Viñetas y celuloide 

Las muchas caras del Joker, primera parte

Estas semanas nos hemos visto sorprendidos con no pocas imágenes llegadas desde el plató de rodaje del nuevo proyecto relacionado con El Joker, el eterno enemigo de Batman. Para la ocasión, parece ser que veremos una historia de orígenes, centrada en la vida anterior del siniestro personaje, antes de convertirse en el asesino payaso. Por supuesto, la polémica está servida. Las redes dan gasolina al eterno debate acerca de la autenticidad de esta renovada versión del histriónico villano, tal y como ocurrió con aquella desaprovechada versión de Jared Leto. Todo esto, antes de ver el resultado final, claro.

Lo que indica tanto revuelo, desde mi punto de vista, es el desconocimiento de la historia de El Joker a lo largo de los años y, sobre todo, la falta de referentes, que se reducen a la adaptación de Nolan para su trilogía, llevado a la pantalla por un excelso Heath Ledger. Aunque se trata de un magnífico personaje, no deja de ser la visión de Nolan acerca de una creación con muchas caras, y que de hecho poco tiene que ver con el rey payaso del crimen que se pasea por la Gotham de las viñetas, como veremos a lo largo de este artículo.

El Joker, como el propio Batman, es un personaje de múltiples caretas, así que os propongo un viaje alrededor de su figura, tanto en televisión, cine o videojuegos, partiendo de su origen en el mundo de los cómics. Veamos las muchas caras de este ser de maldad pura, y, si es posible, encontrar en alguna al verdadero Joker.

AQUELLOS PSICÓTICOS AÑOS

Joker aparecía por primera vez en el número 1 de la colección de Batman, que saltaba a una cabecera propia después del éxito arrollador de su paso por Detective Comics. Para su creación, Bill Finger, Bob Kane y JerryRobinson se basaron en la tétrica imagen de Conrad Veidt en la película El Hombre que Ríe, basada en la novela de Victor Hugo. En aquellos primeros tiempos, este criminal era un violento asesino que dejaba el comodín de la baraja como señal identificadora de sus crímenes. Esa imagen primigenia quedó sepultada por la aparición del infame Comics Code Authority, una suerte de autocensura de las grandes editoriales de cómics para calmar los ánimos de una sociedad que señalaba directamente a estas publicaciones como origen de todos los males posibles. El psicópata de las primeras apariciones se transformó en el colorido bufón que trotaba por las páginas de Batman, cometiendo travesuras, más que crímenes o amenazas considerables. En este momento, llega a la televisión el programa basado en las aventuras de Batman, auténtica serie de culto que se basaba en el humor inocente e infantil que, por otra parte, era el tono de las aventuras del cruzado de la capa en las viñetas.

EL BIGOTE DE EL JOKER

En la serie, el bufonesco personaje estaba interpretado por una leyenda de Hollywood, César Romero. Durante su estancia en la serie, Romero se negó con rotundidad a afeitarse el bigote, que consideraba una seña de identidad, así que es curioso ver a este Joker con el visible mostacho del actor cubierto de maquillaje blanco para la ocasión.

La histriónica interpretación aparecida en la serie de TV se convirtió casi en canónica, y sirvió de imagen oficial del personaje hasta bien entrados los 70. De hecho, toda una generación crecida delante del televisor tenía a Romero como referente a la hora de interpretar al Joker, y se puede comprobar esta influencia en, por ejemplo, la visión de Tim Burton acerca del universo Batman en su película de 1989. Burton despertó la Batmanía en todo el mundo, y puso al cine de superhéroes en un lugar estilístico y comercial donde, en realidad, nunca había estado (salvo por aciertos casi anecdóticos como el Superman de Richard Donner), y dejaba para el recuerdo la magnífica actuación de Jack Nicholson como el psicópata más famoso de todo Gotham. Aunque hay evidentes influencias de La Broma Asesina (de la que luego hablaremos), el referente real de esta película era la serie de TV, más propia del universo personal de Burton, que mezcló en su extravagante brebaje para darnos un personaje único, la versión totalmente salida de madre de aquel payaso inofensivo interpretado por Romero

EL RETORNO DEL REY PAYASO

A finales de los 60, las colecciones relacionadas con Batman sufrieron una profunda transformación, con la clara intención de dejar atrás el colorido pop de la década anterior. El aterrizaje de Dennis O’Neil y Neal Adams a estas cabeceras fue fundamental para el retorno del cruzado de la capa a un terreno que había perdido con el paso del tiempo. O’Neil y Adams provenía del mundo del cómic de terror de la famosa editorial Warren, y fueron capaces de envolver a Batman con la oscuridad gótica que era signo de identidad en aquel lejano origen de los años 40. El Caballero Oscuro hacía honor a su nombre, y volvía a representar la imagen nocturna de vengador urbano. En su mítica estancia como responsables de las historias de Batman, añadieron a la mitología del murciélago enemigos terribles como Man-Bat o Ra’s Al Ghul. Cómo no, también pusieron su mirada en el Joker, que reaparecía en la vida de Batman con el punto de inteligencia demoníaca que se echaba de menos en el personaje. Aunque sus planes todavía tenían el guiño pintoresco de épocas más coloridas, la actitud de Joker distaba mucho del bufonesco gamberro de los años 50. El Joker de O’Neil era mortal, obsesivo, desquiciado y, por fin, terrorífico. La enorme sonrisa de su rostro era el gesto de la locura. Si había que dejar un reguero de cadáveres para llevar a cabo sus planes, no era un problema. El villano definitivo de la mitología del murciélago se ganaba su puesto en esta renovada concepción de Batman, una mirada al pasado para colocar al personaje en el futuro, puesto que el trabajo de O’Neil y Adams se convirtió en referencial para cualquier autor que se pusiese al frente de los cómics del murciélago.

El Joker de Marshall Rogers

Unos años después, Steve Englehart y Marshall Rogers terminaron el trabajo de O’Neil y Adams, dejando para la historia una etapa de Batman recordada como canónica por los aficionados al cómic. En apenas un año, como equipo creativo, dejaron un Joker que, durante muchos años, se consideró referente. Engleheart daba el paso necesario y lleva a Joker al límite homicida que no habían cruzado autores anteriores. Un plan absolutamente demencial para hacerse rico, a costa de la ciudad de Gotham, deriva en venganza contra aquellos representantes políticos de la ciudad que cortaron de raíz sus intenciones “comerciales”. El Joker deja un buen puñado de víctimas y pone a Batman en jaque, obligado a predecir los movimientos de su eterno enemigo.

La fabulosa etapa de Englehart y Rogers nos dejó para la posteridad las versiones más conocidas de muchos enemigos clásicos de Batman, como Hugo Strange (rescatado como amenaza en el videojuego Arkham City), Pingüino o Deadshot, además de inventar para la viñeta a la mujer que puso patas arriba la vida de Bruce Wayne como pocas lo han hecho. Silver St. Cloud era la chica, amigos. Tan importante sería con el tiempo este dúo creativo que, muchos años después, plantearon una secuela de esos números en los que definieron el universo del murciélago, enmarcada en una miniserie creada para la ocasión que se llamó Dark Detective. Hablaremos de ella en la segunda parte de este artículo, puesto que ofrecía otra vuelta de tuerca a la figura de Joker digna de mención. Un poco de paciencia, porque antes hablaremos de otros momentos definitorios de nuestro payaso favorito en la década de los 80.

LA BROMA ASESINA

Sin duda alguna, si hay una obra centrada en El Joker que ha marcado la identidad del personaje es esta historia perpetrada por Alan Moore y Brian Bolland. Escrita en 1988, La Broma Asesina pertenece a ese grupo de obras que significaba un antes y un después en la industria del cómic americano en la década de los 80, y que daba el paso definitivo para dotar al medio de una identidad propia, alejada de los tópicos que quedaban atrás gracias a cómics cargados de profundidad argumental y simbólica. El propio Moore, acompañado por artistas como Frank Miller, Neil Gaiman o Grant Morrison dirigían su atención a unos lectores que ya no eran niños, y exigían al cómic de superhéroes una evolución acorde a las aspiraciones narrativas de toda una generación que había intelectualizado lo que en otrora no pasaba de ser un divertimento gráfico.

Moore escribió la que debía ser la historia definitiva sobre El Joker. En 46 páginas, se las apañó para definir al personaje de manera rotunda, no solo como ente individual, si no en lo que respecta a su relación con Batman. El Joker de Moore es el psicópata desquiciado de las interpretaciones de por aquel entonces, pero el obsesivo escritor británico dotó de la profundidad tridimensional que otros autores habían ignorado en aras de construir un personaje definido únicamente por su maldad.

En la novela gráfica de Moore, El Joker centra su atención en el comisario Gordon, imagen de la justicia y la honradez en un entorno podrido como Gotham City. El rey payaso del crimen está empeñado en demostrar que hasta el más brillante de los hombres puede convertirse en un monstruo como él si cuenta con los alicientes adecuados, así que se embarca en una oleada de locura perversa para arrastrar a Gordon a su distorsionado mundo.

La sonrisa de Joker resulta más heladora que nunca, y Bolland construye un extraño universo que parece la mezcla insana de Freaks, la película de Tod Browning, y el gamberrismo hortera que siempre ha sido seña de identidad de nuestro protagonista. El horror criminal del Joker llegaba a un punto nunca visitado y acuñaba de manera canónica la forma de entender la perturbada mente del eterno villano para cualquier autor que se acercase al personaje.

Para dotar de entidad al plan de Joker, Moore se adentró además en terreno desconocido, al ofrecernos una mirada al pasado del mortífero payaso, motivo de polémica desde su misma publicación. Aunque necesario en el contexto de la historia, lo cierto es que este origen nunca fue del gusto de todos y ha sido revisado en multitud de ocasiones posteriores (como ejemplo, la reescritura que realiza Scott Snyder en su etapa reciente al frente de la cabecera Batman, de la que hablaremos en la segunda parte de este artículo). Incluso hay críticos que apoyan la teoría de que este pasado imaginado por Moore no es más que una fantasía construida por la perturbada mente del psicópata de Gotham, llevado por el intento de humanizar su carrera criminal.

En todo caso, La Broma Asesina dejaba patente la intensidad de la relación entre el Caballero Oscuro y su némesis, rubricada en uno de los mejores finales de la historia del cómic. Abandonada toda esperanza de redención, El Joker se enfrasca en un fabuloso monólogo, irónico y trágico, que cierra la historia de manera magistral. Estas revisiones, lejos de estropear la lectura, han conseguido que La Broma Asesina perdure en el tiempo como uno de los mejores relatos protagonizados por Batman, e incluso con más de 20 años a las espaldas, todavía es referente y motivo de no pocas discusiones.

Las consecuencias de La Broma Asesina para El Joker fueron manifiestas, puesto que servía de punto de inflexión para tratar con el personaje y su locura, pero no fue el único miembro de la Batfamilia que alcanzaba un nuevo estatus. Víctima de la locura de Joker, Bárbara Gordon, hasta ese momento la pizpireta Batgirl, quedada postrada en una silla de ruedas tras recibir el icónico  disparo. En los años posteriores, Bárbara se adaptaba a su situación y utilizaba sus habilidades detectivescas bajo la identidad de Oráculo, una especie de servicio de información y control de superhéroes que contaban con su ayuda en la sombra para combatir el crimen en Gotham City.

Y hasta aquí la primera parte de este recorrido por la vida del habitante más terrible de Gotham. En la segunda entrega, hablaremos del Joker post broma asesina, convertido en el horror incontrolable y caótico que los lectores de Batman tienen como referente básico. A lo largo de los años sufrió bastantes variaciones, dependiendo del autor que se hiciese con sus riendas y sus ideas más o menos extravagantes sobre el funcionamiento de la mente de este famoso personaje. Por supuesto, hablaremos de la visión de Nolan, y de cómo, aunque es un personaje brillante, poco tiene que ver con su versión en viñeta.

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