Críticas

El Vaticano en la encrucijada

El exorcista del papa

The Pope's Exorcist. Julius Avery. EUA, 2023.

El exorcista del Papa aficheTerror sobrenatural al estilo de El exorcista (William Friedkin, EEUU, 1973), cuerpos flotantes que salen disparados contra las paredes, objetos que vuelan por los aires, todos los ingredientes necesarios para que el filme se convierta en un terror dinámico que emana movimiento por doquier. La distancia con películas de culto es muy grande, no obstante, entretiene sin complicar demasiado.

El relato transcurre entre el Vaticano y Castilla, donde se encuentra una abadía heredada por una madre y sus dos hijos. Amorth es el exorcista jefe del Vaticano, por orden del Papa, irá a investigar la posesión demoníaca del varón de la familia; no será fácil vencer al demonio.

Russell Crowe es exorcista a contrapelo, un outsider en tiempos renovadores;  la Iglesia está pretendiendo ceder terreno a la medicina. Se reconoce un 98 por ciento de falsos casos de posesión, vinculados a enfermedades mentales, contra el 2 por ciento de casos con “real” influencia demoníaca.

Contexto en el que el padre Gabriele Amorth se convierte en rebelde, con un estilo personal asentado en la propia experiencia. El personaje es trabajado en una línea poco convencional al terror habitual; es el improvisador de repertorio, la regla quebrantada por el principio general que abre la acción a la particularidad de un “héroe” eclesiástico. Ganará seguridad personal frente a la audiencia. Su presencia será eje del filme. Ausente de circunspección, envuelto en un aire de consejo despreocupado; el peligro cede ante la confianza que va ganando a un espectador pendiente de dramatismos de último momento.

Algo del estilo del cine de superhéroes se cuela en un desenlace apoteósico, batalla final de poderes transferidos en presente: Amorth y el padre Esquibel apelan a rituales en busca del poder divino. Particularidades que acotan, a un espacio-tiempo diferenciado ante terceros, todo lo relacionado con los procedimientos de exorcismo. El filme llega a ser una lucha, entre Dios y el Diablo, con  Amorth y Asmodeo como protagonistas. Todo enmarcado en un ambiente que semeja la confrontación entre héroes y villanos del cómic. El sacrificio es transferido a la debilidad de la carne en señal de absolución por la gran obra. Los sacerdotes de un final de los tiempos, bloqueado por la hazaña divina, logran vencerse a sí mismos en la superación del pecado. Inmoralidades que operan desde el poder del mal, la lucha exterior también es interior.

El exorcista del Papa fotograma

Prima la lógica del espectáculo, con efectos especiales arribamos a la guerra entre fuerzas sobrenaturales; estos “héroes” solo pueden aspirar al mejoramiento de sus conciencias y el desarrollo de habilidades convocantes de poderes ajenos; la batalla es trascendente. Lo que habita la tierra oficia de instrumento canalizador de energías, con voluntad independiente, aunque definida en su procedencia. Es lo que habilita la diferencia con los patrones del universo de superhéroes, donde los poderes habitan la naturaleza del bien, incorporado a los luchadores de la justicia. Ellos lo representan, pero también  lo ostentan en su interior. No deben convocar a nadie para vencer.

Buena fotografía, la iluminación crea climas que atraen el presente hacia un pasado difuminado, reviviscencia de tiempos de inquisición española. Lo tenebroso y enigmático se conjuga en el pasaje por las catacumbas; la tierra se engarza en una imagen neblinosa, donde el mal pretende someter al bien por la confusión.

La puesta en escena es de lo más destacado, junto con algunos pasajes de travelling, que capturan puntos de vista diferentes entre los cuerpos, se genera una especie de micro suspenso que no llega a prosperar en la intensidad adecuada, quedará a medio camino. De todos modos, funciona, dado la rapidez que el filme intenta imprimir en pasajes que operan a modo de transición con lo que vendrá. Se inyecta la acción en un in crescendo que divide secuencias, la posesión familiar será etapa previa, abrirá paso al combate decisivo.

The Pope's Exorcist escena

Un doble complot converge en la causalidad del sabotaje, la función del exorcismo es puesta en entredicho. Los obispos aprovechan la enfermedad del Papa.  Amorth será el compromiso con la tradición.

El humor distiende, conjuga dos niveles de acceso; el poder juega con la ironía, el sarcasmo y la provocación. El exorcista exhibe el aplomo de quien puede permitirse el desafío ante el poder, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Un elegido dispuesto a resistir con hidalguía. Así es presentado Amorth por un Russell Crowe incisivo en un papel que le demandó estudiar a fondo la personalidad del sacerdote.  Sin descollar, lo más destacado del filme, labor asentada en el aplomo de un actor de gran experiencia.

Contraste entre el statu quo y la renovación; el filme remarca el valor de no tirar las tradiciones por la borda, el cuidado en la reformulación de concepciones; una defensa a las políticas espirituales que demarca identidades en el tiempo. Lectura que se cuela en la aventura; aporte entre sombras, un enfoque asoma tímido en los planteos del “tribunal” eclesiástico. Todo lo demás será demostración de vigencia, riesgos invisibles que sobreviven en un 2 por ciento de posibilidades.

The Pope's Exorcist plano

Versión sin mojigatería, sortea las pasiones, las transforma en sucesos de época vigentes, pecado a manera de excusa que suple las mayores transgresiones del corrupto sacerdocio. Se abusa de la debilidad física del Papa para destruir las tradiciones, culminarán afianzando su “verdad” en beneficio de una probable secuela.

Una película menor, expone al sacerdote desde lo mítico en aras de un recurrente acceso a lugares comunes al servicio de dinámicas típicas a este tipo de producto comercial.

Cine de género combinatorio, extrae lo útil a la taquilla con una versión que “exorciza” las rigideces e inyecta el riesgo. Límite de lo heroico en los poderes beligerantes de las tendencias habituales. El bien y el mal brotan de fuentes primigenias, símbolos directos de múltiples batallas, quizá, preparatorios de  un futuro que anuncie una nueva saga; en el saludo de los clérigos existe el desafío. Aun quedan 199 depósitos de ángeles malditos, lo demoníaco está entre nosotros. ¿Continuará la historia?

 

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Ficha técnica:

El exorcista del papa (The Pope's Exorcist),  EUA, 2023.

Dirección: Julius Avery
Duración: 103 minutos
Guion: Evan Spiliotopoulos, Michael Petroni. Biografía sobre: Gabriele Amorth. Historia: R. Dean McCreary, Chester Hastings
Producción: Screen Gems, 2.0 Entertainment, Jesus & Mary, Loyola Productions. Distribuidora: Screen Gems
Fotografía: Khalid Mohtaseb
Música: Jed Kurzel
Reparto: Russell Crowe, Alex Essoe, Daniel Zovatto, Peter DeSouza-Feighoney, Franco Nero, Laurel Marsden, Cornell John, Bianca Bardoe, Ryan O'Grady, Santi Bayón, Paloma Bloyd, Alessandro Gruttadauria, River Hawkins, Jordi Collet, Carrie Munro, Marc Velasco, Edward Harper-Jones, Matthew Sim, Victor Solé, Tom Bonington, Andrea Dugoni, Laila Barwick, Gennaro Diana, Pablo Raybould

Una respuesta a «El exorcista del papa»

  1. En el primer encuentro entre la madre de Regan y el padre Damián Karras (El Exorcista, por supuesto), ésta le pregunta si cree en el exorcismo. Karras responde categóricamente que no; que desde que se descubrieron las enfermedades psiquiátricas como la esquizofrenia y la bipolaridad, no. Que para creer en eso habría que regresar al siglo XVI. Acto seguido le sugiere que interne a su hija en el mejor lugar que pueda pagarse, y la deje en manos de los mejores especialistas.

    Encuentro en esta escena ante todo verosimilitud y también certeza, de que lo que vendrá será verdaderamente terrorífico. No sucede lo mismo con la película que nos ocupa, en donde se debate el encuentro con el diablo como si se tratara de una amistoso de la NBA; en tanto el personaje de Russell Crowe se dedica a hacer su «numerito» sugiriendo al edecán que le traiga un expresso doble.
    El tema del exorcismo, está tan bastardeado que a veces me pongo a pensar si de verdad me gustan todavía las películas de terror. Porque, los malos guiones (escritos por no menos de 3 guionistas, guiados/supervisados y corregidos a posteriori por productores y esposas e hijos, y por qué no amigos de estos últimos), tienden a desmotivarme cada vez un poquito más.
    Como show es una más; hay una escena -ridícula hasta el hartazgo- en donde creo, que se trata de la hermana del poseído (ya no importa) en donde trepa por las paredes (una vez más!!!), y luego cae desde las alturas como si se tratara de una super heroína con rodillita al piso, la otra pierna en posición de largada y mirada hacia al frente, amenazante. Ahí dije basta, saqué el Blu Ray del reproductor y lo hice planear por el ventanal.

    Para cerrar estas opiniones agoreras, tuve el acierto de haber puesto -a continuación- en el reproductor, una película que la había solicitado solo yo en el puesto de películas, lo hice porque había leído una escasa reseña que habían publicado respecto de este film de origen israelí, se trata de El exorcismo de Mazzik, que por supuesto no es el título original.
    Aquí me saco el sombrero, sobre una película cuyo protagonista excluyente es el director de fotografía a las órdenes del director, en el cual construye un metraje de pura sugestión hipnótica.
    Una lección de cine, que por supuesto no verán guionistas, productores y especialistas de pantalla verde.

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