Investigamos 

La posesión: La danza del horror de Isabelle Adjani

Póster promocional de La posesiónAdmito que el cine de Andrzej Zulawski me resulta fascinante. Siempre en la frontera de la irrealidad, sus películas son destructivas, extravagantes, extraordinariamente salvajes y honestas, obcecado en presentar el lado oscuro del ser humano. Paisajes desnudos, desalmados y decadentes, sirven como espejo del despiece impenitente al que somete las relaciones de pareja, representadas como enfermizos laberintos de violencia física y psicológica.

La posesión (Andrzej Zulawski, 1981) puede ser el ejemplo más extremo de esta temática recurrente del autor. Si ya de por sí la historia es una oda a lo truculento, el resultado gana enteros al entender que Zulawski pasaba entonces por su propio proceso de divorcio. Volcó gran parte de su ira y frustración en cada fotograma de este fantasmal y críptico descenso a los infiernos del amor y la pasión, entendidos casi como una adicción (síndrome de abstinencia incluido).

La ciudad de Berlín, desierta, despojada de presencia humana casi en la totalidad de la filmación, sirve de escenario cruel y decadente. El infame Muro rompía la urbe en dos, cicatriz de infausto recuerdo que Andrzej Zulawski utiliza de manera inteligente como metáfora del distanciamiento entre la pareja protagonista. Y es que en los primeros compases lo que observamos sobre la pantalla es el drama de la ruptura, del fin del amor, retratado con especial obsesión a través de una cámara desnuda, descuidada e invasiva. El cineasta nos sumerge en un abismo de gritos, incomprensión y reproches.

Isabelle Adjani en La posesión

Poco a poco, Zulawski revienta las normas de su propia película e introduce, en la cruda realidad húmeda y gris, el elemento paranormal. Si ya de por sí el aspecto de la película tiene el componente onírico del retrato urbano silencioso, espectral y casi claustrofóbico, la entrada de lo fantástico da la última pincelada al espejismo mareante que compone el resultado final de La posesión. 

Del drama familiar al horror de tintes lovecraftianos, con la neurosis sexual y la pasión incomprensible y desmedida como motores de la desconcertante trama, las pulsiones de sexo y muerte conforman este personal estudio sobre la fe, lo divino y lo profano, la fina línea entre el amor y el desprecio, las similitudes de lo repulsivo y de lo sublime.

Si hay una escena que marca al espectador, es la dionisíaca danza de la locura que protagoniza Adjani en el metro de Berlín, transformado en demencial decorado, en el que se sublima la posesión a la que hace referencia el título. De la risa histérica al llanto, al movimiento espasmódico que traspasa el confín de la locura, Adjani se enfrenta como actriz a uno de los momentos más crudos de su carrera. Finaliza envuelta en extraños fluidos, hipnotizada por un ente invisible, que la empuja a romper con una parte de sí misma y a aceptar algo oculto y corrompido. Icónica, angustiosa, desagradable y brutal, Zulawski empuja a su actriz a los brazos de lo imposible.

Una escena que sirve de resumen para el grotesco espectáculo que es La posesión: libre, fascinante, repulsivo y cargado de erotismo enfermizo. Zulawski siempre es descarnado y personal, pero en estos segundos de metraje, muestra además un cine fuera de toda estética y tiempo, enésima demostración de que la belleza y arte tienen infinitas definiciones. E infinitas lecturas.

Ver en YouTube:

httpsv://youtu.be/l7PuXAsPl9c

Una respuesta a «La posesión: La danza del horror de Isabelle Adjani»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.