Investigamos 

El paisaje cinematográfico en Vacas de Julio Medem

En 1992 el cineasta euskaldún Julio Medem hacía su debut en el largometraje con su filme Vacas, estableciendo con su opera prima las preocupaciones que ocuparían su filmografía posterior y los principales lineamientos estéticos y narrativos que lo caracterizarían. Aunque su obra es múltiple en elementos formales y conceptuales, existen en Medem una marcada inclinación a privilegiar lo visual sobre una narrativa que gusta de los argumentos cíclicos y de los sistemas binarios que se modulan entre lo real y lo ficticio, lo onírico y lo tangible, como medio expresivo para explorar conflictos de corte historicista, identitarios y sociológicos. Con esto se establece la paradoja Medem que ha pesar de haber chocado desde sus inicios ¨con los recelos de un sector de la crítica, que le reprocha su tendencia a irse por las ramas del artificio visual y de la especulación formalista en detrimento del relato¨[1] y en efecto su cine estar marcado por las búsquedas formales, ha reflejado con singular certeza conflictos de gran calado en las relaciones sociológicas e históricas que conforman la identidad de su país de origen.

Cartel de la película Vacas

Con Vacas ¨explora sendas alternativas en la manera de imaginar el ser vasco: una, representada por los Mendiluze, fundamentalmente excluyente y atavista; la otra, personificada en los Irigibel, inclusiva y dinámica¨[2]. El filme narra la historia de la rivalidad de estas dos familias a través de tres generaciones que van desde las guerras carlistas hasta el inicio de la guerra de 1936. Filmada en el Valle de Baztán y el Señorío de Bertiz en la provincia de Navarra, el imponente paisaje vasco será parte fundamental de este filme donde se construye a través de elementos que son propios del contexto. ¨El mundo rural que plasma el autor funciona así como reflejo de una colectividad (la vasca) enfrentada a sí misma por una rivalidad y violencia de origen remoto y desconocido¨[3].

Vacas de Julio Medem

La construcción del paisaje en Vacas, está estrechamente relacionado con su estructura narrativa y enmarca ese ambiente cerrado sobre sí mismo, de tradiciones ancestrales y estructuras cíclicas, que dibuja esta historia. Un horizonte único, una sola locación rural caracterizada por las vistas amplias, verdes e imponentes. Un paisaje caracterizado a través de sus elementos biológicos como los animales –vacas, gallinas, ratones, serpientes, caracoles, caballos- y su naturaleza vegetal con múltiples cursos de agua y árboles frondosos, así como por los elementos insertos por la mano del hombre, el caserío, el hacha, los troncos cortados y la práctica de los aizcolari, la vida rural pacífica y tranquila, donde parece que el tiempo no pasa aunque los siglos insistan en desfilar.

Desde la escena inicial se establecen las funciones tanto contemplativas como simbólicas que tendrá en el filme el contexto paisajístico. Influenciado, como observador, por la pintura de Vicente Ameztoy, Medem toma como referencia algunos cuadros paisajísticos del pintor vasco para construir esos planos fijos en que la vista puede otear hasta el horizonte, largos planos generales que como planos de situación nos ubican en el contexto, apoyados por un tempo donde la acción fluye de forma pausada pero indetenible. Además, toma esas influencias tanto más simbólicas que se pueden observar en los cuadros de Ameztoy, quien practicó el surrealismo y fue gran admirador de la pintura metafísica de Magritte. Es de este imaginario que salen estos seres,  especies de espantapájaros hechos de hierbas que el abuelo usa para cazar jabalíes inexistentes. El misticismo y el aura imaginaria de los paisajes del pintor vasco también puede sentirse en ese verdor intenso, el viento implacable o los sonidos inciertos que caracterizan un paisaje que siempre es el mismo y se repite en sus formas, aunque con cada generación va adquiriendo los nuevos y contradictorios matices de la humanidad de arropa.

No obstante, ser un filme donde los extensos predios de lo rural son un protagonista más, Vacas presenta una relación fondo y figura, donde esta última modela y es protagónica en casi todo momento – solo queda relegada en las panorámicas-. El espacio, este territorio fuerte, ese paisaje enérgico y vivo, está casi todo el tiempo replegado a través de una cámara subjetiva que privilegia a una figura que siempre tiene como contraparte al fondo. El director de fotografía Carles Gusi, hace un prolífico uso de la cámara subjetiva, de las tomas en contrapicado y de los amplias panorámicas. La narración se articula sobre este paisaje, que en cierta manera comparte junto al narrador cinemático un conocimiento absoluto de los protagónicos, aunque la importancia vital sea de los seres que lo habitan. La figura siempre guarda una escala menor en el paisaje  tomando connotaciones automáticas hacia lo natural, lo que es común y normal, la profundidad de campo privilegia siempre la escala figurativa. Los planos cercanos, medios, americanos, planos de figura tendrán por lo general un fondo natural, que aunque esté fuera de foco se presenta como una sombra omnipresente.

Foto de Vacas

Desde la secuencia inicial queda establecido este juego de protagonismo que define la cámara. El filme abre con el aiskolari Irrigibel cortando un tronco visto desde un punto de vista cenital. El hacha es protagonista, sube y baja llevándonos a un plano detalle del tronco que está siendo mutilado. La figura fuerte e icónica del aiskolari corta con vigor este tronco que ha sido entendido como símbolo de pureza, siempre arropado por un fondo fuera de foco. Los fragmentos de troncos saltan y caen en el suelo, hasta que uno llega al cielo y se queda detenido. Vacas, el título del filme, abre entonces una gran panorámica donde en primer plano hay una vaca muerta, símbolo de lo que sucederá, en segundo una trinchera y en tercer plano el imponente paisaje. El hombre y sus circunstancias, la lucha y el contexto.

La naturaleza caracteriza y envuelve a los personajes convirtiéndolos en otro elemento constitutivo, en vacas cuyo punto de vista cerrado por el iris, la forma circular con que miran la vida, se convierte en espejo invertido de un discurso que busca subvertir y reflexionar sobre los origines de esta cerrazón, de estos nacionalismos a ultranza, sus estrechas relaciones con la cultura patriarcal y sus ecos. Los elementos que construyen a los personajes masculinos desde el inicio, su cobardía, los enfrentamientos, el arcaísmo rural, las tradiciones seculares, la repetición del ciclo vital y sus estructuras sociológicas son vistos desde ¨una filosofía fragmentaria y desasosegante de la identidad a través de personajes patológicamente privados de ella. Los personajes masculinos de Vacas parecen compartir una común identidad trans-histórica basada en el parentesco, en el clan familiar¨[4].

Es de esta forma que el paisaje explícito de estas regiones adquiere matices subjetivos que complementan a esa identidad transhistórica que se reconoce en una naturaleza inamovible, mágica e imponente que los rodea y los construye tanto a nivel general – como telón de fondo en cada plano -, así como de planos detalles que van a darle importancia a esas pequeñas cosas que forman también parte vital del panorama. ¨Esto es importante, importantísimo¨, repite el abuelo mientras con la cámara fotográfica observa esa naturaleza que no se ve a simple vista, ese esencia tan difícil de captar.

Vacas constituye una poderosa reflexión acerca de las opciones existentes para la construcción de un discurso definitorio de la identidad, tanto en términos ontológicos como —y esto será lo que se resaltará aquí —políticos o nacionales, partiendo de una problematización del caso vasco[5]. Para ello, Medem realiza un interesante juego de perspectivas que se van desplegando a lo largo del filme junto a las tres generaciones que componen este tríptico. A la pura observación del paisaje y sus habitantes se le van añadiendo capas o filtros que simbolizan los cambios de los personajes.

El primer paisaje, ese donde la vaca en descomposición toma un primer plano en la profundidad, es visto desde un narrador cinemático que se coloca en el papel de los primeros Mendiluce y Irigibel, el aiskolary cobarde cuya vida será observada por las vacas que hacia el final se identifican con estos dos primeros patriarcas en un cuadro del abuelo. Esta será la visión castrante del filme, la visión tradicionalista germen de todas los conflictos posteriores heredados. La segunda generación se observa en un momento desde la cámara tomavistas, la fotografía marca con ese imagen familiar e idílica la entrada de un nuevo siglo en el caserío, aunque esto será solo por un momento ese germen, esa nueva mirada se mantiene; con ella y con la siguiente, se despliega esa ¨relectura alegórica de la identidad nacional, (…)  Medem reinscribe y relee algunos mitos fundacionales de dicha identidad: el mito del matriarcado vasco, o la del “gudari” o soldado de la patria¨[6]  Y por último y ya como nueva visión, el joven fotógrafo, una mirada nueva, foránea a un conflicto del cual hay que salirse para en cierta forma combatir o al menos llegar a entender.

Diversas miradas, múltiples lecturas y una opera prima que se inscribe dentro de lo más original del cine europeo de los años 90´ y que le valió a su director el primer Goya de una colección que ampliaría con casi todos sus filmes posteriores.

_________________

[1] Heredero, Carlos F. (1999) 20 nuevos directores del cine español. Alianza Editorial. Madrid. Pp 250.

[2] Martin-Estudillo, Luis. (2007). El hacha en la sangre. Nacionalismo y masculinidad en Vacas, de Julio Medem. Journal Of Spanish Cultural Studies.

[3] Egaña Etxeberria, I. (2008) La memoria como identidad en el cine de Julio Medem : Vacas y Los amantes del círculo polar [En línea]. I ° Congreso Internacional de Literatura y Cultura Españolas Contemporáneas, 1 al 3 de octubre de 2008, La Plata. Los siglos XX y XXI. Disponible en: http://www.fuentesmemoria.fahce.unlp. edu.ar/trab_eventos/ev.394/ev.394.pdf.

[4] Martínez Expósito, Alfredo. (2004). Julio Medem y la poética del compromiso. Alpha (Osorno), (20), 121-134. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012004000200008

[5] Martin-Estudillo, Luis. (2007). El hacha en la sangre. Nacionalismo y masculinidad en Vacas, de Julio Medem. Journal Of Spanish Cultural Studies.

[6] Egaña Etxeberria, I. (2008) La memoria como identidad en el cine de Julio Medem : Vacas y Los amantes del círculo polar [En línea]. I ° Congreso Internacional de Literatura y Cultura Españolas Contemporáneas, 1 al 3 de octubre de 2008, La Plata. Los siglos XX y XXI. Disponible en: http://www.fuentesmemoria.fahce.unlp. edu.ar/trab_eventos/ev.394/ev.394.pdf.

Una respuesta a “El paisaje cinematográfico en Vacas de Julio Medem”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *