Críticas

El humano opresor y el maniquí inerte: Teatro de la dominación y la pérdida

Las amargas lágrimas de Petra von Kant

Die Bitteren tränen der Petra von Kant. Rainer Werner Fassbinder. Alemania del Oeste (RFA), 1972.

poster_vonkantRainer Werner Fassbinder no era un director muy dado a las entrevistas. En alguna de ellas, asegura preferir una muerte prematura y concluyente ante una vejez tranquila y dilatada. Así de claro y rotundo era el director alemán. Con solo 37 años abandona el mundo mediante  una sobredosis y deja un impresionante legado de más de cuarenta películas, obras de teatro y televisión. Su cine no era distinto a sus palabras. Durante su carrera llega a realizar hasta tres películas por año, todas ellas dotadas de una personalidad tan robusta y característica que abren una brecha para lo que sería el denominado nuevo cine alemán. Fassbinder fue uno de los responsables de ese nuevo aire artístico que se desenvolvía entre largos planos secuencia, una cuidada puesta en escena y una reconocida influencia teatral. Su sello nihilista y tormentoso con respecto a la vida y a los sentimientos humanos también fue aplicado durante toda su obra. Las amargas lágrimas de Petra von Kant fue un magnífico ejemplo de todo ello.

Los primeros rayos de sol de la mañana cogen desprevenida a Petra von Kant, diseñadora de moda de gran fama y prestigio. Marlene, una sirvienta de rostro serio y caricaturesco, que se mantiene sin decir una sola palabra durante el filme, sube la persiana mientras Petra le reprocha la poca delicadeza. Marlene no es una  sirvienta común, bajo ese aspecto intrigante se encuentra una sumisa al más puro estilo de la dominación, lo que dialécticamente Hegel expondría en su teoría del amo y el esclavo, y del que Sartre, más tarde, complementaría, llevándolo a las relaciones sentimentales. Una mujer totalmente oprimida bajo las órdenes de Petra, su ama. El trato arrogante y despectivo se hace notar en los primeros minutos. La habitación es una especie de taller de creación con una enorme cama blanca, que servirá como único escenario para desarrollar la historia. No es de extrañar las múltiples adaptaciones al teatro de la obra de Fassbinder, pues podríamos decir que una cama, algunos objetos como maniquíes y la interpretación excepcional de sus actrices es todo lo que el director necesita para crear la obra o, dicho de otro modo: teatro dentro del cine.

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Lo que distingue de filmar una simple obra teatral con la cámara a lo que hace el director es evidente. La puesta en escena y los pocos objetos que muestra sirven para dotar a la imagen de puro significado. Las actrices se mueven en la composición del cuadro para crear estados de ánimo psicológicos, incluso las proporciones de las actrices acentúa ese significado de dominación. Cada plano cuenta de una belleza estilística y simbólica de fuerza para que la imagen impulse, por sí sola, la psique de sus protagonistas.

Una amiga, Sidonie, va a su casa y mantienen una larga y tendida conversación sobre el fracasado matrimonio de Petra con su ex marido. Habla desesperanzadamente sobre la falta de valores de la vida conyugal, la fuerza psicológica que hay que tener en algo que está destinado per se al fracaso y el juego de dominación que se crea entre ambos cuerpos, un juego de humillación y seducción, que se contradice y se complementa de forma inexplicable. Mientras se mantiene la dialéctica, la cámara recorre los rostros, prestando una atención especial a Marlene, que deja de dibujar para escuchar las palabras de Petra. Parece que le afectan de algún modo extraño. La incógnita sobre quién es Marlene es, en realidad, como una habitación que tiene muchas puertas y cada una de ellas, una teoría diferente. Sin embargo, quizás la cámara revele la pista única que hace pensar que Marlene está estrechamente relacionada con lo que Petra cuenta sobre su pasado y su matrimonio. El primer punto de giro de la trama es tan sutil como oportuno. Sidonie invita a casa de Petra a una amiga suya, Karin, que intenta hacerse un hueco en la ciudad. Ella es recién llegada y no sabe muy bien por dónde tirar. Es hermosa, sensual, y Petra von Kant se enamora irremediablemente de ella en poco tiempo, así que le promete un trabajo para abrirse paso como modelo, con la intención de mantenerse cerca de ella. En una segunda entrevista, conocemos más en profundidad a Karin, ella es joven, perezosa y melancólica. Tiene esa distraída libertad juvenil que Petra ha perdido hace años. Ella le convence de que todo el mundo necesita un empujón para llegar a ser alguien y le invita a mudarse a su habitación. Mientras la hermosa Karin habla sobre las relaciones de su pasado, Petra la observa con fascinación y delicadeza.

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Petra y Karin han mantenido una relación sentimental. El punto medio restringe estas acciones y pasa directamente a una elipsis en la que vemos a Karin tumbada en la cama leyendo una revista. Es una manifestación visual de lo que ha ocurrido con el tiempo. No solo Karin llega a instalarse en casa de Petra y a trabajar para ella, sino que ahora nada es lo que parece. Ella ha ocupado la cama de Petra, literalmente, en la que durante la primera hora Petra era la dueña, incluso ha quedado relegada a un pedacito de la pantalla, mientras que Karin ocupa proporciones más considerables. Ha habido un intercambio de posesiones, de dominación. Enseguida, el director lo remarca con un diálogo en el que Karin le pide cosas a Petra, de la misma manera que Petra le pide cosas a Marlene. Karin ha convertido a Petra en su Marlene particular, en alguien que obedece, víctima del amor incondicional que siente hacia la joven.

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Cuando la liberal Karin le confiesa su infidelidad con un hombre, Petra se desmorona hasta caer en una profunda depresión. Para colmo, su marido está en la ciudad, y decide coger un vuelo para estar con él; una forma peculiar de abandono. La familia de Petra va a visitarla en sus horas más bajas. Su hija y su madre se presentan como seres que nunca han ocupado un lugar importante en su vida. Sumida en el más doloroso de los tormentos, bebe sin tregua junto al teléfono, esperando una llamada de su preciada Karin. Después de un breve y conciso contacto con ella, resurge una nueva Petra, más lúcida y compasiva, en definitivas cuentas, más humana. Su rostro ahora es bondadoso y caritativo, como el de una niña. Le ofrece la oportunidad a Marlene de que se siente con ella y le hable de su vida, le ofrece de igual a igual, no de ama a esclava, sino de mujer a mujer. La reacción de Marlene ante tal propuesta es el punto y final, elevando el simbolismo que sobrevuela la obra hacia su significado último. Una reacción extrema que termina de forma absolutamente brillante.

Las amargas lágrimas de Petra von Kant acude a las entrañas del ser humano, de su inconsciente perturbado y sus manifestaciones catárticas de agonía y contradicción.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

Las amargas lágrimas de Petra von Kant (Die Bitteren tränen der Petra von Kant),  Alemania del Oeste (RFA), 1972.

Dirección: Rainer Werner Fassbinder
Duración: 124 min. minutos
Guion: Rainer Werner Fassbinder (Obra: Rainer Werner Fassbinder)
Producción: Filmverlag der Autoren, Tango-Film
Fotografía: Michael Ballhaus
Música: Peer Raben
Reparto: Margit Carstensen, Hanna Schygulla, Irm Hermann, Eva Mattes, Katrin Schaake, Gisela Fackeldey

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