Críticas

Un policial paranormal

Crimen a contrarreloj

Don't Let Go. Jacob Estes. EUA, 2019.

Crimen a contrarreloj

El entrecruzamiento de los tiempos define la naturaleza de un crimen. Somos espectadores de dos historias paralelas, que terminan fusionándose en aras de un final conciliador, recurso mágico tendiente a un cierre, acorde a la mayoría de las películas que participan de esta fusión de géneros: thriller policial.

Desde el comienzo, hay algo que no funciona de acuerdo a la realidad: el tío Jack recibe llamadas de su sobrina de 11 años, luego de haber sido asesinada. El policía agotará todos sus recursos, intentará revertir los hechos, en un juego con el tiempo que, si bien al principio resulta un tanto adormecedor, va cobrando vida hacia el final del filme. Las posibilidades de resurrección se acrecientan bajo un maratónico juego de corridas, disparos y comunicaciones. La cámara se muestra ágil, en permanente movimiento de rápidos travellings, desde y hacia los protagonistas: se debe actuar con celeridad para intentar revertir los hechos y también para revivirlos tal cual sucedieron.

Y es que estamos frente a un thriller policial, cuyo ritmo evoluciona a medida que la corroboración de lo fantástico avanza hacia un desenlace esperable desde el contenido, aunque no tanto desde la forma: nos falta saber cómo ocurrirá lo que suponemos puede llegar a ocurrir, terminamos enfrentados a una vuelta de tuerca poco frecuente e irrealista.

Crimen a contrarreloj entremezcla realidad y fantasía en un marco de posibles circunstancias alteradoras de los hechos.

Don't Let Go Crítica

Existe un primer momento de presentación de los personajes centrales: Ashley y el tío Jack. Somos testigos de un estrecho vínculo familiar, que funciona como apuntalador frente a fallas parentales, rayanas en una negligencia relativa a la inadecuación en el ejercicio del rol. Luego, vendrán situaciones paranormales, en un momento que desubica al espectador, lo toma de sorpresa y lo envuelve en reiteraciones anodinas, un momento para el bostezo, se avanza muy lento. En medio de inciertas conversaciones teléfonicas, el filme logra confundir, no se sabe muy bien por donde va a continuar la narración. Finalmente, la película cobra ritmo, se suceden persecuciones con algunos momentos violentos; estamos pisando tierra firme, comenzamos a identificar lo de siempre, y avizoramos un final adecuado a nuestras expectativas. El material se nos brinda dosificado, con una suerte de circunstancias multiplicadoras de incertidumbre y expectativa, nos quedamos tranquilos: estamos frente a un thriller.

Don't Let Go fotograma

Lo paranormal es el eje, pero claro, no nos acostumbramos a que lo sea en este tipo de películas, y por allí viene la sorpresa. Poco más para un filme mediocre que no pasa de ser generador de incertidumbre acerca de su desarrollo: la falta de costumbre hace que el ingrediente parapsicológico opere un desconcierto momentáneo; desde allí, es que puede disfrutarse la película (lo emocional). No aporta ideas interesantes de tipo alguno, simplemente, un entretenimiento que descoloca por lo atípico, con un final nada creativo, aunque no lo adivinamos hasta que ocurre. Estamos frente a un policial que recibe la extrapolación de una lógica de películas fantásticas, allí radica lo inesperado. Hay un distanciamiento de la realidad, pero de una manera efectista, que intenta hacer saltar al espectador de su butaca, por supuesto, no pretendamos que intente, tan siquiera por un momento, hacerlo pensar.

Crimen a contrarreloj

Buena actuación de David Oyelowo y Storm Reid, tío y sobrina contribuyen a construir el eje de la trama con sus permanentes búsquedas y huidas.

Un guion irregular que aburre al comienzo, le falta consistencia; la demostración del suceso paranormal está presentada con demasiados rodeos, son momentos que debieron ser completados con instancias más sobrecogedoras. Queda la sensación de que lo que ocurre puede obedecer a cualquier causa, no se despliega una línea que lleve al espectador de la mano en la imaginación de posibilidades, como para mantenerlo en vilo, aunque sea por unos instantes. Momento chato de un filme que, gradualmente, va levantando, pero con descuidos, situaciones ilógicas que se suman a la irrealidad de la fantasía propuesta: un policía herido en el vientre que continúa en acción, sin que sea necesaria su hospitalización; exceso de transgresiones a la investigación, permitidas por los superiores jerárquicos del tío Jack. Son momentos constantes que generan una disonancia, nos conducen a pensar en un vale todo impostado, con la finalidad de forzar un desarrollo direccionado hacia ciertas zonas de la película, a las que bien podría haberse arribado con una mayor dosis de creatividad.

Hacia el final, irrumpe el conejo de la galera, la culpa se vuelve cliché. Es un doble juego, la integración de un recurso gastado que podría llegar a ser o no. Termina aflorando la solución fácil que ha sacado a más de un realizador del apuro y cuyo éxito, desde el punto de vista popular, está absolutamente probado. Bajo un pseudopaquete creativo resurge la fórmula fácil y trillada. El filme termina siendo más de lo mismo, el desenlace no impresiona. El cliché, bajo una atmósfera fantástica, no debería ser suficiente para conformar a un espectador exigente. La película es pobre, a pesar de unos aires de originalidad que terminan cayendo por su propio peso.

El veredicto final es: no recomendable, a menos que usted necesite olvidar sus problemas y  suela consumir este tipo de fiasco.

Ficha técnica:

Crimen a contrarreloj (Don't Let Go),  EUA, 2019.

Dirección: Jacob Estes
Duración: 103 min. minutos
Guion: Jacob Estes (Historia: Jacob Estes, Drew Daywalt)
Producción: Distribuida por Universal Pictures. Blumhouse Productions, Briarcliff Entertainment
Fotografía: Sharone Meir
Música: Ethan Gold
Reparto: David Oyelowo, Storm Reid, Mykelti Williamson, Byron Mann, Omar Leyva, Shinelle Azoroh, Alfred Molina, Brian Tyree Henry, April Grace, Sarkis Ninos, Ray Barnes

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