Críticas

Viaje de carretera por caminos peligrosos

La diligencia

Stagecoach. Gordon Douglas. EUA, 1966.

Cartel de la película La diligenciaEsta nueva versión del clásico de John Ford, de 1939, es una película de carretera al estilo del Viejo Oeste. La carretera está constituida por los primitivos caminos que conectaban los pueblitos y las postas de reposo en el medio; la diligencia es el vehículo, conducido por arriesgados cocheros, acompañados de algún guarda armado en el pescante; los pasajeros experimentan en el filme el viaje de sus vidas, una jornada de transformación, de revelación y de iluminación; el camino atraviesa los ambientes que aportan las circunstancias necesarias para las transformaciones, junto con los personajes que van apareciendo a medida que el viaje transcurre.

Si algo tiene el Viejo Oeste norteamericano es, precisamente, ese ambiente de viaje de transformación, en el cual buena parte del espíritu de una nación en formación y de sus habitantes, nativos e inmigrantes, se desplazó hacia el occidente, venciendo desiertos, llanuras, cañones, montañas y condiciones hostiles, hasta llegar a la tierra prometida. Algunas veces, en busca de oro, otras en busca de trabajo y de estabilidad, en general, con la esperanza de volverse propietarios (granjeros, negociantes, empresarios o ganaderos) en esas tierras inmensas. Es el viaje hacia los grandes horizontes. El horizonte oscuro, la tragedia de estas jornadas, la constituye el desplazamiento forzado, la conquista y el dominio de los indígenas, que fueron, según nos dice el cine, derrotados a punta de bala; probablemente fueron apabullados y condenados a vivir en reservas por la mera presencia de las continuas ondas de inmigrantes y viajeros, acompañadas por compañías de caballería militar bien armada y disciplinada, ante la cual toda resistencia era prácticamente inútil.

Fotograma de La diligencia

En este ambiente de viajes necesarios y aventureros se reúne una disparatada tropa de viajeros. La forman una hermosa bailarina-mesera-prostituta de café, Dallas, que quiere huir a algún tipo de mundo nuevo, donde no sea tan evidentes la humillación y el menosprecio propios de su oficio; un vendedor de whisky, extraño personaje bonachón, que viaja de pueblo en pueblo, mientras recuerda con nostalgia su abundante familia y su hogar; un clásico tahúr, personaje que oscila entre el bien y el mal; el médico del pueblo, alcohólico vergonzante, que se mueve entre la malicia y la casi perdida vocación por sanar; un estafador, personaje egoísta y falso, siempre pensando en aprovecharlo todo para sus fines; un sheriff, testarudo en sus puntos de vista y valiente; una joven recién casada, en embarazo a punto de dar a luz, que desea reunirse con su esposo, oficial de caballería. Ellos emprenden un peligroso viaje, ya que en la región los indios han atacado violentamente. En el camino recogen a Ringo, un prisionero que se ha escapado en busca de saldar cuentas con los que han hecho gran daño a su vida. Con estos ingredientes, queda preparado el menú para narrar a través de los numerosos incidentes y los escasos y entrecortados diálogos que ocurren en la accidentada jornada de la diligencia, las diversas historias personales de este variado y pintoresco grupo de protagonistas.

Stagecoach

Como es de esperar, surge el melodrama, protagonizado por Dallas y por Ringo, que se van aproximando mutuamente a medida que se descubren como seres solitarios que podrían unirse por el amor, en busca de redención mutua. No es sencillo el desarrollo del naciente romance, en medio de la violencia, la desconfianza y las oscuras circunstancias. También, como tenía que ser, nace el niño en camino, ocasión para pintorescas escenas sobre el médico borrachín y mentiroso que se convierte en héroe y para unir al grupo y alentar sensaciones de esperanza y de fortaleza.

Mientras se van desatando los hechos y apareciendo las historias de los viajeros de la diligencia, los indios atacan insistentemente. No sabemos sus nombres, solo que los comanda un famoso Caballo Loco; tampoco atestiguamos sus hazañas y su heroísmo, ya que van cayendo uno a uno, sin lograr realmente alcanzar protagonismo. Igualmente pudiera contarse la historia de algunos de ellos, describir sus personalidades y sus particulares vivencias, sus propios viajes de carretera y sus iluminaciones y transformaciones a lomo de sus potros salvajes.

La diligencia 1966 - Crítica

Al final la jornada desemboca en el clásico desenlace de los dramas del Oeste, en los cuales se enfrentan en duelos, de pistola al cinto en la polvorienta calle principal de un pueblo, el bueno redimido y los malos condenados. En estos ambientes, el bueno es también el más inteligente y el más habilidoso.

También las distintas historias se van cerrando, dentro de los esquemas tradicionales del cine, donde todo tiene un final, sin que se dejen cabos sueltos. Ha terminado el camino y sigue la vida. Les dejo con dos joyas: los dibujos que Norman Rockwell hizo de los personajes principales y el tema principal.

 

Ficha técnica:

La diligencia (Stagecoach),  EUA, 1966.

Dirección: Gordon Douglas
Duración: 115 minutos
Guion: Joseph Landon (nueva versión del original de Dudley Nichols, basada en el relato The Stage to Lordsburg de Ernest Haycox)
Producción: Martin Rackin
Fotografía: William H. Clothier
Música: Jerry Goldsmith
Reparto: Ann-Margret, Red Buttons, Mike Connors, Alex Cord, Bing Crosby, Robert Cummings, Van Heflin, Slim Pickens, Stefanie Powers, Keenan Wynn, Brad Weston, Joseph Hoover, John Gabriel, Oliver McGowan

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