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Infancias robadas

Escena final de La infancia de Iván, Andréi Tarkovski. 1962

Verano. Exterior. Escena radiante, blanca, mucha luz. Junto a la orilla del mar, Iván y su madre se miran con una sonrisa, mientras este bebe agua fresca de un cubo. La madre, descalza, comienza a caminar por el agua, llevándose el cubo y despidiéndose de su hijo. Iván ahora juega al escondite con varios niños y, mientras todos se esconden, él se dirige hacia un árbol. Es un árbol de los tarkovskianos, de esos que están muertos pero que aguardan, con la esperanza de resucitar. Tras contar, el niño empieza a buscar a sus amigos. Descubre a su hermana, que arranca a correr por la orilla. Iván le sigue, feliz, despreocupado. Ambos ríen. Iván, veloz, se esfuerza para pasar a su hermana y sigue adelante, gozoso, totalmente libre, sin nada ni nadie que lo puedan detener, mientras el árbol es testigo de su dicha.

Así termina La infancia de Iván. Esas hermosas imágenes se quedan en nuestra retina, inevitablemente. Retienen la esencia de lo que era su niñez, esa que le robó la guerra. La infancia feliz a la que trata de volver cada vez que cae dormido y sueña. Cuando despierta, pregunta intranquilo a los soldados si ha hablado en sueños y se justifica diciéndoles que últimamente ha estado nervioso. Iván es reservado. No suele contar sus penas. No le gusta hablar de la perdida de sus seres queridos, su madre y su hermana. Como dicen los militares que lo conocen, es un chico con carácter. También valiente. No en vano, cruzó solo el río a nado. Además, se niega a que nadie lo vuelva a tratar como un niño. Sabe que no volverá a serlo, aunque su inconsciente lo delate a veces, cuando sueña o en algún gesto instintivo que se le escapa al notar cómo el capitán Joslin o el teniente coronel Griaznov lo protegen, porque lo aprecian. Se han vuelto una pequeña familia y, aunque todo es ahora oscuro, gris, y la luz no es la misma luz radiante de los sueños, comparten juntos la mesa, tratan de arreglar un viejo gramófono para poder escuchar discos, e Iván se preocupa de la tos del capitán Jolin, que fuma mucho. Ninguno sabe cuándo acabará esa interminable guerra, pero al menos Iván se escapa de ella siempre que vuelve a soñar.

 

Una respuesta a «Infancias robadas»

  1. Con el resumen de esta película quede interesada en verla, por lo cual buscare en you tube que hay para el personaje.

    Saludos.

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