Críticas

La elegancia del vacío

Interstellar

Christopher Nolan. EUA, 2014.

Cartel de la película InterstellarPara muchos, el ego es una cualidad intrínseca del artista. Para otros, se trata de una característica de concienzuda génesis, como caparazón frente a los ataques críticos o como reafirmación ulterior cuando el éxito acompaña. Sea como fuere, la gestión del ego es una ardua tarea que no todos los artistas controlan. Y los directores de cine, en cuanto alquimistas de cometido plástico y hábiles procesadores de tramas narrativas originales, están por supuesto sujetos a esta premisa. Claro, que hay casos más susceptibles de análisis. Christopher Nolan, por su contradictoria trayectoria, quizá sea uno de los más jugosos. La constatación: su última película, Interstellar.

La primera pauta a tener en cuenta al ver una cinta de Nolan es no tomársela demasiado en serio. Gustos aparte, toda la producción del director británico posterior a Insomnio (Insomnia, 2002) funciona, de alguna forma, como un truco de grandes proporciones. La trilogía de Batman facilitaba esta tarea por su inspiración comiquera; El truco final (The Prestige, 2006) se servía de las apariencias para romper la ilusión de la magia; y Origen (Inception, 2010) ponía una auténtica imaginería recursiva al servicio de una idea tan sorprendente (que no original, si desviamos la vista hacia Satoshi Kon) como farragosa que apelaba a la ley del “todo vale” en un microcosmos personal y exclusivista.

Matthew McConaughey en InterstellarSin embargo, en Interstellar el director osa autoproclamarse demiurgo, artesano del espacio-tiempo, cuasi profeta de uno de los fenómenos cosmológicos más desconocidos, la naturaleza de los agujeros negros. La petulancia con la que Nolan enfoca un asunto tan controvertido se percibe con la rapidez con la que podría quedar desfasado este trabajo (según los avances de la ciencia). Y el problema no sería otro que una imprudente decisión o, dicho de otro modo, la nefasta intención de abarcar demasiado y apretar poco: una vocación comercial con ecos de autor es lícita, pero se vuelve frágil en el momento en el que el discurso se antoja tan truculento como extremadamente íntimo. A este respecto se podría decir que Interstellar guarda una mayor analogía ideológica con la sesuda low cost Primer (Shane Carruth, 2004) que con otra de las magnificentes obras del género, 2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odissey, Stanley Kubrick, 1968). La perorata sobre las oscilaciones de la gravedad no interviene como el tutorial de una espinosa teoría, sino que segrega confusión de un modo exponencial, un antídoto inmejorable para que el espectador digiera mejor todo lo que trague.

Fotograma de InterstellarPero las ínfulas de la superproducción se pagan caras y no solo en lo económico. Con el patriotismo y esa épica de salvar el mundo tan hollywoodienses implícitos, los únicos instantes reseñables del metraje solo pueden tener un origen rabioso o lacrimógeno, pero jamás intelectual (por mucho que lo pretenda). Ambos componentes sirven para insuflar cierta verosimilitud en una de las tramas más increíbles que han pasado por la pantalla en los últimos años. De hecho, configuran, a lo largo de una intrascendente primera hora –no sin elipsis, ojo–, el contexto de esa distopía (que parece apuntar, de refilón, a la responsabilidad del cambio climático) en la que habita ese desventurado granjero/expiloto de naves espaciales –Matthew McConaughey culmina la explotación de su tirón mediático (junto al de las Hathaway y Chastain, también de moda) con la enésima interpretación del renegado nihilista.

Jessica ChastainHace apenas un año se estrenaba Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), una space opera mucho más poderosa en el apartado visual, que jugaba con la aplicación de la técnica puntera como fuente de variantes narrativas sobre el espacio exterior al tiempo que tampoco desechaba la fórmula del star system. Y en lo que respecta al argumento, existen un puñado de películas con un guión más atractivo y, sobre todo, más coherente –empezando por la cinta de Kubrick ya citada. Interstellar queda a la merced de un discurso artificioso y de un diseño de producción no por espectacular menos ordinario, que requiere del apoyo de la música extradiegética para recargar su sentido dramático. Así las cosas, ¿qué aporta este título al género? ¿Qué le convierte en una propuesta original y revolucionaria? ¿De qué modo añade méritos a la carrera de Christopher Nolan? Estos, y no los agujeros negros, serían los grandes misterios y enigmas a resolver.

 

Trailer:

Ficha técnica:

Interstellar ,  EUA, 2014.

Dirección: Christopher Nolan
Guión: Jonathan Nolan, Christopher Nolan (Historia: Kip Thorne)
Producción: Warner Bros. / Syncopy / Paramount Pictures / Legendary Pictures / Lynda Obst Productions
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Música: Hans Zimmer
Reparto: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Bill Irwin, John Lithgow, Casey Affleck, David Gyasi, Michael Caine, Matt Damon, Wes Bentley, Mackenzie Foy, Timothée Chalamet, Topher Grace, David Oyelowo, Ellen Burstyn

Javier Moral

Licenciado en Periodismo. Graduado del Master en Crítica Cinematográfica de Aula Crítica. Miembro del Consejo de Redacción de EL ESPECTADOR IMAGINARIO

 

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