Críticas

Sabor amargo

El sabor de las cerezas

Ta'm e guilass. Abbas Kiarostami. Irán, 1997.


Palma de Oro en Cannes, en 1997, esta película singular me dejó perplejo cuando la vi por primera vez. Volviendo a verla después de años, sigue pareciéndome algo hermética y me sigue dejando perplejo y algo irritado, ya que me parece que no hay preocupación del cineasta de que la mayoría de los espectadores tenga acceso a ella.

La intriga es simple, pero sorprendente: un hombre de unos cincuenta años da vueltas en las afueras de Teherán, conduciendo un automóvil. La mayor parte de la película da vueltas en redondo. A cargo del espectador queda el interpretar tal recorrido. El protagonista busca a alguien que lo ayude en su proyecto de suicidarse y promete mucho dinero a quien acepte. El “ayudante” deberá ir al amanecer al lugar donde él ha cavado una fosa y en donde se acostará durante la noche luego de haber tomado una gran cantidad de pastillas para dormir. Deberá enterrarlo, arrojando tierra encima o, de lo contrario, ayudarlo a salir del hoyo si su proyecto ha fracasado y aún está vivo.

Podemos decir que el cineasta mantiene el suspenso, porque el protagonista solo revelará su proyecto hacia la mitad de la película. Hasta entonces somos testigos de su deambular, durante el cual propone un pasaje a tres hombres, sucesivamente, que se sientan junto al conductor para escuchar la proyección del futuro y próximo lugar definitivo del protagonista: la muerte.

Mientras tanto, bombardea a cada pasajero con preguntas de todo tipo, y cada uno de ellos reacciona de manera diferente, en adecuación con quiénes son: un militar joven, un religioso y un taxidermista empleado de un museo. Este último, el más viejo, finalmente aceptará. No es casual que lo sea: su trabajo ofrece la eternidad a los animales que embalsama. Tampoco es casual que, al codearse con la muerte diaria, pueda ser sensible a la solicitud del Sr. Baadi, Y que sea también él quien le dé una lección de vida, al intentar convencerlo de renunciar a su proyecto: él mismo había querido suicidarse, pero el descubrimiento de un cerezo y el sabor de las cerezas maduras le hicieron olvidar su deseo de muerte.

Estamos en presencia de una fábula filosófica y poética sobre la vida, la muerte, las pequeñas cosas que nos conectan con este mundo: cerezas, sol naciente, luna, viento, naturaleza. Algo inherente a la filosofía Sufi en Irán, donde el soplo de la vida, la respiración y la naturaleza tienen gran importancia en lo cotidiano.

Voluntariamente (lo dijo en algunas entrevistas), el cineasta nos deja inventar como queramos la razón de la solicitud del conductor, ya que nada sabemos de él, quién es, por qué está en esa situación o de qué huye.

Durante los primeros treinta minutos, la ambigüedad reina y podemos creer que se trata de una tentativa de encuentro homosexual. La homosexualidad y el suicidio están prohibidos en Irán e, implícitamente, el cineasta lo da a entender sin hacer hincapié en el tema. Los discursos de los tres interlocutores del personaje revelan algo del funcionamiento de la sociedad iraní, religiosa y autoritaria.

Sin duda, esta forma enigmática de abordar varios temas sin dar ninguna explicación ni clave de entrada se deba, en parte, a la censura de la que Abbas Kiarostami ha sido víctima la mayor parte de su vida. Pero también es una forma de considerar el cine, una manera personal de proponerlo: quiere dar la máxima libertad a los espectadores, incluso la de terminar las películas que él deliberadamente no termina. Pretende así (lo ha dicho en sus entrevistas) que, de alguna manera, cada espectador complete la película, que sea casi co-guionista.

Es también el caso aquí, ya que el cineasta no contesta a varias de las preguntas que el espectador puede hacerse a lo largo de la película. Es una de las particularidades del cine de Kiarostami la de hacer participar activamente al publico. Tampoco concluye esta, la interrumpe antes de que se sepa si M.Baadi logra suicidarse o no, si el taxidermista cumple su promesa de volver al alba o no. M.Baadi, acostado en la fosa bajo la lluvia de una fuerte tormenta, espera, y se pasa a una pantalla negra que dura largo rato.

La siguiente secuencia nos muestra al actor y al cineasta en el campo (esta vez, verde y luminoso, porque es primavera), rodando tomas durante la preproducción. Filmadas en video y mucho antes de la película, estas imágenes contrastan violentamente con la imagen de la película que veníamos viendo y perturba tanto en términos de forma como de contenido, frustrando a todos aquellos (incluido yo mismo) que esperamos el final de la historia.

La puesta en escena pasa por una pantalla negra que dura largo rato y desemboca en una serie de imágenes luminosas que contrastan con el ocre anterior, filmadas en video. El procedimiento incita al espectador a pensar, a tratar de darle a la obra su sentido personal.

La película tiene bellezas formales, como los travellings que muestran las colinas desnudas, ocres, la camioneta vista de lejos, las imágenes del campo alrededor de Teherán, áridas (es otoño), desiertas, con la ciudad en construcción, creciendo desordenadamente hacia la modernidad.

La ausencia casi total de música, excepto al final, no deja sin embargo espacio para el silencio: camiones, excavadoras, autos, perros ladrando, maullidos desesperados, gritos, conversaciones… la vida transcurre en un incesante ruido, cuya presencia constante es fuente de angustia.

Al verla nuevamente, la misma perplejidad e irritación persisten. La impresión de que se le pide mucho al espectador. El eterno trayecto, finalmente, cansa y hasta puede aburrir. Demasiada conceptualización mata la emoción, y no saber nada sobre el personaje impide la empatía con él.

Abbas Kiarostami es un artista radical y eso es admirable, pero su radicalidad puede suscitar (como Haneke, aunque sin su frialdad) adhesión o rechazo. Sin llaves suficientes, sin información que pueda despertar emociones y frustrados por la ausencia de final concreto, la belleza de algunas tomas, el dominio de los medios técnicos (la casi totalidad filmada en un auto, es un desafío) y la excelencia de los actores no fueron suficientes para recibir mi total adhesión.

Trailer

Ficha técnica:

El sabor de las cerezas (Ta'm e guilass),  Irán, 1997.

Dirección: Abbas Kiarostami
Duración: 98 minutos
Guion: Abbas Kiarostami
Producción: Abbas Kiarostami
Fotografía: Homayon Payvar
Reparto: Homayoun Ershadi, AbdoIrahman Bagheri, Afshin Khorshis Bakhtiari, Sfar Ali Moradi, Mir Hossein Noori

Una respuesta a «El sabor de las cerezas»

  1. Hola, yo he hecho una breve aproximación al film, que amo, y también hay una clnti uacion del mismo desde al menos dos posturas filosóficas.
    No acuerdo con algunas de tus observaciones.
    Lo podes lee en mi face Bet Rizzo (UBA)
    Soy docente de cine, DESDE HACE 25 años. Desde ya, repito, son análisis no académicos. Espero lo leas. Saludos!!!

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