Críticas

Elegía antisistema del Culebra y el Cabeza

El mundo es nuestro

Alfonso Sánchez. España, 2012.

Cartel de la película El mundo es nuestroLa reducción de costes a la que obliga la lamentable coyuntura económica por la que atraviesa el cine español (entre otros muchos) está traduciéndose en una forzosa concentración de labores y, por consiguiente, en la eliminación de oficios. Sonará frívolo pero, quizá, esta industria se encuentre lo más cerca que ha estado nunca de alcanzar una etiqueta soñada, la de productora de un auténtico cine de autor, que, en clara contradicción de su significado, conferiría ese prestigio y esa llamada de atención que tanto precisan nuestras películas (desde la propia puerta de casa). Por otro lado, un aspecto mucho más positivo; esta concentración del trabajo está incentivando, de manera indirecta, el ingenio del creador. Se multiplican los casos en los que el director también hace las veces de productor para una misma obra y, por ello, el ingenio interviene no solo en sus destrezas argumental y plástica, sino también en la dimensión empresarial, referida a los formatos de distribución de su producto.

El mundo es nuestroEl mundo es nuestro no sigue precisamente este modelo, pero debe su existencia a la eficacia de estos canales alternativos. El Culebra y el Cabeza son dos macarras “poligoneros” que han saltado a la gran pantalla tras haberse dado a conocer en Youtube. Más de diez millones de visitas avalan su filosofía de andar por casa sobre la complicada etapa que nos ha tocado vivir. Sus disquisiciones dan voz al paria y reflejan la resignación de toda una clase, y su actitud combatiente contra el sistema financiero viene a concretar, según sus propias palabras, “el paradigma del bandolero contemporáneo”; son la evolución natural de la anarquía poética que inspiraba el mítico Makinavaja, ratero lolailo del barrio chino de Barcelona, desde las páginas dibujadas por el fallecido Ramón Tosas “Ivá” (y que contara con sendas adaptaciones a cine y televisión). La muestra más representativa de este intelectualismo en chándal la brinda el sensacional arranque, tres minutos de apabullante declaración de intenciones sobre el travelling de una scooter.

El director debutante, Alfonso Sánchez, trata de enfilar, pues, una precisa variante de un costumbrismo que no reniega de sus orígenes, una especie de actualización del maestro Berlanga, como no dudan en reconocer sus creadores. Si bien la voluntad es la misma, existe una gran diferencia en la forma. Mientras que el autor de Plácido (1961) atacaba las podredumbres del régimen franquista a través de argucias que trataban de eludir la censura, Sánchez es, acorde a los tiempos que corren, mucho más descarado. Pero con un gran mérito: su proceso de denuncia deja adivinar un “buenrrollismo” latente bajo un contexto que motiva todo lo contrario. Y conseguir eso es muy complicado.

Fotograma de El mundo es nuestroHartos de comerse las sobras del mundo, el Culebra y el Cabeza atracan un banco donde se encuentran con una muy atinada -y bien puntualizada- muestra representativa de la amalgama social que padece la crisis: el parado que sobrevive a base de chapucillas, la funcionaria malencarada, la empleada alienada, la recién licenciada en situación laboral precaria, la pareja de jóvenes a punto de hipotecar sus vidas, y un par de miembros de minorías, el homosexual y el inmigrante. Al otro lado, también como (supuestos) rehenes, los causantes a la par que beneficiarios de la situación económica: empresario y director de banco. Y en medio, un empresario honrado con conciencia de clase. La química que allí dentro tiene lugar no debería considerarse un síndrome de Estocolmo, sino la imperiosa necesidad de señalar de una vez por todas al malo de la historia y hacer piña contra él.

El mundo es nuestro, críticaLa peor consigna de El mundo es nuestro pasa por una reconocible obsesión por arrojar a la retina del espectador una amplia colección de estímulos impostados que pudieran hacer de la cinta un sorprendente pelotazo taquillero (algo lógico, si tenemos en cuenta su imposibilidad de promoción). Los toscos pero simpáticos guiños cinéfilos, la compensación de las malas interpretaciones con una divertida galería de freaks al estilo Pendelton -que adereza un irregular tempo de comedia- o el intento por perdurar en el tiempo a través de coletillas (“pues también es verdad”), son síntomas evidentes de que la película de Alfonso Sánchez no termina de encontrar una identidad cinematográfica (parte de la crítica la ha catalogado como un sketch dilatado), como sí hace con la social: el localismo de la Semana Santa sevillana, si bien gratuito, da cuenta no solo de la concreción de una idiosincrasia, sino de un sentimiento genuino -y, por otro lado, es el único elemento que añade cierta coherencia al insulso operativo policial.

El mundo es nuestro, la películaSánchez logra sostenerse gracias a su buena intención (que contrasta con esa mala leche tan habitual en las reivindicaciones) y se deja querer con un muy digno manifiesto de la clase trabajadora que, aunque no logre convencer en su valoración artística, sí funciona como un edificante desahogo para el público (a pesar de un happy ending tan frenético como consolador: “Virgencita, que me quede como estoy”). Así, los tópicos y los arquetipos quedan legitimados por dedicarse a recoger un pensamiento colectivo –algo a lo que, sin duda, ha contribuido esta etapa post-15M. Incluso, la previsibilidad y la mejorable realización no han de ser un impedimento para disfrutar de algo que, en el fondo, no tiene gracia. El estreno en salas comerciales de una cinta low-cost financiada a través del “micromecenazgo” es ya toda una hazaña. Ojala empezara a hacerse en España un cine con tanto ímpetu, valiente tanto en la producción como en la temática. Eso sí, pronto se notará su impronta en el agitado(r) panorama andaluz.

Tráiler:

Ficha técnica:

El mundo es nuestro ,  España, 2012.

Dirección: Alfonso Sánchez
Guion: Alfonso Sánchez
Producción: Álvaro Alonso y Alfonso Sánchez
Fotografía: Daniel Mauri
Música: Maravilla Gypsy Band
Reparto: Alfonso Sánchez, Alberto López, Olga Martínez, Daniel Morilla, Antonia Gómez, José Rodríguez, Estrella Corrientes, Miguel Ángel Sutilo, Pepa Díaz-Meco, María Cabrera Vasco, María Teresa Sandoval, Pepe Quero, Antonio Dechent

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *