Críticas

Bien escondido...

Caché (Escondido)

Otros títulos: El observador oculto.

Caché. Michael Haneke. Austria / Francia / Alemania / Italia, 2005.

Caché  (Escondido) es una película “iceberg”: masiva, secreta, opaca, helada. De un iceberg solo se ve la apariencia, pero lo que importa es lo que queda debajo del agua, precisamente, escondido. Es una película que irrita, cuestiona, aburre, pero nos obliga a mirar hasta el final, a ver “si pasa algo”, a ver si nos enteramos “quién es” el autor del acoso que sufren los protagonistas. Sin concesiones, exigente, uno puede sentirse perplejo, intrigado, impaciente, enojado, horrorizado, puede protestar por la duración habitual de los planos, esperar a que «suceda algo». O sucumbir a una suerte de fascinación.

A partir de una intriga simple, que se puede resumir en una frase: «Una pareja es acosada por medio de casetes y postales con dibujos infantiles», Haneke extrae un poderoso filme metafísico que explora al ser humano y destierra lo peor de él, una reflexión sobre nuestras sociedades y, especialmente, sobre nosotros mismos, y no da ninguna respuesta.

La pareja, aparentemente sin problemas, vive en una hermosa casa moderna de un elegante suburbio parisino. Con un hijo adolescente y con profesiones culturales -él anima un programa literario, donde presenta libros importantes, ella trabaja en una editorial- verán sus vidas subvertidas por este extraño acoso sin explicaciones. Es una película que vuelve obsoletas e inoperantes, las categorías del «Me gusta» o «No me gusta». Destila una inquietud constante, magníficamente inducida por los encuadres a menudo fijos y por la ausencia de música. Lo importante está fuera del encuadre: voces, pasos, el automóvil que sale por la mañana y regresa por la tarde. La casa en la calle desierta junto a otras casas donde nadie parece vivir resulta ya aterradora desde el primer encuadre al inicio de la película. Haneke utiliza los códigos de las películas de terror, pero no los resuelve de esa manera: se intuye una amenaza que nunca llega de manera explícita.

Al igual que en su película La cinta blanca con sus niños secretos y aterradores, Haneke parece decirnos que el ser humano es lo que es desde la infancia, la inocencia no existe ni siquiera en la niñez, y el protagonista puede decir que solo tenía seis años cuando hizo las “tonterías”, posibles fuentes del acoso actual, su creciente paranoia, hija de su sentimiento de culpabilidad nos hace dudar de la inocencia de sus seis años.

Al igual que ciertos escritores y dramaturgos austríacos: Thomas Bernhard, Elfride Jelinek (del que adaptó La pianista), obsesionados por la culpa, el secreto, la cobardía individual y colectiva que denuncian en un país que fue cómplice de los nazis y que hoy a veces tiene derivas fascistas, Haneke no parece tener muchas esperanzas sobre la naturaleza del ser humano.

La película utiliza la forma de un thriller psicológico, pero no hay una resolución de la «intriga» y el suspenso no lleva a ninguna conclusión. No es la anécdota lo que le interesa al cineasta, sino las interrogaciones que su visión de entomólogo de la sociedad suscita. No hay asesinos, ni violencia. Lo que hace que las dos únicas escenas «sangrientas» sean aún más aterradoras, ya que no están precedidas por ninguna de esas advertencias específicas de los thrillers o películas de terror: Ninguna música prepara el terreno , así que no tenemos tiempo para taparnos los ojos con las manos. La escena llega de repente, brutal, sin rodeos. El procedimiento dramatúrgico y cinematográfico nos obliga a mirar hasta el final: la escena se presenta bruscamente, la cámara la toma a distancia, volviéndonos de alguna forma cómplices.

Sin duda, Haneke puede ser calificado de “cineasta manipulador” (fue criticado así a veces), y pienso que lo es en mayor medida que otros cineastas, pero tal vez podamos decir que lo es «por una buena causa», la de hacernos pensar.

Los encuadres fijos, los tiempos largos, la cámara distante, todo denota una voluntad de mantener la emoción a distancia. A veces examina las caras lo más cerca posible, como en los primeros planos de cada personaje durante una cena con amigos. Casi no hay música y el silencio permite escuchar el canto de los pájaros, el ruido de la ciudad, los gritos de desesperación del niño que se ve obligado a abandonar su casa durante la escena del flashback en la granja. Lo que debería ser encantador (canto de los pájaros) da miedo; lo que no queremos escuchar, lo que queremos ignorar (la pérdida de una posible felicidad en la infancia que denuncian los gritos desesperados del niño) estamos obligados a escucharlo, a enterarnos: nada lo oculta, ningún sonido.

La vida continúa (la escuela, la ciudad, la multitud, en la larga y enigmática imagen final), indiferente, como si nada hubiera pasado. Podemos salir de esta película furiosos o emocionalmente perturbados, o perplejos, o helados, porque no es un entretenimiento lo que se nos propone, ya sea para reír, llorar o tener miedo, sino una experiencia que requiere el ejercicio del pensamiento. Podemos detestar el pesimismo del cineasta o admirar su lucidez. Para quienes vean la película quince años después de su realización, puede resultar impactante la visión -en la pantalla del televisor en un plano- de imágenes de la población china que lucha contra una epidemia viral.

En este momento de confinamiento planetario, tal vez cabe pensar que Haneke, visionario como tantos artistas importantes, propuso ya en esa época una reflexión sobre otro encierro: el nuestro dentro de una sociedad individualista que vive observada, donde cada uno puede ser, a la vez, amenaza y amenazado.

En resumen, una película perturbadora, de gran belleza formal, para aquellos que no busquen un cine que proponga respuestas, sino interrogaciones, con actores que, siendo estrellas internacionales (Daniel Auteuil, Juliette Binoche), son capaces de hacernos olvidar que lo son y hacernos creer en los aterrorizados y finalmente banales personajes.

Para mí, una película que me interesa y fascina, aunque reconozca que falta la empatía con lo humano y la necesaria esperanza en la vida.

Trailer

Ficha técnica:

Caché (Escondido)  / El observador oculto (Caché),  Austria / Francia / Alemania / Italia, 2005.

Dirección: Michael Haneke
Duración: 118 minutos
Guion: Michael Haneke
Producción: Veit Heiduschka
Fotografía: Christian Berger
Reparto: Juliette Binoche, Daniel Auteuil, Maurice Bénichou

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