Críticas

El blues de Beale Street

Otros títulos: Si la colonia hablara.

If Beale Street Could Talk. Barry Jenkins. EUA, 2018.

el-blues-de-beale-streetLa cinta El blues de Beale Street (Si la colonia hablara), dirigida y adaptada por Barry Jenkins, está basada en la novela de James Baldwin, If Beale Street Could Talk, publicada en 1974.

El escenario donde se desarrolla se nos presenta en pantalla, ambientado en la década de los setenta, con una iluminación sumamente poderosa y cambiante; entre tanto, la introspectiva voz en off de la protagonista de diecinueve años, Tish Rivers (Kiki Lane) va narrando su historia de amor, uno que resiste la terrible injusticia, que ya muy pronto en la película, apenas a unos minutos de haber comenzado, se exhibe en su toda magnitud, con las palabras: “espero que nadie deba ver a quien ama a través de un cristal”.

Cuenta Tish que su amigo de la infancia, Alonzo Fonny Hunt (Stephan James), se convierte con los años en el amor de su vida, y deciden buscar un apartamento para vivir juntos, empresa que, por el color de su piel, pareciera casi imposible de lograr, por lo que reciben una negativa tras otra de parte de los caseros, ahí comienza a exponerse la problemática, pero no será la única ni la más grave.

El racismo es puntualmente expuesto en El blues de Beale Street de manera paralela a un relato de amor verdadero, lo cual es un arma poderosa para sensibilizar al espectador sobre el relevante tema. La cuestión racial, los prejuicios y etiquetas, se convierten en factores determinantes del argumento, ya que son el motivo de una acusación de violación, infundada e injusta, sin dar la mínima oportunidad de defensa al acusado. Y los espectadores vivimos una impotencia parecida a la que nos embargaba en Matar un ruiseñor, de Harper Lee. Aunque en esta ocasión el foco de la trama está puesto, sobre todo, en el punto de vista de Tish y en su drama y angustia por no poder ayudar a su pareja.

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Ella recibe el completo apoyo y la ayuda de su familia, su madre, Sharon Rivers –papel por el que Regina King (The Gabby Douglas Story, 2014), ha recibido el Globo de Oro y la nominación al Oscar–, hace todo lo posible por interceder y cambiar la declaración de la víctima. Su padre, Joseph Rivers (Colman Domingo), intenta obtener dinero extra, de distintas formas, para poder pagar un abogado blanco que lleve el caso con mejores resultados.

A lo largo de la película, la combinación entre lo pasado y lo presente, los recuerdos narrados, pero sobre todo las conversaciones entre los distintos personajes, como los padres de los muchachos o la de Fonny con su amigo Daniel (Brian Tyree Henry) y también la reacción de  la madre y hermanas de Fonny cuando se enteran del embarazo de Tish, van arrojando elementos claves para comprender la discriminación y el rechazo del que han sido objeto los afroamericanos en la sociedad de los Estados Unidos.

Barry Jenkins, quien en 2016 sorprendiera al público con Moonlight (Luz de luna), vuelve a conmover con una noción estética muy personal, casi lírica, de la imagen. Los juegos tonales que logra en cada escena remarcan la atmósfera necesaria del momento. Así, se va a ratos a los colores sepia o naranjas para las secuencias románticas, como a los verdes o amarillos para cuando los enamorados hablan a través del cristal de la cárcel, o el café y gris, a través del humo que rodea a Fonny cuando está esculpiendo. De tal forma que, tanto la iluminación como el manejo del color, se convierten en los recursos mejor utilizados para enmarcar sensiblemente las emociones del filme.

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De igual manera, los encuadres que usa son poderosísimos, ya que se vale de close ups, de planos muy cercanos a los personajes mirando a la cámara, desenfocando todo lo que está a su alrededor, situando el único centro de atención en sus rostros y sus emociones, generando empatía por ellos y por sus aflicciones. Por lo que realmente el fuera de foco es un refuerzo no solo estético sino narrativo, muy bien utilizado por Jenkins y James Laxton, su director de fotografía.

Otro recurso bien manejado por ellos es el seguimiento que la cámara hace de los personajes, la cual se encuentra en constante movimiento, los mira por detrás o los acompaña en sus oscilaciones, y vemos que cuando hay en pantalla dos o más personajes, Laxton se vale de la constante utilización de paneos, más que de cortes, para seguir su conversación, así el espectador siente como si estuviera presente en la habitación, virando la mirada de uno a otro para verlos y escucharlos.

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La ubicación en los años setenta está perfectamente lograda, y la banda sonora, a cargo de Nicholas Britell (La gran apuesta, 2015), con algunas apariciones de canciones de Nina Simone o John Coltrane, acompaña a la historia de forma acertada en los instantes necesarios.

Por todo lo anterior, no hay duda de que El blues de Beale Street es una película valiosa y necesaria, en la que Jenkins logra exponer preocupaciones y denuncias al sistema de justicia norteamericano, que se queda corto o rebasado por los casos que no es capaz de resolver. Asimismo, señala el profundo racismo que no ha podido desterrarse de su sociedad, por ello, la historia se vuelve vigente y relevante. Jenkins ratifica la fortaleza, la dignidad y la lucha por la igualdad, que aún sigue en pie.

 

Tráiler:

 

Ficha técnica:

El blues de Beale Street  / Si la colonia hablara (If Beale Street Could Talk),  EUA, 2018.

Dirección: Barry Jenkins
Duración: 119  minutos
Guion: Barry Jenkins (Novela: James Baldwin)
Fotografía: James Laxton
Música: Nicholas Britell
Reparto: KiKi Layne, Stephan James, Diego Luna, Pedro Pascal, Teyonah Parris, Regina King, Colman Domingo, Brian Tyree Henry, Ed Skrein, Michael Beach, Emily Rios, Finn Wittrock, Dave Franco, Aunjanue Ellis, Faith Logan

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