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El fantasma de la Ópera

El fantasma de la ópera según Joel Schumacher

La novela El fantasma de la Ópera, escrita por Gastón Leroux, apareció por entregas semanales a partir de 1909 y ha sido adaptada muchas veces para películas y obras teatrales, notablemente en el magnífico musical del mismo nombre de Andrew Lloyd Weber (1986). Esta obra musical ha logrado resultados realmente impresionantes, con más de tres mil millones de dólares en entradas y más de 100 millones de espectadores, convirtiéndose así en la obra artística que más dinero ha ganado, sobrepasando de lejos a la película más rentable, Avatar (James Cameron, 2009). El éxito de este musical ha ocurrido en todas las ciudades donde se ha presentado: la producción de Nueva York ha ganado 600 millones de dólares y se ha exhibido 10.000 veces; en Londres, ha estado en escena por muchos años. En todo el mundo ha ganado más de 50 premios.

Lon Chaney es el fantasmaUna poderosa razón para este éxito glamoroso tiene que ver, naturalmente, con la notable música compuesta por Lloyd Weber. El tema principal de la obra ha sido interpretado por muchos artistas y grupos notables, en una amplia diversidad de géneros, tales como Camilo Sesto, Lacrimosa, Nightwish y Tarja Turunen. Sin embargo, debemos admitir que hay algo más que la música detrás de semejantes resultados. Cuando examinamos la novela El Fantasma de la Ópera y las distintas películas que se han hecho, notamos tres polos de atracción en la historia: la música, y concretamente la música dramática; el horror, asociado con la idea de un fantasma misterioso y único, y el teatro de la Ópera, un lugar magnífico, lujoso, lleno de tradición. Vienen a la mente los teatros de ópera de alguna ciudad europea, París, pero podría suceder en Londres o en Viena.

Robert EnglundLa idea del fantasma en esta historia está, además, asociada con la de una mujer bella que cae bajo el encanto de un ser misterioso, en la línea de la Bella y la Bestia, o de Eros y Psique o de El jorobado de Notre Dame. La atracción que ejerce el misterio es uno de los arquetipos más establecidos en la psiquis humana y resuena poderosamente en las mentes de los espectadores.

Gastón Leroux vivió entre 1868 y 1927, en plena era espiritista, cuando los síquicos eran famosos y se estudiaba a los seres fantasmales a partir del testimonio de médiums dotados de percepciones extrasensoriales. En la obra de Leroux, los temas de fantasmas, vampiros, sangre y resurrección de los muertos son prevalentes (La Poupée sanglante, La máquina de asesinar, Le Mystère de la Chambre Jaune y, finalmente, El fantasma de la Ópera).

Teri Polo es ChristineEn esencia, la trama de El Fantasma de la Ópera es una historia que combina romance, música, terror, misterio y tragedia. Trata de Erik, un hombre misterioso, un genio musical, que se enamora perdidamente de Cristina, una joven y talentosa artista, a quien inspira musicalmente. Este es su lado hermoso. Pero al mismo tiempo tiene un pasado turbulento e instintos asesinos, que lo llevan a aterrorizar el ambiente del teatro de la Ópera en el cual vive, oculto en las antiguas catacumbas sobre las cuales está asentado el teatro. Es un ser atormentado por la locura, que aparece y desaparece fantasmagóricamente en busca de atención y de vivir sus fantasías musicales. Sus actuaciones de fantasma han creado un halo de superstición en el teatro y de este se aprovecha el personaje para sentirse poderoso y respetado. Naturalmente, la trama se equilibra con un enamorado del mundo real y más cuerdo, que, sin embargo, lo arriesga todo para salvar a la heroína de la terrible situación a que se ve sometida una vez que sucumbe al encanto de Erik. Es importante también la presencia de Carlota, una cantante prestigiosa que se interpone en la carrera musical de Cristina (o al contrario), convocando las iras del fantasma.

ChristineEs claro que hay material para muchas historias, según se ponga el énfasis en la historia de Erik o en los misterios del teatro, o en los aspectos musicales. Incluso hay material para investigaciones policíacas o para romances y tragedias amorosas, lo mismo que para un recorrido por las costumbres de las clases y personas que frecuentaban los teatros de la ópera en el siglo XIX. Pero en todas las versiones el aspecto central tiene que ver con la misteriosa atracción que Cristina sufre por Erik, en quien percibe a un ángel de la música enviado por el espíritu de su padre, encanto que se rompe cuando descubre el ser horroroso que se oculta detrás de la máscara que usa el personaje.

Son al menos doce las películas que se han hecho, la primera de ellas Das Phantom der Oper (Ernst Matray, 1916), protagonizada por Nils Crisandher y Aud Nissen; luego The Phantom of the Opera (Rupert Julian, 1925), protagonizada por Lon Chaney, Sr. Más recientemente, The Phantom of the Opera (Dwight H. Little, 1989), con la interpretación de Robert Englund; Il fantasma dell’opera (Dario Argento, 1998), con Julian Sands, y finalmente The Phantom of the Opera (2004, Joel Schumacher), que es la versión cinematográfica del musical de Lloyd Webber, con Gerard Butler y Emmy Rossum como los protagonistas.

Títulos de créditoThe Phantom of the Opera (Rupert Julian, 1925) es una de las joyas del cine mudo. Es bastante desafiante desarrollar un tema que tiene mucho que ver con una joven artista que recibe inspiración musical en el canto bello, en un ambiente de cine mudo. Por eso el énfasis de esta cinta se ha puesto en los aspectos fantasmagóricos de Erik y en los misterios de las profundidades del Teatro de la Ópera de París, en el cual ocurre la acción. El inicio mismo de la película se desarrolla con una escena lenta, en la cual la solitaria luz de una linterna va revelando pasajes secretos en medio de una oscuridad que llena el cuadro. En las leyendas entre escenas, se resalta que el teatro está asentado sobre cámaras de tortura medievales que ocultan terribles tragedias. Hay unas preciosas secuencias que se desarrollan alrededor de un grupo de jóvenes bailarinas de ballet vestidas de blanco, a quienes se muestra explorando las cámaras del teatro en un ambiente de sombras y de luces tenues, una bella aproximación hacia la exploración del terror, que crea en el espectador una sensación de tranquilidad que lo adormece. La misma que será rota bruscamente en la escena más famosa de la película: aquella en la cual Cristina arranca la máscara del fantasma para contemplar horrorizada su cara espectral.

Un momento de terrorEn esta versión del cine mudo hay otras escenas notables. En una de ellas, Cristina y su romántico pretendiente, Raúl, se retiran a la terraza del teatro, en medio de una noche parisina y una suave brisa, apoyados en una de las majestuosas esculturas que lo adornan, a soñar con escaparse del hechizo del fantasma y a planear su huida luego de la próxima función de la ópera Fausto, de Gounod; los dos no son conscientes de que Erik, el fantasma, con su capa ondeando al viento, apoyado en los serenos personajes de la escultura, está encima de ellos, escuchando todo lo que están planeando. Es una escena verdaderamente fantasmagórica por el efecto del viento y lo bizarro de la situación. En otra, se aprovechan los efectos del blanco y el negro magníficamente, en los momentos que anteceden a la caída del gran candelabro de la platea principal, con un juego de luces oscilantes y con ayuda de los movimientos de los ojos de Cristina, brillando en la penumbra. La búsqueda del fantasma, que ha escondido a Cristina en su refugio secreto, es una joya de la investigación en el cine mudo, que va revelando sus secretos de manera sorprendente, a base de juegos de luces, de gestos y de actuaciones, sin la ayuda de efectos especiales.

Cartel de la versión de 1989The Phantom of the Opera (Dwight H. Little, 1989) ofrece una versión bien diferente de la novela. Acá se juega con el viaje a través del tiempo. Tanto Cristina como Erik, y alguno de los otros personajes, viven la historia del fantasma a modo de regresión hipnótica, como en una saga de vidas pasadas que se va repetir cíclicamente porque el fantasma es un ser eterno, maldito, cuya alma ha sido vendida al diablo, que nunca va a renunciar a su amor por la música y por Cristina, sin importar que muera en cada intento. Cristina, una joven mujer de la época actual, está tratando de lanzarse como artista de ópera, buscando ser reconocida en una audición musical. Misteriosamente, cae en sus manos una versión de la ópera inconclusa, Don Juan Triunfante, compuesta por Erik, el fantasma. Cuando Cristina la canta en la audición, sufre un trauma que la lleva al pasado, donde vivirá una versión de la historia de Leroux muy centrada en la ópera y en el canto bello, particularmente en las arias para soprano del Fausto de Gounod. En este caso, el Teatro de la Ópera es londinense y algunas de las escenas ocurren en las callejuelas del Londres del siglo XIX, tenebrosas y llenas de niebla, al modo de Jack el Destripador o de las aventuras de Sherlock Holmes, con detective incluido. En esta versión, el fantasma es un terrible asesino que avanza locamente en una bacanal sangrienta, negando el axioma de que una persona de excelencia musical es incapaz de ser un carnicero despiadado. Pero no puede escapar a sus instintos, que son los de un alma maldita, vendida al diablo.

Cartel de la miniserie dirigida por Tony RichardsonEn la serie en dos partes para TV, Phantom of the Opera (Tony Richardson, 1990), con música de John Addison y la actuación de Charles Dance, Burt Lancaster y Teri Polo, el foco es sobre la ópera, el teatro y una visión amable de Erik, el fantasma. Muchas de las escenas tienen que ver con el canto y se presenta a Cristina como una joven campesina que se acerca a París soñando con una carrera en la ópera. Ella empieza a trabajar como ayudante y recorre admirada el teatro, cantando, mientras Erik la escucha encantado y aparece ante ella, con su máscara, pero de aspecto gentil, poco terrible, y se ofrece a darle entrenamiento en el canto. Definitivamente, en esta versión el fantasma es un ser amable, casi divertido, una especie de padre amoroso con Cristina. Eventualmente, todos los detalles de esta particular historia de Erik son revelados, culminando en un final trágico en los techos del teatro de la Ópera, no sin que antes Erik caiga en el crimen cuando se sienta amenazado.

Cartel del musical dirigido por SchumacherThe Phantom of the Opera (Joel Schumacher, 2004), producida por Andrew Lloyd Webber, protagonizada por Gerard Butler, Emmy Rossum y Patrick Wilson, es la última adaptación cinematográfica de la novela de Gastón Leroux. La banda sonora compuesta por Andrew Loyd Webber es interpretada por los actores protagonistas: Emmy Rossum, como Christine Daeé, Gerard Butler, como el Fantasma, y Patrick Wilson, como Raúl. Es un trabajo verdaderamente notable conformado por veinticinco piezas musicales. En esta versión, el énfasis está enfocado totalmente en la música, que trasciende lo operático y conforma la sustancia de los diálogos entre los personajes, especialmente entre Cristina y sus dos amantes. El fantasma es un personaje trágico, atormentado, que genera compasión, si bien atemperada por sus arrebatos criminales y violentos. El diseño de su máscara es bastante innovador, en cuanto a que el personaje tiene dos caras, lo cual simboliza muy bien su doble carácter, sensible y violento. Este fantasma no perece, como los de las otras versiones, vive misteriosamente, siempre enamorado de Cristina, pero resignado a su suerte de perderla por el amor de Raúl.

Al recorrer y visionar estas cuatro versiones de la novela, el espectador no puede dejar de reconocer las inmensas libertades que se toma el cine para narrar una historia ya contada novelísticamente. Me parece que este es uno de sus encantos, una de las tantas sorpresas que ofrece. El cine es como un fantasma caprichoso, capaz de atraernos y de dejarse ver con ciertas apariencias, para cambiar inesperadamente hacia otras. En esa forma nos lleva hacia las profundidades del alma humana, simbolizadas por esas catacumbas que subyacen en los fondos del teatro de la vida, o nos eleva hacia la trascendencia del arte, simbolizada por los cantos preciosos del ángel de la música, o nos transporta hacia la comedia humana, simbolizada en los bailes de máscara o los chismes de los personajes entre bambalinas. Según escojamos la película, podemos apreciar las distintas versiones que nos ofrece el juego humano: ternura, horror, aprecio, desprecio, amor, traición, cantos de alegría o lágrimas que se desprenden sutilmente. Y si nos atrevemos a mirar a través del conjunto, todo se aprecia más integrado y valioso.

Referencias

Juan Jacobo Bajarlía http://saludypsicologia.com/wp-content/uploads/2011/08/Gaston-Leroux-El-Fantasma-de-la-Òpera.pdf

10 opiniones en “El fantasma de la Ópera”

    1. Yo la he visto, hace escasamente dos dias y no recuerdo haber visto algo tan malo. Malo es poco; horrendo y desde luego desprovisto del encanto y el lujo de la VERDADERA opera parisina; ya que, lo que presentan como opera no es sino una triste parodia, rebajada al grado de “charlotada” que, unido a las interpetaciones decadentes de los actores, digamos: el fantasma soso, Christine debil, Raul pretencioso y tanto Monchardin como Richard, dúo comico improvisado, por no mencionar a Carlota, como diva decadente y caricatura grotesca.
      En fin, por si queda alguna duda: no me gustó.

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