Críticas

Sobre torpezas e incomodidades

La protagonista

Clara Picasso. Argentina, 2019.

Cartel de La protagonistaUna mujer sentada en una cafetería anónima da lecciones de español a un extranjero. Su celular suena una y otra vez, casi al hartazgo. Es nuevo, dice ella. No sabe cómo silenciarlo, se justifica. El aprendiz, impaciente y de espaldas, repite la misma frase con la misma insistencia que las alertas de mensajes. De pronto, en medio de las inagotables interrupciones, la mujer se percata del arribo de dos asaltantes y, en su ingenuidad y desesperación por rendirse ante los maleantes, se agacha y, sin querer, tumba con su pierna estirada a uno de los hombres. De un segundo al otro, esta mujer, Paula, se convierte en la heroína de su barrio.

Una idea central prima en La protagonista: Paula y nadie más que Paula es el personaje principal del relato. Como tal, su presencia invade el plano e imposibilita la visibilidad de cualquier otra persona, sea una conocida o una reportera, quienes quedan fuera de campo o comprimidas al límite del encuadre. No solo eso, pareciera que ella se reserva el derecho a compartir espacio en pantalla. De la misma manera, en la narración, sus andares anodinos adquieren la importancia de un protagónico en escena; comprar un sándwich de milanesa para el almuerzo es tan crucial como entrar a una tienda de ropas y ni siquiera probarse el vestido que le había llamado desde el escaparate. Los pormenores de su fama repentina son puestos en escena como eventos trascendentales de su vida, la fantasía hecha realidad de cualquier persona que cree vivir una película. Es curioso, además, contemplar el efecto de reacción que suscita en su entorno y que tan rápido se agota, como si la vida transcurriera a la velocidad de un scroll; tan pronto como arrojamos un corazón (la aprobación sintetizada en un símbolo), olvidamos el por qué lo hicimos. 

Fotograma de La protagonista

Clara Picasso, la directora, transita por este mundo ordinario con ligereza, donde a primera vista pareciera acompañar un estado de comodidad transitoria de su personaje, entre llamadas rutinarias a su madre y el mandatario reposo bajo el sol para mantener el color del verano. Pero los subsecuentes cortes a negro, articulados como puntos de culminación episódicos, indagan contradictoriamente detrás de la molestia que esconde el rostro de la protagonista, un fastidio residual, imperceptible, en la sonrisa, pero revelado en el actuar instintivo de Paula. De a poco, un nuevo pedazo de información sustituye las risas de vergüenza embarazosa por empatía. Y frente a esta revelación, un comportamiento desmañado, tanto de ella como de quienes la rodean. 

En La protagonista, existe además una especial atención sobre lo incómodo, casi como si fuera un sujeto de la película y que compite, en preponderancia, en todo momento: cada escena de Paula en que interactúa con otros culmina con un remate de unos segundos que se hacen eternos, aquel silencio donde no queda nada más que agregar que el “no” comprensivo que alarga la vocal final para no callar, fragmentos detenidos en la torpeza. Por otra parte, su profesión como actriz y su desconexión circunstancial con el mundo teatral dialoga sobre cómo es percibida, por los demás, alguien con cara familiar, sea lo que eso signifique, que siempre está en un rol performativo, durante un asado o un asalto. Quizás en todos estos momentos ella esté cumpliendo un rol, el rol de una mujer que, como cualquier otra persona, come, se mira al espejo y vive pendiente de su teléfono. La referencia metalingüística de La protagonista es un tanto irónica. Paula era la actriz protagónica de una obra, puesta en escena durante la temporada anterior de su grupo teatral, y ahora, tras una decepción amorosa, donde lo personal se inmiscuye en lo laboral, es incapaz de asistir a un casting, pero adquiere un ápice de fama al protagonizar una noticia insólita. De las tablas a la televisión y fuera de la película, la actriz interpreta a una actriz en su rol protagónico, obviedades no menores aprovechadas por la película. 

Fotograma de La protagonista

No es novedosa la dependencia depositada en los aparatos celulares y los efectos de la hiperconectividad, ni tampoco es sorpresa cómo las dinámicas de relación se han reconfigurado a raíz de esto. Pero la naturalidad de esta modificación es tan palpable en La protagonista que pareciera reflejar sin caer en exageraciones formas de comportamientos escapistas. ¿Quien diría que para sentirnos seguros bastaría adherir un teléfono portátil a nuestras manos? Así, cuando Paula busca estar sola, se aleja del grupo y sumerge el rostro en la pantalla, o tiene una conversación con otra persona, tan casual, que otro personaje, hablando también por celular, parece contestar a sus preguntas. ¿Quién está detrás de la pantalla de la protagonista? ¿Quién es ese ser anónimo con el cual entablamos una relación de dependencia tan arraigada que la comunicación cara a cara se torna penosa?

Es más, estos artefactos no solo se han convertido en una suerte de barrera o refugio, si se quiere, sino también en el lugar idóneo para la proyección de un imaginario ideal plagado de mentiras casuales. Entre las cosas que hace Paula, viaja a la casa de campo de una desconocida con quien se había encontrado anteriormente en una fiesta y resultó tener amistades en común, quizás por la promesa de disfrutar de una piscina o por la posibilidad de encontrarse con su ex pareja, no lo sabemos. Lo cierto es que, en un momento dado, ella se lleva la decepción de encontrar la alberca convertida en un estanque sucio, pero para los demás, pasó el día refrescándose en el agua fría, una de las tantas aristas de la falsedad moderna. 

Fotograma de La protagonista

La protagonista es una película de situaciones engorrosas, donde lo políticamente correcto plaga con humor las relaciones sociales engañosas. La fragilidad de quien ostenta la importancia en esta historia otorga el prestigio, debido a las angustias cotidianas de nuestro andar ligero, consumado por la era de la desconexión absoluta. 

Tráiler:

Ficha técnica:

La protagonista ,  Argentina, 2019.

Dirección: Clara Picasso
Duración: 65 minutos
Guion: Clara Picasso
Producción: Universidad del Cine, INCAA
Fotografía: Lucas Gaynor
Música: Cheba Massolo (Canción: El Mató a un Policía Motorizado)
Reparto: Rosario Varela, Macarena Suárez, Ignacio Rogers, Facundo Aquinos, Jimena del Pozo, Ailín Zaninovich, Manuel Vignau, Ana Scannapiego, Miguel Beláustegui, Fernando del Gener, Luna Schapira

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