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La Grande Chartreuse: repetición, ritmo, silencio

La grande chartreuse

 

En 2005, el realizador alemán Philip Gröning sorprendió a todos con una joya cinematográfica inesperada, el documental El gran silencio (Die Grosse Stille), una película de casi tres horas de duración en la que le tomaba el pulso a la vida cotidiana de unos monjes cartujos en la Grande Chartreuse de Grenoble. En un mundo como el nuestro, en el que todos estamos constantemente acechados por las prisas, los compromisos y la vida social, la propuesta fílmica de Gröning resultaba apasionante, ya que permitía al espectador medio acercarse a la vida de unos hombres que habían consagrado su existencia a Dios en mitad de los Alpes, en medio del más absoluto de los silencios, o, mejor dicho, escuchando tan solo los sonidos de la naturaleza y de las tareas cotidianas, desde los cantos y la oración a las labores de sastrería, barbería, jardinería o cocina.

Ahí radica uno de los grandes logros de la propuesta fílmica de Gröning: no perturba lo más mínimo la vida del monasterio, sino que él y su cámara digital se integran perfectamente en la vida monástica sin recurrir a elementos propios de la producción cinematográfica: focos, vestuario, música… La ausencia de la palabra, si se exceptúa la liturgia y los cantos, es casi total, y eso es lo que conforma el “gran silencio” del título.

La grande chartreuseEl gran silencio no es, desde luego, un documental al uso, ya que sus imágenes no sirven como ilustración de explicaciones o interpretaciones, sino que pretenden trasladarnos a la vida monástica. Durante más de dos horas y media, Gröning casi convierte al espectador en un monje cartujo que asiste cómplice, en silencio y sin ser visto, a distintas jornadas en la vida del monasterio, que buscan dejar testimonio del paso de las estaciones. Ahora bien, para repetir esa experiencia, sería imprescindible volver a ver este documental en una sala de cine, donde el espectador pueda dejarse atrapar por la belleza de las imágenes y la tranquilidad de las rutinas en el paisaje nevado de los Alpes.

En España, hubo un preestreno de la película en la iglesia del monasterio cisterciense de San Pedro de Cardeña, en Burgos, con lo que, en cierto modo, la sala de proyección, el continente, se mimetizó con el contenido, El gran silencio. En realidad, el proceso de rodaje de la película fue muy complejo, ya que, hasta su estreno en 2005, el proyecto recorrió un largo camino de veintiún años. En 1984, Gröning pidió permiso a la orden de los Cartujos para rodar en uno de sus monasterios. La respuesta no tardó en llegar, pero decía así: “Es demasiado pronto. Tiene que esperar”.

Pasaron dieciséis años y Gröning recibió una llamada: había llegado el momento y el lugar elegido era la Grande Chartreuse, en los Alpes. Dos años de preparativos, uno de rodaje y otros dos de postproducción han convertido este proyecto en uno de los más dilatados de la historia del cine reciente. Cuando se estrenó, la película fue presentada en el Festival de Venecia y recibió el Gran Premio del Jurado del Festival de Sundance, además de ser considerada el Mejor Documental en los Premios del Cine Europeo. Supuso un gran acontecimiento cultural en toda Europa, pero en Alemania, Italia y Austria se convirtió, además, en un éxito de público. Como afirmaba Borja Hermoso en El Mundo, El gran silencio es “cine insólito, de una belleza extrema, arcaico pero rabiosamente moderno; reivindica la serenidad”.

La grande chartreuseEn una existencia como la nuestra, El gran silencio supone un auténtico jardín de tiempo y, sobre todo, de tranquilidad, y permite que nos demos cuenta de lo necesario que es, en algunos momentos, estar solos con nosotros mismos, para pensar en nuestras vidas, para pensar en nuestros asuntos, en nuestras cosas… Que se lo digan, si no, a Philip Gröning, quien, tras pasar cuatro meses en una celda cartuja, comunicándose con los monjes mediante notas que se dejaban en un buzón, aprendió el auténtico valor de la palabra (y del silencio) al montar las ciento veinte horas de material filmado. El resultado es una película excepcional que, por el uso de la luz y de las sombras, recuerda a la obra de Zurbarán. Eso es El gran silencio: el reflejo de un mundo y de un tiempo que solo pueden existir fuera de este mundo y de este tiempo. Como afirma Antonio Machado en su “Retrato”, “quien habla solo espera hablar a Dios un día”.

Joaquín Juan Penalva

Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de AULA CRÍTICA

2 comentarios para “La Grande Chartreuse: repetición, ritmo, silencio”

  1. Enrique Posada

    El silencio, el espacio que permite la entrada del otro, sea esta persona, animal o cosa universal

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