Críticas

Beautiful losers

Blaze

Ethan Hawke. EUA, 2018.

BlazeParte del atractivo de la historia de Blaze Foley es que no alcanzó la fama. Aunque conoció la popularidad y las cosas le fueron bien durante un tiempo, no llegó a dejar la carretera, ni los bolos en bares cutres, ni las borracheras. Fue, como decía Leonard Cohen, un beautiful loser, uno de los hermosos vencidos. Siguió la estela de los beatniks, que brilló hasta los años setenta, pero sin ninguna pretensión intelectual, filosófica o política. Su compromiso era solo con la música, sobre todo con la suya. Dejó un puñado de hermosas canciones que, como las de Sixto Rodríguez –de la misma época– no fueron conocidas más allá de círculos iniciados hasta que cineastas inteligentes sacaron a la luz sus nada glamorosas vidas. En el caso de este último, fue Malik Bendjelloul con Searching for Sugar Man (2012). En el caso de Foley, ha sido Ethan Hawke con Blaze (2018).

La película transmite afecto por su tema. No exactamente por Foley, sino por una música que representa un estilo de vida: el outlaw country, cuyo representante más conocido es Willie Nelson. También lo fue Johnny Cash, cuya música entendimos mejor –por lo menos yo– después de ver En la cuerda floja (Walk the Line, James Mangold, 2005), aunque el resultado fue bastante más convencional que la película de Hawke. Este ha logrado transmitir magistralmente el estado de ánimo de una subcultura, y lo ha logrado con una preciosa fotografía –a cargo de Steve Cosens– de tonos ocres, gracias a la cual el aroma del otoño parece impregnarlo todo. Un estado de ánimo que tiene algo de nomádico o desarraigado, un nihilismo intimista que recuerda al del tango.

El guion lo ha escrito el propio Hawke, junto con Sybil Rosen, quien fue pareja de Blaze durante una feliz temporada, sobre la cual escribió un hermoso libro: Living in the Woods in a Tree (1008), un título que es como el sueño de un niño. El episodio de la vida en el bosque ocupa un lugar central en la película y proporciona los momentos más luminosos. Por un lado, es como si todos los sueños rotos o imposibles de las canciones country se hicieran realidad: el amor, las tierras salvajes, la libertad… como si Blaze y Sybil estuviesen viviendo en una de sus canciones. Romanticismo de lo cotidiano, intimidad en estado de gracia. Por otro lado, todos estamos esperando, empezando por la propia Sybil –interpretada por una brillante Alia Shawkat– que en algún momento Blaze necesite abandonar el paraíso y volver a la carretera, romper el sueño para seguir arrastrándose por los bares, cantando sobre sueños rotos. Un lúcido Ethan Hawke consigue no juzgar a su protagonista, no iluminar sus sombras ni exagerarlas. Blaze le dice a Sybil, tumbados en la parte trasera de una furgoneta que les lleva de un pueblo al otro: “No quiero ser una estrella; quiero ser una leyenda”. No fue una cosa ni la otra, aunque ahora la película pueda contribuir a cierta aura legendaria de «malditismo». Pero fue un artista, sus canciones todavía emocionan, y una mujer lo amó y escribió un libro sobre él, que no es poco.

Tráiler:

Ficha técnica:

Blaze ,  EUA, 2018.

Dirección: Ethan Hawke
Duración: 127 minutos
Guion: Ethan Hawke, Sybil Rosen
Producción: Ansgar Media
Fotografía: Steve Cosens
Reparto: Ben Dickey, Alia Shawkat, Josh Hamilton, Charlie Sexton

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