Críticas

Buscando mi destino

Goodbye Berlín

Tschick. Fatih Akin. Alemania, 2016.

Goodbye Berlín. CartelDe vez en cuando resulta necesario frenar en la producción cinematográfica consolidada por un buen número de filmes alrededor del encontronazo cultural entre alemanes y turcos, y proponer, sin perder un ápice en la calidad de la realización, un cambio de registro, otro tipo de aventuras, menos agrestes y más disolventes que colaboren también a forjar una filmografía atractiva y variada. Así veo la aparición de un filme chispeante y gracioso como, Goodbye Berlín (Tschick, Fatih Akin, 2016), una comedia de adolescentes simpática y cariñosa.

Fatih Akin ha construido una obra, muy valorada por la crítica y apreciada por el público europeo, en torno, principalmente, a conflictos étnicos, sociales, culturales y religiosos. Sus personajes se encuentran sumidos en encrucijadas morales provocadas por la idiosincrasia de las raíces educativas de sus personajes más carismáticos. Normalmente son de origen otomano que emigran a Alemania en busca de mejores condiciones laborales y constatan la desigualdad, o personajes que nacidos en suelo alemán pero de origen otomano viajan a Turquía y son testigos de cierta intolerancia en cuanto a tradiciones y costumbres más rígidas e impermeables.

Fotograma de Goodbye Berlín

La inclinación a una dramaturgia ceñida al enfrentamiento Oriente/Occidente, ha sido, en muchas de sus películas, un singular abanico de peripecias y tribulaciones que ponían el foco del debate en diferencias promovidas por la intolerancia de los personajes de más edad, de tendencia patriarcal. Esta repetida fórmula temática expuesta en intrépidos y originales argumentos, y con un estilo, a veces, cercano al documental, le ha granjeado una repercusión colosal, de tal manera que cada nuevo filme es sistemáticamente atrapado por los principales certámenes cinematográficos.

Tal vez por estar considerado como un autor de escritura personal y su cine proclive a asuntos de combate social/interracial, narrados con un ardor que no por ello deja de ser universal, un poquito de relax y algo de comedia vienen bien para disfrutar del género y recargar batería para producciones más propias de su tendencia. Goodbye Berlín es el título que mejor se ajusta a los cánones más característicos del entretenimiento evasivo, para pasar el rato y divertirse con las aventuras y desventuras de dos muchachos de catorce años que, siendo ninguneados por sus compañeros de clase, deciden probar suerte como amigos frikis y lanzarse a la carretera en busca de sí mismos.

Protagonistas Goodbye Berlín

En cualquier caso, no es la primera vez, y espero que tampoco sea última, que el realizador nacido en Hamburgo, en 1973, haga una comedia fresca y espontánea. Soul Kitchen (2009) ya apuntaba enredos y situaciones resueltas a modo de comedia urbana. Con toque desquiciado y paranoico. Todo lo contrario que Goodbye Berlín, calmada y de tratamiento luminoso, propio del verano. Quizás, el nexo que las fusione sea, como rasgo de identidad, la desternillante extravagancia natural de los personajes, siempre al límite de lo políticamente correcto y clave de su peculiar humor y forma de entender a una sociedad multicultural.

Porque el punto de partida juega a favor del cineasta alemán. Al tratarse de un encargo, que se sepa, su decisión no ha influido en el desarrollo del guion. Pero sí es verdad que tanto el chaval alemán, Marik (Tristan Göbel), que es el anverso de la moneda, como Tschick (Anand Batbileg), el reverso, tienen y responden a una fisonomía muy peculiar, y su forma de vestir constata sus orígenes sociales, que, de algún modo, están representando una tipología de criaturas para nada extrañas en el ideario de Fatih Akin. Es decir, y está claro, Goodbye Berlín es una comedia. Bien observada, mirada y analizada, está muy unida a otras cintas del cineasta de Hamburgo. No en balde, cada uno proviene de familias tan dispares como exóticas. Rasgos que los asemejaría a la numerosa prole de personajes retratados por Fatih Akin a través de sus películas.

Marik es un muchacho alemán, desaliñado, amante de los cómics, le gusta escribir y su familia es disfuncional. Su madre es alcohólica y pasa tiempo en clínicas de desintoxicación. Su padre, un bribón, aprovecha las ausencias de su mujer para marcharse con su guapa y atractiva secretaria a supuestos viajes de negocio. Por lo tanto, Marik es solitario e introvertido. Toda su frustración y amargura la canaliza, narrativamente, a través de la voz over. No siente ningún reparo en leer en clase una redacción, confesando sin coartadas morales el tipo de caricatura de padres que tiene. En cambio, Tschick es de origen asiático y acaba de llegar a la ciudad. No encaja en la perfección conservadora de diseño prefabricado de sus nuevos compañeros y como intuye que su vecino de pupitre, Marik, es un marginado sin paliativos, le propone, comenzadas las vacaciones de verano, algo inusual, robar un coche de fabricación soviética (signo atemporal) y lanzarse por las carreteras secundarias a disfrutar de los sobresaltos que se les aparezcan por los caminos.

Chicas de Goodbye Berlín

Al plantearse la película como una buddy movie, es decir, un filme de amigos y, también, como una road movie, se dan los elementos habituales en este tipo de engranajes. Por una parte, el desplazamiento físico, en un desvencijado automóvil de reminiscencias comunistas sirve, como en tantas otras ocasiones, para el acercamiento y mejor entendimiento de dos jóvenes en proceso de madurar. Los lugares, visitados a salto de anécdotas, proporcionan una geografía ideal para esculpir un concepto, una especie de cliché, fijo en este tipo de películas, la amistad. Un sentimiento que cuando gana algo de fuerza justifica breves confesiones íntimas acerca de la familia o de la propia orientación sexual, como es el caso de Tschick. En el alboroto y algarabía de ir de un sitio a otro, con aparición del elemento femenino incluido, hay ratos para el discernimiento absoluto como paradas en poblaciones de la Alemania profunda en las que los chicos entablan contacto con otras familias, un poco raras, que les sirven de contrapunto a su autoasumida excentricidad. Un abrazo de moral que les hace ver como seres menos estrafalarios de lo que aparentan.

Por lo tanto, Goodbye Berlín, es un largometraje ganador. Si cae desde una altura considerable, lo hará de pie. Si jugara al funambulismo atrevido, tendría debajo la red para suavizar el desplome.

Tráiler:

Ficha técnica:

Goodbye Berlín (Tschick),  Alemania, 2016.

Dirección: Fatih Akin
Duración: 93 minutos
Guion: Hark Bohn y Lars Hubrich
Producción: Lago Film
Fotografía: Rainer Klausmann
Música: Vince Pope
Reparto: Tristan Göbel, Anand Batbileg, Nicole Mercedes Müller, Uwe Bohn , Friederike Kempter, Aniya Wendel y Justina Humpf.

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