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Festival de Cine Alemán 2020

Festival de Cine Aleman

Del 10 al 14 de septiembre, se llevó a cabo, de manera virtual y disponible para la Argentina, el 20° Festival de Cine Alemán. Por primera vez, y a raíz de la COVID-19, las películas se ofrecieron a través de nuestros dispositivos. Si bien la sala de cine es insustituible, tanto como el espíritu festivalero que invade a la ciudad, lo positivo de la ocasión fue que, también por primera vez, pudieron verse en los distintos rincones del país, lo cual aumentó la audiencia y las posibilidades de acceso a la propuesta.

Estas muestras son bienvenidas en el hemisferio Sur, ya que, si no fuera por oportunidades como la presente, no habría posibilidades de acceder a lo que consideramos un muestrario de lo que sucede cinematográficamente en Alemania.

Gran parte de la selección ofrecida integró la edición española del Festival, realizada en junio. Como cada año, la propuesta fue heterogénea, aunque podemos establecer algunas líneas formales y temáticas que son compartidas entre las diferentes películas que la integraron.

Das Vorspiel

La audición (Das Vorspiel, 2019) fue, por lejos, el punto más alto del festival, desde el punto de vista autoral y comercial, como lo demuestra su posible exhibición en la cartelera una vez que se abran las salas de cine. Ina Weisse logra transmitir, a través de una atmósfera de tonos claros que van oscureciéndose progresivamente, la historia de Anna, una exigente violinista que ha dejado la escena y se ha replegado como profesora de violín. Con un marido luthier y un hijo eclipsado por su madre, Anna encuentra en un nuevo alumno, en el que ha descubierto un gran talento, una veta para demostrar (y demostrarse) su valor. Todas las expectativas con que viste al joven dejan vislumbrar sus propios conflictos. Filmada con planos precisos y un montaje casi musical, el universo de Anna va descubriéndose entre clases extenuantes y una familia que se esquebraja. Los sentimientos, a pesar de estar fuertemente contenidos, no pueden ocultar los nudos conflictivos que, sabemos, están a punto de estallar. Gran propuesta de Weisse, que radiografía a su obsesivo personaje, finamente compuesto por Nina Hoss, transmitiendo exigencias que la trascienden en su función didáctica para instalarse en su vida familiar y, por qué no decirlo, retratando a una sociedad que cada día se vuelve más exigente, donde el éxito y la competencia todo lo definen.

En esa misma temática existencialista, y también realizadas por mujeres, podemos detenernos en tres títulos de la muestra: Nada más perfecto (Nothing More Perfect, Teresa Hoerl, 2019), El espacio entre las líneas (Gut gegen Nordwind, Vanessa Jopp, 2019) y Mi final, tu comienzo (Mein Ende. Dein Anfang, Mariko Minoguchi, 2019).

Nothing More Perfect

En la ópera prima de su directora, Nada más perfecto, se retrata, en modo selfie, a una adolescente que vive con su madre y cuenta con amigas cuya obsesión es estar delgadas y verse hermosas. Sus padres separados idean unas vacaciones junto a su hija en Praga. La chica debe lidiar con progenitores que hacen lo imposible por divertirla, estableciendo una complicidad entre ellos, en la que la chica queda excluida. Si bien ella es la adolescente, será quien deba cuidarlos de sus desmanes como si ellos fueran sus hijos. Esa familia fragmentada, pegada a la fuerza, con las roturas visibles, lleva a Maya a refugiarse en su celular. A través de la pantalla de su móvil, conocemos sus conflictos, convertidos en obsesiones. Ella no entiende por qué está triste, y en esa desilusión, alimenta un blog sobre el suicidio. Su incursión en un barrio marginal, en donde busca al dealer que le venderá las pastillas que propiciarán su fin, es la cornisa que recorre en busca de alguna emoción. Radiografía de una juventud que parece tenerlo todo, aunque sienta que no tiene nada, en una desconexión generacional impuesta por la tecnología, donde ya no tiene nada que aprender de sus mayores, porque todo lo que necesita está en ese adminículo que permanece encendido a toda hora entre sus manos. No es una película moralista, tampoco es el discurso de un adulto que mira críticamente a la adolescencia. Es un acompañamiento por la angustia existencial de Maya, representante de toda una generación, que no encuentra un motivo por el cual luchar y, a pesar de estar on line todo el tiempo, no puede estar más desconectada. Maya se ilumina cuando sonríe, pero su mirada está ausente. Aunque esté rodeada de espacios hermosos, de padres que buscan propiciar su alegría, su ánimo es el ancla que la hunde, como si hubiera apostado por mucho más y se preguntara desilusionada, mientras se interna en el suburbio de la ciudad: “Entonces, ¿esto es la vida?”.

Gut gegen Nordwind

Ese modo de comunicación, a través de la tecnología, evitando el contacto humano, también es el centro de la relación entre Emmi y Leo, los protagonistas de El espacio entre las líneas. Dos adultos que se definen “felices” al comienzo del relato son contactados por un mensaje erróneo y comienzan a establecer una relación virtual. Diálogos que aparecen en las pantallas del ordenador y del móvil o impresos sobre una ventana o una pared del hogar compartido por una novia infiel o por un esposo mayor con hijas de otro matrimonio, en cada caso. Ese lugar de encuentro tan inasible es el verdadero motor de esta historia romántica, donde esos diálogos son los verdaderos protagonistas, los que imprimen, en su materialización, la cadencia del filme, que va desarrollando, por un lado, la historia de los dos protagonistas y, paralelamente, la de sus respectivas vidas familiares. Quizá sea esa felicidad definida al principio la causa de que la relación se vaya construyendo sin prisas y sin más curiosidad que lo que uno le escriba al otro. No hay intención de indagar en las redes sociales cómo son sus rostros, sus cuerpos, sus entornos. La pantalla los tiene atrapados en algo que no es definible hasta un final que puede parecernos predecible. El tempo del filme obedece a los escarceos de los dialogantes, un lingüista y una profesora de música. Ellos saben de decires, tiempos y silencios. Allí radica el disfrute de esta historia, que transcurre en espacios con colores fríos y tonos pasteles, iluminados tenuemente por las pantallas, por donde respiran los protagonistas, y con las palabras que se dicen, en un tono que va siendo cada vez más amoroso y cálido, sin que falten, en alguna oportunidad, frases agudas en sus dichos. Definidos por su curiosa relación, más lo son por los seres que los rodean. Sin embargo, por un momento, se mantienen intocados por la realidad, hasta que esta se presenta abruptamente, también en forma de mensaje, descorriendo el velo del anonimato, para enfrentarse a los sentimientos que se han estado escondiendo tras las palabras. Sin vociferaciones, Vanesa Jopp conduce esta historia entre algodones, sin sobresaltos ni espectacularidades. Con tono medido, va llevándonos en su relato, permitiendo disfrutar cada acontecimiento, sin que esperemos ansiosamente su resolución. Así de tranquila llevan ellos su relación, como nosotros, espectadores, su desarrollo.

Mein Ende. Dein Anfang

Con una arquitectura temporal que juega con el pasado, el presente y un futuro predestinado, en Mi final, tu comienzo, Nora alterna su existencia con Aron (un profesor de física, que considera la relación entre ellos bajo la teoría de la relatividad), su pareja ideal, y con Natan (un trabajador que ha sido despedido y debe solventar a cualquier costo el tratamiento de su pequeña hija), quien por caprichos del destino aparece ante ella en su paradójico papel de victimario y salvador. La vida de Nora transcurre entre recuerdos muy luminosos y una melancolía que va apagando su entorno. Las imágenes del presente, el pasado y la resolución final juegan a intercalarse en una historia descompuesta, como en un caleidoscopio, ante el espectador, quien será conducido de manera inexorable a un final inequívoco. Sus personajes, enfocados bajo una lupa, desarrollan su comportamiento sin que medie aspecto moral alguno para colocarlos bajo el prisma de la relatividad, lo cual nos deja un tanto al margen en temas de identificación con los personajes y sin que nos conmovamos ante la resolución que “el destino” ha concebido para estos seres.

Traumfabrik

Si las dos películas mencionadas anteriormente están basadas en una historia de amor, aparece relacionada, como tal, La fábrica de los sueños (Traumfabrik, 2019), tercer largometraje de Martin Schreier. Aunque se inicie como una comedia de enredos, termina convirtiéndose en una comedia romántica. Su género y alguna alusión al pasado histórico son los únicos lazos que pueden establecerse con otras películas del festival. Estamos ante un filme al estilo de las megaproducciones de Hollywood. Emil y Milou, un advenedizo extra alemán y una bailarina francesa, se conocen en los estudios DEFA y son separados el día que comienza a construirse el muro de Berlín. Los avatares que sufren para tratar de reunirse forman parte del núcleo del relato. Más allá de la historia romántica y del entorno, donde se establece una especie de clases sociales entre los figurantes y las estrellas, entre quienes están detrás de los decorados y los productores, inclinando su simpatía por los que menos tienen, lo más disfrutable son los desplazamientos de la cámara por los distintos espacios de los estudios, marco increíble para las torpezas de Emil o los momentos románticos junto a Milou. Los grandes escenarios, los ropajes, los ejércitos de extras, incluso las oficinas antiguas, son un regalo para nuestros ojos. El plano en las alturas, sobre los andamios, desde donde se domina todo un imperio del cine es uno de los más acertados para quienes disfrutamos de las propuestas del cine dentro del cine.

Fritzi, Eine Wendewundergeschichte

La historia de la Alemania dividida se cuela en el festival de manera determinante en Fritzi, un cuento revolucionario (Fritzi, Eine Wendewundergeschichte, 2019), de Matthias Bruhn y Ralf Kukula, animación programada para “toda la familia”. Fritzi y Sofía son separadas cuando la familia de la segunda decide emigrar a Hungría, donde esperan traspasar la frontera. Pero lo han hecho diciendo que salen de vacaciones, por temor a los espías que están a la caza de los posibles habitantes que pretendan cruzar el muro. En la búsqueda de Fritzi, tratando de llegar hasta Sofía para entregarle a su perro Sputnik, lo que va descubriendo la niña es que vive atrapada en un mundo donde todos son vigilados y no hay libertad de pensamiento ni de acción. Todos viven con miedo, muchos denuncian a sus vecinos y otros van gestando una rebelión que dará paso a la caída del muro de Berlín. Dibujos alegres, con personajes positivos y negativos, típicos de los cuentos de niños, pero con una carga ideológica tan pronunciada como la del régimen que retrata. De manera que hoy resulta anacrónica y, a nuestro modo de ver, solo apta para adultos que sepan discernir entre lo que se les quiere inculcar.

Coup

Coup (2019), de Sven O. Hill, sucede poco antes de la caída del Muro. Un joven y atípico empleado encuentra una falla de seguridad en el sistema bancario y logra robar una gran cantidad de dinero. Huye a Australia, donde espera reunirse con su familia. Las bondades del capitalismo no alcanzan para tentar a la mujer, que permanece en Hamburgo con su hija. Historia narrada a través de testimonios reales que han inspirado el guion, dibujos animados para contar aquellos momentos que no se han podido rescatar e imágenes de ficción descoloridas. Excelente retrato de jóvenes rebeldes que rompen con los esquemas impuestos por la sociedad y un sueño posible, aunque inconcluso, debido a la ruptura familiar. Un fresco sociológico de los últimos momentos de la Alemania dividida.

Freies Land

Dentro del tema también podemos ubicar a Un país libre (Freies Land, Christian Alvart, 2019), basado en La isla mínima, en la que un detective de la República Federal Alemana viaja a un pueblo costero del Este para investigar, junto a un policía lugareño, el asesinato de dos hermanas. Oscuro policial con un asesino serial y jóvenes víctimas con el sueño de irse a Occidente en busca de mejores oportunidades. Desde la llegada del detective (enviado a este lugar remoto en castigo por haber delatado el fraude de un superior), la antinomia Oeste-Este es clara. Las maneras de conducirse de los dos hombres, sus aspectos, sus vocabularios, sus planteos… Estamos ante la civilización y la barbarie. La reunificación ha logrado estos espacios despoblados, sombríos, sin atisbos de vida, en los que reina la desesperanza. Largo relato que va dejando de lado, a medida que avanza, el asesinato como protagonista de la trama para poner el foco en las diferencias existentes entre ambos hombres y lo que cada uno representa. Parece más bien un cuento moral, oscurecido por el relato macabro de lo que pasan las jóvenes antes de ser asesinadas por un criminal que, finalmente, se vuelve anónimo. La desesperanza se instala en el espectador a poco de comenzar la historia. El ritmo de la película y la descripción encasillada de los protagonistas nos preparan para lo que vamos a ver, una declaración de “principios” sobre lo que había “detrás del Muro”.

Im Feuer

Casi aislada en la programación, luce En el fuego (Im Feuer, Daphne Charizani, 2020), con un tema que debería ser más recurrente, debido a las noticias que todos los días leemos sobre los refugiados que llegan a Alemania. En este caso se trata de Rojda, una joven kurda con nacionalidad alemana que ingresa en el ejército para combatir en Irak al ISIS. Alemania le ha dado cobijo y entrenamiento. Sus tiempos en el país germano pasan rápidamente, una vez que ha logrado instalar a su madre en su apartamento. Como voluntaria parte a Irak, pero su verdadera finalidad es rescatar a su hermana. Con altibajos, el filme se centra en esa búsqueda, que deja entrever: la soledad del inmigrante en un país que no es el propio, donde todo lo que diga se pone en duda y en el que su colectividad puede ser un manto de contención o un peligro; la presencia de una mujer en un campamento lleno de hombres a los que ella considera sus iguales, lo cual no es recíproco; y finalmente, la zona de fuego, que se lleva la mayor parte de la película, con momentos de acción y gran dramatismo, en medio del desierto, con escenas nocturnas, apenas iluminadas por el fuego propio y enemigo para contarnos que, entre ruinas y junto a sus niños, las mujeres resisten con el valor que más de un varón envidiaría.

Der Fall Collini

Y aquí se enlaza El Caso Collini (Der Fall Collini, Marco Kreuzpaintner, 2019), con temas como el pasado y la inmigración, basado en la novela de Ferdinand von Schirach. Caspar Leinen es un flamante abogado de origen turco, apadrinado por un gran empresario que ha resultado asesinado. Sin aún saberlo, pretende debutar en el juicio como defensor público del asesino, un italiano que se deja arrestar y permanece en un obcecado silencio. Entre las presiones de la familia del comerciante, que no entiende que defienda al victimario de su abuelo, y la de un profesor muy estricto, que lo incita a hacerlo, Caspar se encuentra ante un gran dilema, pero avanza en la investigación. El joven, con su entusiasmo y un grupo de testimonios, deja al descubierto una legislación que aún encubre los crímenes de guerra del pasado nazi. Las referencias al origen turco (y pobre) del protagonista son expresados de manera discriminatoria por parte del profesor, pero también por la nieta del magnate y su compañera de juegos en la infancia, que le recuerda más de una vez que ha llegado hasta ese lugar gracias a su abuelo. La legislación a que se refiere el joven abogado en su defensa existió realmente y, hasta no hace mucho, perdonaba aquellos crímenes que no hubieran sido juzgados oportunamente. Es decir, echaba un manto de olvido ante tanto horror materializado por las SS no solo en Alemania, sino también en el resto de Europa. Con un desarrollo por momentos lento, reiterativo y a veces confuso, el punto de giro lo establece la intervención del profesor que lo insta a cumplir con su rol de defensor, sin que aún sepamos que tiene intereses en la causa, con lo que la trama cobra consistencia y echa a andar. Esta es otra de las elegidas que apuntan a la pantalla de las salas de este lado del mundo.

Kunst kommt aus dem Schnavel wie er gewachsen ist

Nos resta referirnos a los dos documentales propuestos por el Festival. El arte lo dices según te sale decirlo (Kunst kommt aus dem Schnavel wie er gewachsen ist, Sabine Herpich) es un testimonio del trabajo que realiza Mosaik en Berlín con las producciones que realizan artistas discapacitados en su taller. Repasamos las mesas de trabajo de cada uno de los artistas y lo que los lleva a pintar, siendo unos más elocuentes que otros: está el que expresa su estado anímico a través de tramas dibujadas a lápiz que se parecen a los planos de una ciudad (Adolf Beutler); el que con tinta china y a grandes trazos, a veces con el toque de un solo color plano y con letras que parecen no decir nada, representa el barrio, la familia, la guerra (Till Kalischer); la mujer que con pequeñas figuras geométricas pinta una especie de mosaico con dragones, bosques y nubes de gran colorido (Gaby Beer); o quien ha elegido como protagonista a un gallo, y representa con su imagen al Papa, a Hitler, a la Virgen “con su pollito” o su autorretrato (Suzy van Zehlendorf). En este reportaje, la autora entrevista a la directora, que nos informa que las obras son subastadas, y con el dinero recaudado se mantiene el taller, donde no faltan lápices, tintas, óleos, maderas, lienzos y mucha dedicación. Muchos de estos verdaderos artistas han obtenido premios y algunas de sus obras están en galerías de arte renombradas. Este documental, con una perspectiva que busca cierta objetividad, nos permite asomarnos a un pequeño mundo, donde no solo nos detenemos ante las imágenes de los cuadros, sino también acompañamos los trazos de los autores, tratando de adivinar en cada uno la técnica que les permite expresarse.

Los in Face

Hemos dejado para el final Lost in Face (2020), el documental de Valentin Riedl con animaciones de Frédéric Schuld, porque es nuestra preferida entre las doce propuestas. La historia de Carlotta nos ha conmovido tanto que le dedicamos una crítica más extensa, que puede leerse aquí. Obra de un médico neurocirujano que optó por plasmar su investigación sobre la discapacidad del personaje (la ceguera fácil) en una película, a través de un sensible relato documental que retrata la riqueza de su universo íntimo con respeto y admiración.

 

 

2 respuestas a «Festival de Cine Alemán 2020»

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