Críticas

El Death Note cae en manos de adolescentes caprichosos

Death Note

Adam Wingard. EUA, 2017.

A la hora de visionar una versión estadounidense de un éxito japonés, siempre se intenta enfrentar con una mente abierta y con la vaga ilusión de que, gracias a sus medios tecnológicos y su saber hacer en el mundo del entretenimiento, lograrán captar y retratar de manera exitosa las obras orientales. Con Death Note (Adam Wingard, 2017) la premisa era buena, una producción de Netflix, la plataforma online responsable de Stranger Things (Matt Duffer, 2016), con factura americana y la incorporación del reconocido actor Willem Dafoe al elenco presente en el atractivo tráiler que llevábamos viendo meses atrás de su estreno en línea.

Sin embargo, la adaptación de Adam Wingard del anime homónimo Death Note (Desu Nôto, Tetsurō Araki, 2006) es errónea en muchas facetas y no es necesario ser conocedor de la serie o de las transposiciones live-action niponas para notar sus irregularidades. El guion en sí es un despropósito de acontecimientos que pretenden condensar una larga historia en una hora y media de filme. Los personajes son caricaturas sin matices y el conflicto moral, que es el pilar fundamental de la franquicia Death Note, es retratado vagamente en pos de una explosión gore.

Pese a los problemas de condensar una serie episódica en un largometraje, la trama de Death Note no tiene una estructura coherente y cae en la más pura superficialidad, decepcionando totalmente. La historia comienza sin antecedentes que nos pongan en situación, cuando un cuaderno de muerte cae del cielo ante Light, interpretado por Nat Wolff, un adolescente que sufre bullying. Rápidamente descubre las capacidades del cuaderno, gracias a la aparición del shinigami y dueño del mismo, Ryuk, interpretado por Willem Dafoe, sin duda uno de los pocos elementos satisfactorios del filme y que por desgracia sabe a poco. El propietario del death note podrá matar a quien quiera escribiendo el nombre del susodicho en él, siempre que conozca su nombre y su cara. Así, Light tendrá la revelación de ser el salvador del mundo apuntando en su cuaderno el nombre de todos los criminales que aparecen en los medios de comunicación, llamando la atención de la policía internacional y la admiración de los ciudadanos de a pie.

Como ya mencionábamos anteriormente, el factor más interesante de Death Note es el debate moral que plantea el personaje de Light, convirtiéndose en un justiciero sanguinario que, depende de cómo se mire, lo convierte en un criminal o en el salvador de la humanidad. El protagonista, que comienza jugando inteligentemente con el cuaderno, acaba perdiendo la razón por el poder que le otorga, así como el anillo de El señor de los anillos acaba sumiéndole en una profunda locura para no ser capturado por la justicia. En la versión americana, este doble juego se reduce a una simple megalomanía bruta y torpe que nada tiene que ver con la astucia del personaje anime. A él le acompaña el personaje femenino Mia, en la versión japonesa Misa Amane, su amante y cómplice, que ansía el cuaderno para ella y cometerá traición si es necesario. La relación adolescente se mostrará en grandes dosis de morbosidad gratuita dirigida a un público con las hormonas muy activas.

La trama de Death Note es puramente detectivesca, en la que el inteligente sociópata Light es perseguido por el también perspicaz L, un empleado especial de la policía, entrenado especialmente para investigar los crímenes más difíciles. El excéntrico personaje L cambia de etnia en el filme de Wingard, pero mantiene la gestualidad del original, aunque por desgracia no su esencia. El que debería ser un superdotado detective seguro de sí mismo e implacable, en la versión americana es débil y torpe, buscando la manera de derrotar a otro adolescente con delirios de grandeza capaz de dejarse engañar por su compañera. Algo que todos sabemos impensable en la original y que, insistimos, aunque no se sea conocedor de la serie, le da un carácter insuficiente a las relaciones entre los personajes.

El trabajo actoral es pobre: Wolff y Margaret Qualley interpretan a dos histriónicos adolescentes que no nos permiten tomar en serio, rayando en muchas ocasiones lo cómico. Shea Whigham, en el papel del padre de Light, interpreta estereotípicamente al padre (miembro de la policía) que defiende a capa y espada a su hijo, aun sabiendo que todas las sospechas apuntan hacia él, eliminando cualquier matiz de complejidad del personaje original, que es capaz de dudar de su hijo por obedecer al deber de su cargo policial.

Un punto a favor de la puesta en escena es la fotografía y la banda sonora. La producción de Netflix apuesta por escenarios urbanos bañados en luces de neón que bien pueden transportarnos a Tokyo, a pesar de suceder en Seattle. Los cortes musicales contribuyen a crear la atmósfera romántica y trágica con temas pop ochenteros, que en ciertos puntos de la trama bebe de los ambientes misteriosos y futuristas de Donnie Darko (Richard Kelly, 2001) y Drive  (Nicolas Winding Refn, 2011).

El problema central de Death Note es la superficialidad con la que se tratan los temas importantes de la trama original, dejando como resultado un conjunto de asesinatos sangrientos, pasión adolescente y un antihéroe que deja mucho que desear. La dinámica entre L y Light, como si fuera una estudiada partida de ajedrez, brilla por su ausencia, quedando en un simple juego de egos. Las reglas a las que obedece el cuaderno de muerte se reducen a unas pocas básicas sin explorar las grandes posibilidades que otorgaba al protagonista para elaborar sus planes.

El resultado final es un mero resumen de la original que trata de meter “con calzador” una compleja trama en un superficial thriller, que apuesta más por la puesta en escena provocativa que por las dinámicas entre personajes. Tras el linchamiento del filme y el director en Twitter por parte de los fans más haters, se ha librado una guerra de comentarios que ha finalizado con la desaparición de Wingard de la red social y no sabemos si se habrá retirado la propuesta de posibles secuelas. El tiempo y la industria lo dirán.

 

Tráiler:

Ficha técnica:

Death Note ,  EUA, 2017.

Dirección: Adam Wingard
Duración: 101 minutos
Guion: Charley Parlapanides, Vlas Parlapanides, Jeremy Slater
Producción: Netflix, Lin Pictures, Vertigo Entertainment
Fotografía: David Tattersall
Música: Atticus Ross, Leopold Ross
Reparto: Nat Wolff, Keith Stanfield, Margaret Qualley, Shea Whigham, Willem Dafoe, Jason Liles, Paul Nakauchi, Jack Ettlinger, Michael Shamus Wiles, Jessica McLeod, Chris Britton, Matthew Kevin Anderson, David S. Jung, Artin John, Tony Ali, Ash Lee

Una respuesta a “Death Note”

  1. Sé que hablaré como una ignorante del animé original ( que por coincidencia es de los pocos géneros que no me gustan, he tratado pero el tipo de animación me produce aburrimiento, además hace años que ya me habían hablado de Death Note, pero por lo mismo no la he visto y no la veré) pero hablo como una persona que le gustan las películas gringas bien hechas. Obviamente hay cosas que sobran y que faltan, además había temas como L, que cualquiera con sentido común sabe que hay una historia genial detrás de eso, pero que poniéndose en el
    lugar del director no hay tiempo para profundizar, y eso es obvio. Apoyo la crítica en que Willem Dafoe queda a un lado, y el espectador que gusto a poco, con su actuación y su participación de los planes de estos típicos adolescentes americanos. Banda sonara excelente, estaba expectante para el final. La recomiendo si están buscando una película para divertirse y con un final inesperado, pero les recomiendo no verla junto a un fan del animé, porque te arruinará toda la película con sus reclamos, comparaciones, spoilers y más… LOL Quizás, Netflix debería haber apostado por una serie para abordar un poco más los temas que quedan en el aire y que llaman bastante la atención, pero no tanto como para una persona como yo quiera ver el animé. Prefiero esperar una secuela o lo que sea.

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