Críticas

El incómodo sentido de la tragedia de Lanthimos

El sacrificio de un ciervo sagrado

The Killing of a Sacred Deer. Yorgos Lanthimos. Reino Unido, 2017.

El sacrificio de un ciervo sagrado, cartelReconozco que Yorgos Lanthimos es uno de esos directores que me causan expectación ante la llegada de sus obras a los cines. Con independencia del resultado final, Lanthimos es de esa clase de directores que siempre consigue sorprender. Para bien o para mal, eso ya depende, claro. Además, genera esa sorpresa con determinación y coherencia, reconocible en cada plano de sus películas, a pesar de las diferencias notables que pueden existir entre ellas. Lanthimos nos invita con cada filme a su mundo interior, al extraño universo expresado en imágenes lanzado con enorme valentía. El sacrificio de un ciervo sagrado es el último desafío para el espectador, perpetrado por el realizador griego. El resultado, ecos de incómoda tragedia enmarcada en el surrealista cosmos del extravagante director.

Lanthimos juega siempre con reglas propias. Para el disfrute de las obras de este particular cineasta, hay que tener muy claro que los límites de la realidad y las reglas de la civilización quedan difuminadas, y nuestro mundo aparece reflejado en un espejo que deforma hasta la perversidad lo cotidiano. Lo realmente notable de Lanthimos es que es respetuoso hasta las últimas consecuencias a esas reglas, en principio incomprensibles para el común de los mortales. Plasma en imágenes, con la coherencia interna aplastante, para convencernos de lo ocurrido en la pantalla, con normalidad agobiante. La construcción de entornos familiares y seguros que, poco a poco, se descubren como pozos sin fondo de irrealidad maliciosa conduce al público a través de la angustia extraña que prima en todas sus películas.

En El sacrificio de un ciervo sagrado, retoma alguno de los temas básicos de su filmografía, como son la soledad, el aislamiento, la desconexión entre seres humanos y los contextos familiares enfermizos. En cierto modo, puede que esta sea su película más convencional, pero no por ello es menos interesante o signifique la consabida domesticación del director al entrar en el juego del mercado internacional. Lanthinos no rebaja ni un ápice el contenido habitual de su discurso, lleno de cinismo y extraño humor negro. La sátira destructiva que hasta ahora nutre el cine del director griego sigue presente de forma determinante y definitiva, aderezada con el gusto por lo absurdo, marca de la casa.

The Killing of a Sacred Deer

El sacrificio de un ciervo sagrado es una historia de venganza, complicada por un sinuoso camino lleno de cambios de rasante, que dota a la película de enorme identidad. De la descripción del entorno del doctor protagonista, la cómoda existencia de clase alta, a la caída en elementos propios del cine de terror incluso en ciertos momentos, la complejidad del viaje hacia lo inevitable que plantea Lanthimos  genera todo un amalgama de sensaciones encontradas en el espectador, invitado de piedra en el descenso a los infiernos de los protagonistas. Tan frío como elegante, Lanthimos parece construir con su puesta en escena un enorme muro entre la película y el público, efecto extraño, escabroso y amargo. La influencia del Buñuel más incendiario se apropia de las intenciones de Lanthimos como el gran aniquilador de los pilares que sostienen a la familia burguesa.

Además de esta carga surrealista, Lanthimos bebe de la tragedia griega más clásica, con todas las consecuencias. Tanto es así que el espectador puede imaginar el final sin muchos problemas, pero cuando ocurre el inapelable desenlace, no por reconocido, resulta menos desgarrador.

Todo este enfrentamiento con el dolor y la pérdida se consigue, incluso, a pesar de los personajes de este autor, como siempre, una especie de seres ajenos a cualquier reacción puramente humana. La familia protagonista, tras la fachada de vida de clase alta, esconde una buena colección de taras y traumas, presentados con absoluta naturalidad por el director, que disfruta con el tratamiento de personajes límite. Arrastrados por el destino, hieráticos y distantes, las miradas perdidas, los silencios, el impertérrito modo de observar un mundo donde lo imposible es una pieza más de la vida, resultan en la imposibilidad de sentir empatía por estos seres incomprensibles. Aún cuando la desgracia azota la existencia, caemos en la espiral de incomodidad por el conjunto de morbosa extrañeza que fabrica Lanthimos, pero muy lejos de entender las reacciones de los implicados.

Para redondear el conjunto, el plantel de actores está especialmente convencido en la ejecución de sus personajes, y redondean la comentada sensación de normalidad aplastante y ajena a la realidad. Collin Farrell no es precisamente santo de mi devoción, pero consigue dar vida a su doctor con admirable control. Nicole Kidman ya no sorprende con el tipo aristocrático casi intocable que tan bien luce, pero está como pez en el agua en la piel de una mujer que roza lo fantasmal. Sin duda, el premio en este sentido es para el joven Barry Keogham, terrorífico e impasible como detonante de los avatares de la familia protagonista. Imperturbable, se erige como una especie de dios cruel y deja alguno de los mejores momentos de la película.

El sacrificio de un ciervo sagrado

El cine de Lanthimos se aleja con inteligencia de lo convencional. Ha conseguido crear un estilo propio de contar historias, amalgama de influencias que le sitúan en un lugar privilegiado entre directores internacionales. El problema que plantea esa apuesta tan personal por la mirada al universo pervertido que sirve de escenario a sus experimentos, es que el público no tiene que jugar en tu misma liga necesariamente. Por mi parte, admito que me fascina el director griego. Consigue que acepte su propuesta, que, dentro de su elegante envoltura y el estrafalario aparato narrativo, el conjunto resulto coherente. El sacrificio de un ciervo sagrado rezuma amor por los clásicos, modernizados de manera salvaje por un director único.

Puede ser que, un día, Lanthimos se acomode demasiado en su propia visión y resulte predecible y aburrido. Por el momento, nadie hace películas como él. Por mi parte, El sacrificio de un ciervo sagrado me ha removido en la butaca, por incómoda, por inevitable, por el cinismo desgarrador, sin lugar para la esperanza. Sentir emociones en un cine, más allá de las esperadas impresiones prefabricadas habituales, es cada vez más extraño. Por su atrevimiento y eficacia, El sacrificio de un ciervo sagrado no merece otra cosa que mi aplauso.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer),  Reino Unido, 2017.

Dirección: Yorgos Lanthimos
Duración: 121 min minutos
Guion: Yorgos Lanthimos, Efthymis Filippou
Producción: Element Pictures / Film4 / New Sparta Films
Fotografía: Thimios Bakatatakis
Reparto: Colin Farrell, Nicole Kidman, Barry Keoghan, Raffey Cassidy, Sunny Suljic, Alicia Silverstone, Bill Camp

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