Críticas

Como en casa

El vasco

Jabi Elortegui. España/Argentina, 2022.

Cuando estamos ahogados y el entorno ambiental/sentimental se vuelve hostil y desagradable, buscamos una salida a una situación insostenible. Si forcejeas por encontrar una solución rápida a los problemas acuciantes evitarás en lo posible ceder a la depresión. Esta premisa, manoseada por el cine y la creación literaria, es una de las vías artística/creativa de El vasco (España/Argentina, 2022), sobre un joven, Mikel (Joseba Usabiaga), necesitado de impulso para despegar de su zona muerta y pelear por labrarse un futuro lejos de las raíces endogámicas.

Mikel es un joven de treinta años en un momento crucial de su existencia. Es un vasco por todos los costados. Es decir, tiene los genes más prototípicos de un verdadero hombre del norte de España. Sin embargo, su fisonomía enclenque y carácter dubitativo, lo desnaturalizan. Está desempleado y, para colmo de mal fario, su novia lo abandona por otro. Su calvario es tan insoportable que comienza a odiar todo lo que representa Euskadi, tierra de gente que no se doblega ante las adversidades. Pero el temperamento de Mikel es suave y de maneras discretas. Por lo tanto, su presencia en una comunidad de sempiternos ganadores le resulta un fastidio. No encaja. Para salir del atolladero, nada como huir del nido, cruzar el Atlántico y desplazarse hasta Argentina para aceptar la proposición de trabajo de un pariente lejano que solo conoce por las redes sociales. Puede ser un acierto o caer en una trampa. Es mejor apostar por la segunda posibilidad. Mejor para la película. Ser Quijote y entrar en un bucle surrealista tiene premio.

A su llegada a Buenos Aires, una mañana de inclemente lluvia, a Mikel no lo recibe nadie. Su familiar ha descuidado la recepción y al aturdido viajero no le queda otra que valerse por sí mismo y apañárselas para llegar a un recóndito espacio en medio de la nada, que es todo un desangelado misterio para Mikel. Porque escapa de un modelo orgulloso de antropología para encontrársela, al otro lado del Atlántico, expuesta de manera multiplicada.

La película de Jabi Elortegui, responsable de Felicidad perfecta (España, 2009), se aferra a su atribulado personaje central para desenfundar una artillería bufonesca acerca de los tópicos sobre el País Vasco y su acentuada idiosincrasia. Paradójicamente, el personaje recela de su raíz, pero en destino debe retroalimentarla para satisfacer el apego de una comunidad férrea de oriundos del País Vasco, encantados con su llegada. El contraste es significativo, tiene gracia, y ahí reside parte del funcionamiento de la fábula.

Para que la aventura resulte estimulante y llena de circunstancias/accidentes que tensionen la historia, hace falta tiznar el guion de giros chispeantes y evolutivos que generen el suficiente magma, en este caso absurdo/paródico, para creer en el largometraje y vivir/sentir las incomodidades/desafectos del antihéroe con ganas de encontrarse a sí mismo.

Para engarzar situaciones rocambolescas, siempre en pugna con las constantes emocionales de Mikel al límite, es justo valorar la perspicacia de sus guionistas, Arantxa Cuesta y Xabi Zabaleta, que ponen al servicio del realizador, Jabi Elortegui, un libreto que mezcla tentativas. Un conjunto que aborda varias temáticas y diversos registros para conformar, en primera instancia, una simpática peripecia sobre las segundas oportunidades.

Con una puesta en escena muy controlada, sin riesgos para evitar descarrilar y un estilo sin aporte de una personalidad acusada, manejando con autoridad la paleta de colores, Elortegui elabora su segunda pieza con texturas de road movie, drama, thriller, sentimentalismo, romanticismo y el recurso de una enfermedad, el alzhéimer, vinculado a los rastros de la memoria, que se me antoja su parte más atractiva. Todo este conjunto matizado por la distorsión, en tono bufonesco, del choque entre los modos de ser de dos idiosincrasias que rigen leyes contrapuestas. Por una parte, la seriedad casi agónica de Mikel (Joseba Usabiaga), el vasco, con toda la munición que ese porte significa y, por otro lado, Chelo (Eduardo Blanco), un truhán, embaucador y fantasioso sinvergüenza, que ha hecho venir a Mikel hasta una pequeña aldea de Córdoba (Argentina) con la vana proposición de un negocio sin igual. Dos conceptos de entender la vida y su realidad, que se enfrentan al comienzo y convergen en su tercio final, cuando se impone la identidad vasca y su raigambre para hablar del exilio y la urgencia de crear una felicidad.

Jabi Elortegui conoce de sobra los tópicos sobre los vascos, los envuelve en una comedia agridulce, no duda en referenciar su obra a 8 apellidos vascos (2014), de Emilio Martínez Lázaro, y construye, no sin ironía, un entramado costumbrista salpimentado de ideas válidas. Mikel escapa de una tierra que aborrece, porque es la estampa de su fracaso y después de recorrer más de diez mil kilómetros se encuentra un pueblo cuyos habitantes están orgullosos de su parentesco con Euskadi. Una afrenta martirizante que se transforma, gracias al desenfado del guion, en una oportunidad para el forastero, recibido como el supervasco. Maldita la gracia que se muda a bienvenida suerte. Porque la presencia de Mikel en la comunidad representa una hazaña inesperada, que la desmitificación y la autoparodia cuajan con un humor disolvente y que conocemos por su abuso.

El vasco consigue lo que se propone, con un lenguaje universal y una bienintencionada cosmovisión acerca clichés identitarios respecto a un origen zonal en España muy provechoso en cuanto a la cantidad de chascarrillos. Unido a temas de cuajo como el exilio, la memoria, los recuerdos y la enfermedad, amortiguado bajo un prisma humorístico, cuyo principal acicate es mofarse de la propia cultura. Un suculento reto inspirador, muy en boga por estos lares que, de vez en cuando, posibilita diversión a la vez que observar cuestiones de otro calado y otra talla.

Tráiler de la película:

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Ficha técnica:

El vasco ,  España/Argentina, 2022.

Dirección: Jabi Elortegui
Duración: 100 minutos
Guion: Arantxa Cuesta y Xabi Zabaleta
Producción: Coproducción España-Argentina; Pausoka Entertainment, Prisma Cine, Oeste Films, Film Andes S.A, ETB, INCAA
Fotografía: Jon Sangroniz
Música: Fernando Velázquez
Reparto: Joseba Usabiaga, Itziar Aizpuru, Eduardo Blanco, Inés Efrón, Laura Oliva, Analía Juan, Hernán Sevilla

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