Críticas

Epidural para anestesiar los celos

El practicante

Carles Torras. España, 2020.

Cartel de El practicanteEl practicante es la última película de Carles Torras, un thriller… atípico, estrenado en Netflix. Aunque sigue su línea característica de personajes oscuros, este filme sorprende por la fotografía, la construcción de los personajes y la atmósfera que se crea. ¡Por no hablar del cambio de registro de su actor protagonista! Mario Casas ha tenido que interpretar un rol muy alejado de lo que estaba acostumbrado; ha sido todo un reto complejo –tanto psicológico como físico– que denota madurez y profesionalidad. Solo con decir que con mirarte con esos ojos te echa para atrás, se dice todo.

Mario Casas encarna a Ángel, un técnico en emergencias sanitarias que, en desacorde moral con su profesión, aprovecha las urgencias para hurtar objetos de las víctimas. Vive con Vane (Déborah François), su pareja, que trabaja de telefonista y estudia veterinaria. Quieren tener un hijo; o más bien, Ángel quiere que Vane se quede embarazada… Ella es bastante complaciente. O quizás sea que a él le gusta demasiado el chantaje emocional. El quid de la cuestión es que un día, Ángel, en un traslado al hospital en ambulancia, tiene un accidente que le deja en silla de ruedas. Este suceso sirve de catalizador para que sus celos y desconfianza se conviertan en obsesión: piensa que Vane le está siendo infiel.

Aún así, este lado más sociópata y psicópata de Ángel ya se veía venir desde la primera secuencia. Debido a que es un hombre de pocas palabras, la fotografía se enaltece y consigue presentar al personaje de forma completa, transparente y creativa (a partir de su oficio y el contraste de decisiones, y lo desagradable que es tanto en su relación amorosa como en las relaciones cordiales con sus vecinos y compañeros). Desde  del primer momento se presenta a un personaje oscuro, agresivo.

Así, por una parte, Ángel representa la figura del hombre maltratador que tiene cohibida a su pareja: elige qué tiene que comer, qué debe vestir, dónde debe ir, con quién tiene que estar… Su único objetivo es tener controlada a su novia. Su novia. Es suya. Vane es como un objeto para él, la puede poseer. Sin embargo, a diferencia de la estereotipada figura del controlador, en sociedad no esconde su personalidad: se muestra arrogante, egoísta e inestable. Tal cual es. Qué irónico que una persona tan tóxica y manipuladora se llame Ángel.

El practicante_película

Por otra parte, de Vane se destaca su arco evolutivo: empieza siendo una persona pasiva, frágil, inocente e insegura, que reacciona con normalidad ante situaciones anormales y que se guarda para sí misma las injusticias. Pero durante la historia se convierte en una persona que grita y se hace escuchar; saca la rabia tras darse cuenta de su situación. Dualidad del ser. Pero no solamente cambia en el interior, sino que también sufre cambios externos (que no se especificarán para no destripar la historia).

Y esta doble evolución de Vane sirve para mostrar de manera metafórica la situación de muchas mujeres en las relaciones de maltrato. El hombre empieza abusando de su pareja psicológicamente, y poco a poco va utilizando más la violencia física. Pero esto se está empezando a acabar actualmente, ya que las mujeres se han unido y han empezado una revolución feminista; están saliendo a las calles, se hacen ver y escuchar en las redes sociales y gritan en contra del patriarcado y el machismo.

Para lanzar un mensaje con tanta potencia de una forma que lo honre, se tienen que poner en marcha muchos engranajes. Y en esta película, uno de ellos es la atmósfera tan inquietante que han creado con la puesta en escena y la música. La construcción de los espacios de la historia es tan importante como cualquier otra parte del guion, ya que también se puede considerar como parte del personaje y del desarrollo dramático. Se tiene la voluntad de que, a través del tratamiento visual, se pueda explorar y ser conscientes de los sentimientos y emociones de cada uno de los protagonistas.

Fotograma de El practicante

Al principio, las localizaciones están bien iluminadas, con una decoración cálida y antigua, con colores neutros. No obstante, en la segunda parte de la obra, los colores, aunque aún cálidos, se vuelven menos luminosos y más oscuros. También hay alteraciones de luz y sombras intencionadas para que predominen los claroscuros y la luz dura. De esta forma, se crea un escenario más sombrío y lúgubre. En ocasiones, predominan los verdes y los colores fríos de las paredes y el atrezzo.

Gracias estas localizaciones se puede ser testigo de una representación metafórica de la violencia de género: está todo oscuro, igual que el “amor” que les une. El dormitorio muestra que es un agresor, una mala persona, oscura, destructiva, dañina, posesiva y cerrada mentalmente. Pero no solamente nos habla sobre Ángel, sino también sobre Vane: el dormitorio es ella en conjunto; lo que Ángel le hace ser. Llega un momento en que no sale de ese espacio, se está perdiendo la vida, se está pudriendo por dentro y por fuera. Ella es –o fue– sumisión, tristeza, humillación, esclavitud, prisión, dependencia.

Finalmente, a la narrativa sonora le tiene que recaer una especial consideración e importancia, porque además de ambientar la situación, potencia y completa la comunicación. El mensaje y el impacto no sería el mismo si se visualizara la obra sin ningún sonido, pero si hay algo que no se olvida de este filme es Un sorbito de champagne, el irónico contrapunto musical que va sonando a lo largo de toda la cinta y que culmina en su escena final. Podríamos llamarlo “efecto Kill-Bill”.

Fotograma de El practicante

 

El practicante se ha posicionado en uno de mejores thrillers de Netflix. Es un proyecto osado e inteligente, lleno de denuncia y de originalidad.

 

Tráiler

Ficha técnica:

El practicante ,  España, 2020.

Dirección: Carles Torras
Duración: 94 minutos
Guion: David Desola, Hèctor Hernández Vicens, Carles Torras
Producción: Netflix, Babieka, Zabriskie Films
Fotografía: Juan Sebastián Vasquez
Reparto: Mario Casas, Débora François, Celso Bugallo, Rául Jiménez, Pol Monen, Guillermo Pfening, Maria Rodríguez Soto, Gerard Oms

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