Críticas

El dilema de María

Ixcanul

Jayro Bustamante. Guatemala, 2015.

IxcanulMaría, una joven maya de 17 años, vive con sus padres en una comunidad campesina al pie del Ixcanul- volcán en kaqchikel, un idioma maya. María quiere escapar de su destino: el matrimonio arreglado que la espera con el capataz de la plantación, Ignacio, viudo cuarentón con tres hijos, que presta la cabaña donde viven María y sus padres. María, como muchos en Guatemala y como Pepe, joven del que está secretamente enamorada, sueña con irse a vivir a una gran ciudad en los Estados Unidos.

Jayro Bustamante propone un drama que explora temas universales y actuales: explotación, miseria, abandono de las minorías, lugar de la mujer (¿sabe cocinar?, pregunta a la familia de Ignacio durante la comida de presentación), oportunismo, desprecio por las culturas diferentes. En la comunidad maya solo Ignacio habla español. Su propuesta es ambiciosa y se declina en dos partes. Al principio nos muestra simplemente la manera de vivir, las costumbres de ciertas comunidades indígenas de Guatemala, para denunciar luego fuertemente -pero sin abandonar una atmósfera poética, mágica-, la manera en que son manipuladas, aprovechando, entre otras cosas, la ignorancia del español, sus creencias particulares y el analfabetismo. Se les miente cuando necesitan que se les traduzca, se les hace firmar (con el pulgar) documentos importantes sin explicarles de qué se trata, lo que implica en esta historia consecuencias trágicas.

La película comienza entonces como un documental étnico: somos testigos del trabajo en el campo, de momentos de la vida cotidiana, de instantes de vida de la pareja de los padres y de María. Los personajes son interpretados por actores no profesionales excelentemente dirigidos (solo uno o dos vienen del teatro aficionado), lo que acentúa la verdad de lo que vemos y le da gran fuerza a esta parte, a pesar de un ritmo lento, ritmo de “testigo” de un modo de vida. La historia se desarrolla poco a poco y, a partir del momento en que se descubre que María está embarazada, el ritmo se acelera, la historia ocupa todo el espacio dramatúrgico y se aleja del documental que sirvió de prólogo para ubicar el drama. Y la película crece y alcanza una dimensión mucho más amplia. El director abandona la distancia establecida entre él y los personajes, se involucra y nos envuelve y atrae.

Los personajes se afirman, la familia se debate en un mundo al que no tiene acceso, los jóvenes representados por el personaje de Pepe no tienen otra escapatoria que la de irse. Ignacio aparece entonces como una metáfora del destino, un dios que manipula para su conveniencia las vidas de María y sus padres y logra ganar la partida. La trama cobra rasgos metafóricos y se desarrolla una atmósfera de magia donde interviene la música y un cuidado trabajo de claroscuro en la imagen.

Jayro Bustamante abre perspectivas de reflexión sobre una pluralidad de temas vigentes también en otros países como la India, Arabia Saudita o ciertos países africanos: los beneficios que el poder extrae en muchos países, manteniendo una cierta parte de la población en la ignorancia, no construyendo suficientes escuelas, haciendo perdurar el analfabetismo, aprovechando la confianza de las clases pobres o no dejándoles otras perspectivas que obedecer y aceptar lo inaceptable.

Hace algunos años, Guatemala era uno de los países donde se podía «adoptar» niños fácilmente, hasta que una ley puso fin a esta situación, regulando la adopción legal. La película deja sentado que no se puede luchar contra un sistema cuando no se tienen las armas justas. Ni integrarse en lo mejor que el sistema pudiera proponer para tener una vida mejor. El campo que trabajan los padres de María es árido y está lleno de serpientes. Pero no hay otra.

El dilema de María

La puesta en escena es sencilla, abocada sobre todo a seguir el desarrollo de la historia de manera lineal, pero pone una gran atención al encuadre, cuya duración sobre todo en planos cercanos deja tiempo para “leer” las emociones. Por ejemplo, los planos que abren y cierran la película donde, con el rostro impasible de María, despiertan gran emoción. Somos testigos impotentes de su tragedia.

Las imágenes de paisajes son magníficas, con reminiscencias pictóricas subyacentes y al mismo tiempo nuevas, porque son paisajes casi nunca filmados. Hay une elección muy acertada y fuerte: la casi ausencia de música ilustrativa que evita que la película se vuelva melodramática. Hay una suerte de suspenso, esperando el desenlace que, a partir de la mitad de la película, percibimos trágico.

 

La banda de sonido magnifica los rumores de la naturaleza que agregan por momentos un clima mágico: pájaros, gritos desesperados de los cerdos en el momento de ser degollados, gallinas, árboles y viento, todo contribuye a una sensación de hechizo: Guatemala es un país mágico. Los dioses viven en el volcán, cuyo despertar se teme; las serpientes que infestan la parcela de tierra donde vive la familia impiden la siembra, pero también son sagradas y protegen. Aunque no salvan a nadie de los desastres causados por la falta de visión política de quienes gobiernan ni del poder planetario del dinero.

Una película fuerte, con actores sensibles, un director que tiene algo urgente para decir.

Trailer

Ficha técnica:

Ixcanul ,  Guatemala, 2015.

Dirección: Jayro Bustamante
Duración: 100 minutos
Guion: Jayro Bustamante
Producción: Inés Nofuentes, Marina Peralta, Pilar Peredo y Edgard Tenembaum
Fotografía: Luis Armando Arteaga
Música: Pascual Reyes
Reparto: María Mercedes Coroy, Marvin Coroy, Manuel Manuel Antún, Justo Lorenzo y María Telón

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