Críticas

Sin límites

Buenos vecinos

Undir trénu. Hafsteinn Gunnar Sigurðsson. Islandia, 2017.

BuenosvecinosCartel¿Por qué los niños y los animales tienen que sufrir las consecuencias de las estupideces humanas adultas? El director islandés Hafsteinn Gunnar Sigurðsson nos sorprende con un agudo drama, en donde el horror se va introduciendo con sabiduría, sin pausa ni tregua. Se trata de su tercer largometraje, tras Either Way (2011) y Paris of the North (2014). En esta ocasión, con Buenos vecinos, nos encontramos frente a dos historias que convergen en el filme: en primer lugar, la de la separación de un joven matrimonio que posee una hija pequeña en común; y en segundo lugar, pero ocupando la posición estelar, las rencillas vecinales de dos parejas maduras, a consecuencia de las molestias que soporta una de ellas, por la sombra de un árbol situado en la parcela de la otra. Ambas tramas van creciendo en intensidad, con una cuidada puesta en escena. Por cierto, la elección de un título en castellano más acorde con el original (“Bajo el árbol”, por ejemplo), hubiera resultado más acertada, y no la anodina denominación escogida. En cualquier caso, suponemos que será una decisión del distribuidor, y por supuesto, no achacable al equipo cinematográfico encargado de la realización. 

La obra se observa con muchísimo interés y, escena a escena, nos va recordando a ese humor negro cercano al del director español Álex de la Iglesia. La sucesión de acontecimientos desagradables van subiendo de tono, hasta alcanzar la violencia extrema, con tintes surrealistas y completamente absurdos. 

El personaje fundamental del filme, aunque no sea recreado con especial detalle y de forma continua con las imágenes, es el árbol del título original, un preciado tesoro cuyo valor nos lleva, inevitablemente, al también objetivo central de la película española El olivo, de la realizadora Icíar Bollaín (2016). Con este largometraje, Hafsteinn Gunnar Sigurðsson nos acerca a rencillas vecinales que van subiendo de tono, hasta acabar de forma lamentable. Estamos en Islandia, y en aquel país, las horas de exposición del sol son escasas y por ello, demasiado apreciadas. El verano, en realidad, apenas ocupa un mes del calendario y disfrutar de los mayores momentos del astro rey resulta un valor tremendamente cotizado. Y si el árbol del vecino puede impedir ese placer esperado a lo largo de intensos meses de frío y oscuridad, puede dar lugar a que gente perfectamente respetable y muy educada empiece a enloquecer y desbaratarse en su manera de actuar. Lamentablemente, no estamos hablando de ciencia ficción. Son casos, y no precisamente aislados, que se producen en Islandia de manera recurrente, según ha declarado el propio realizador.

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En un primer momento, el guion puede parecer un desatino. Pero basta que nos detengamos un momento y pensemos en cualquier comunidad de vecinos, en la nuestra, por ejemplo, y no situada precisamente en la fría Islandia. Y nos acordamos de multitud de conflictos, ya sea por fiestas insoportables a altas horas de la madrugada, el ruido de los aparatos de aire acondicionado o los tacones de la señora del piso de arriba que quiere destrozarse los pies caminando por su propia casa. No es novedad el retratar problemas vecinales en el cine. Basta con citar ejemplos como Mientras duermes, de Jaume Balagueró (2011); Malditos vecinos (Neighbors, 2014), del realizador Nicholas Stoller; La comunidad,del ya citado Álex de la Iglesia (2000); Gran Torino,de  Clint Easwood; o la inolvidable y maravillosa  película que Alfred Hitchcock dirigió en 1954, La ventana indiscreta (Rear Window), con el inefable James Stewart y situada apenas unos años antes de que Grace Kelly alcanzara la realeza. 

Buenos vecinos se trata de un largometraje muy atractivo, que deambula por oscuros rincones, derivando en sorpresas trágicas que destilan un seco y ácido sentido del humor. El director nos acerca, de forma austera, por radicales emociones que explotan donde no deberían. Destacan sus protagonistas femeninas, mujeres fuertes, algunas bastante desequilibradas, con comportamientos de difícil digestión. Son mujeres que, a pesar de esconderse detrás de los visillos, no solo observan, sino también actúan y mandan. Y su autoridad se impone sobre personajes masculinos de caracteres débiles, pero que reaccionan con violencia a la menor o mayor contrariedad. Las féminas dominan, probablemente una tradición no inusual en países nórdicos. Como vamos viendo, además de inspirar y promover todo el conflicto, acaban cubiertas de soledad, como muestra de que con la violencia no se llega a ninguna parte. Al final, siempre termina por aparecer el otoño, pero no todo regresa, a poco que nos lo propongamos.

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Por cierto, tampoco pasen de largo  la historia sobre la custodia de la niña, otra oportunidad para que la violencia masculina se desate sin freno alguno. Infidelidades y acosos se suceden, y el género humano se muestra con su peor cara, sugiriendo, si no ya evidenciando, que además de maldad innata, posee la idiotez en sus genes. Incapaz de poner límites en sus disputas, el enojo da paso a la neurosis y a la locura, hasta llegar a la hecatombe más absoluta y descabellada. 

Y tampoco dejen de prestar atención a los comienzos del filme, una infidelidad conyugal relatada con  una gracia extrema, en la que, vaya qué casualidad, se refuta sin pestañear lo que resulta evidente. Desde luego, al que más o a la que menos, la circunstancia no le resultará extraña. No es no, aunque esa palabra esté excluida del diccionario para esas situaciones. En fin…

Para terminar, les recomendamos que cuiden bien y protejan a sus mascotas, que el peligro de ataques imaginativos hasta el vómito puede encontrarse sin necesidad de dar la vuelta a la esquina. Convivir en comunidad es complicado, ya lo sabemos, por lo que el intento de diálogo y acuerdo mutuo se hace imprescindible para evitar discordias que puedan convertirse en una pesadilla. Si al menos el filme nos abre los ojos para que aprendamos un poco de civismo y de respeto por los derechos ajenos, muchísimo mejor. En cuanto a lo que respecta a la calidad de la obra, merece la pena acercarse a ella e ir conociendo vida y miserias de sus protagonistas. Y en lo referente al civismo, creemos que los colegios deberían cambiar algunas asignaturas que están de sobra y enseñarse en otros ámbitos, por más clases de educación, respeto y urbanismo. La sociedad en su conjunto saldría beneficiada. 

Tráiler:

Ficha técnica:

Buenos vecinos (Undir trénu),  Islandia, 2017.

Dirección: Hafsteinn Gunnar Sigurðsson
Duración: 90 minutos
Guion: Huldar Breiðfjörð, Hafsteinn Gunnar Sigurðsson
Producción: Coproducción Islandia-Polonia-Dinamarca-Alemania; Netop Films / Madants / Profile Pictures
Fotografía: Monika Lenczewska
Música: Daníel Bjarnason
Reparto: Steinþór Hróar Steinþórsson, Edda Björgvinsdóttir, Sigurður Sigurjónsson, Þorsteinn Bachmann, Selma Björnsdóttir, Lára Jóhanna Jónsdóttir

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