cuestiona por ser parte de esa sociedad que olvida, y aproximarse a la obra de arte, al trabajo del gran cineasta Luis Buñuel, algo que podemos apreciar y disfrutar con cierta comodidad.

Fotograma de la película Los olvidadosSin embargo, hay una trampa escondida en la visión artística y surrealista: Va a perdurar, va a mantener un impacto más allá de las décadas y de la superación aparente de los problemas y de la evolución y el cambio en las realidades que describe. Esto se logra por su capacidad de dejar huella en el subconsciente de los espectadores.

Resulta que todos nos podemos identificar con las crudas realidades descritas magistralmente en las historias del filme, aun cuando no estemos tocados directamente por la pobreza, el crimen, la injusticia o el abandono. En efecto, se presentan temas esenciales: la carencia de comunicación en los hogares, la explotación de la mujer y el machismo, la falta de una figura paterna en algunos hogares y, en otros, la de una materna, las malas influencias en los jóvenes que hacen parte de bandas y pandillas y la casi inevitable perversión resultante, la presencia del desempleo y la ausencia de oportunidades, el abandono y la mugre, la depresión, el hacinamiento y la promiscuidad. Estos temas nos tocan, aunque sea como amenaza potencial, pero, ¿dejan huella permanente o se quedan en el olvido, semejante al que experimentan los personajes de la película? Entra acá a funcionar la maestría de Buñuel, sea ella propuesta consciente o inconscientemente, al utilizar montajes y diseños que logran penetrar profundamente en los espectadores.

Los ovidadosUno de ellos, es la presencia de burros, perros, vacas y gallinas en la cinta. Estos aparecen de forma regular, a intervalos casi precisos en el caso de las gallinas: Caen en un vuelo que se antoja majestuoso, matizando una escena; se atraviesan entre los personajes; sufren la rabia de Pedro, uno de los protagonistas, que en su desenfreno mata un par de ellas; corren a campo traviesa en bandada escandalosa. Es difícil imaginar un animal menos simbólico que la gallina, con su falta de gracia y sus cacareos; y sin embargo, aparece en momentos claves de la película, como indicando que la fanfarria de los olvidados no pasa de ser un cacareo desafinado e inoportuno. Las vacas y su leche constituyen otros marcadores de la cinta, la leche como símbolo de la humilde opulencia a que pueden aspirar los olvidados. En una escena única, es alimento directo de la teta a la boca de “Ojitos”, el niño campesino abandonado, que mama de ella, como si de su madre se tratara; en otra, es pretexto para que la inquietante joven Meche nos muestre sus bellas piernas, masajeándolas con toquecitos lácteos. En cuanto al burro, hay una escena impactante en la cual, en contraluz, sobre una colina, va llevando sin muchas ganas el cuerpo encostalado, sin vida, del niño Pedro hasta un muladar, donde va a ser arrojado, como cualquier basura, mientras Meche y su abuelo lo van halando. El burro, como los humanos ignorantes, no sabe lo que hace, es un instrumento de las circunstancias y en este caso, la mejor carroza funeraria a que puede aspirar un niño asesinado, olvidado, azotado por el infortunio.

Imagen de la película Los olvidadosOtro artificio surrealista es el protagonismo que se da a los sueños, como indicadores de profundas raíces que explican los conflictos y las frustraciones de los personajes, en este caso, niños carentes de afecto y de atención y, por ello, casi incapaces de recibirlo cuando se presenta. Sueños de luz, de madre vestida de blanco y cariñosa; de manos que se extienden, sueños de retorno y de descanso. Estos aparecen, de cierta forma, para tonificar la dureza de las escenas del diario vivir y para dar a entender que esos personajes olvidados no carecen de imaginación y de potencia espiritual y soñadora, a pesar de sus circunstancias.

Un tercer artilugio es la presentación cruda, sin concesiones, de la violencia infantil y juvenil contra personajes, en apariencia, indefensos: un ciego músico que gana su sustento cantando y tocando en las calles y un vendedor inválido que mueve en un carrito de ruedas su cuerpo carente de piernas. El ser humano pierde su inocencia infantil cuando se vuelve cosa manipulada y se deja arrastrar por ideales de pandilla, de materialismo o de venganza; el joven pierde su idealismo cuando lo azota el desempleo y se le cierran los caminos.

Crítica de la película Los olvidadosNo hay héroes en estas historias olvidadas, ni trama que vaya resolviendo las situaciones hasta llegar a un final feliz o por lo menos concluyente, cada personaje se queda a solas, bajo el peso insoportable de circunstancias que se antojan invencibles. La música enteramente simbólica de estos sentimientos, a veces, chirrea estridente, por momentos acompaña con pequeñas sensaciones de esperanza, pero no logra superar la insoportable pesadez que se siente en el olvido, esa zona desafortunada donde se niega al ser.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

Los olvidados ,  México, 1950.

Dirección: Luis Buñuel
Guion: Luis Buñuel, Luis Alcoriza, Max Aub, Juan Larrea, Pedro de Urdimalas
Producción: Óscar Dancigers, Sergio Kogan, Jaime A. Menasce
Fotografía: Gabriel Figueroa
Música: Rodolfo Halffter, Gustavo Pittaluga
Reparto: Stella Inda, Miguel Inclán, Alfonso Mejía, Roberto Cobo, Alma Delia Fuentes, Francisco Jambrina, Jesús Navarro, Efraín Arauz, Sergio Villarreal, Jorge Pérez, Javier Amézcua, Mario Ramírez Herrera, Ernesto Alonso, Victorio Blanco.

6 opiniones en “Los olvidados”

  1. Felicitaciones, muy buena crítica. Tuve la oportunidad de ver esta película hace más de 12 años y aún hoy la recuerdo intensamente.

    La crudeza con la que muestran la pobreza y la violencia es impactante.

    Una de las películas que considero imperdibles.

  2. Una verdadera joya cinematográfica, donde se presenta el verdadero rostro de la pobreza, no de forma estereotipada como en las de Ismael Rodriguez

  3. Yo tuve la oportunidad de verla hasta hoy. Y la repetiran mas tarde y pienso verla de nuevo. Mi pregunta es y disculpen mi ignorancia, Mexico realmente fue asi en esos años? Soy de Costa Rica, un pais pequeño, tercer mundista y pobre, aqui tenemos pobreza como en todo latinoamerica, conosco bastantes lugares pobres y fatales de mi pais, pero nunca he visto una descripcion tan cruda como la q obseve en esta extraordinaria pelicula

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