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Blaxploitation, de las calles de Harlem a la pantalla

Shaft

En un plano general de Times Square visto desde las alturas, con sus gigantes rascacielos, carteles luminosos y marcas publicitarias, la cámara desciende hasta las aceras. Como si alguien estuviera observando desde una ventana, vemos caminar a la gente corriente, con el sonido del tráfico de fondo. Entra el título del filme en un zoom: Shaft, en España Las noches rojas de Harlem (1971), un bajo y una batería funky-soul comienza a sonar y el protagonista sale de la boca del metro. Enfundado en su gabardina de cuero, camina por las calles, se abre paso entre los taxis y parece que verdaderamente las calles de Manhattan le pertenecen. Isaac Hayes canta: “Who’s the black private dick. That’s a sex machine to all the chicks? Shaft You’re damn right”. Así se configura el estereotipo del Blaxploitation por excelencia. El hombre negro empoderado, la ley de su entorno, bien vestido y con gran afro que no tiene miedo a nada y una figura que desprende sexualidad para todas las mujeres, blancas y negras.

Fruto de las protestas por los derechos civiles y el movimiento por los derechos de los afroamericanos denominado Black Power que se dio en la década de los 60 en Estados Unidos, el Blaxploitation surge como una necesidad en los 70 de hacer cine donde los afroamericanos pudieran sentirse identificados, cambiando los roles y estereotipos que hasta entonces habían predominado en el cine de Hollywood. Gracias a la concienciación de su identidad, necesitaban una representatividad en el cine, y es que desde El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation, 1915) de D.W. Griffith, el hombre negro ha sido humillado por los blancos, visto como un sujeto violento y sexualmente agresivo, lo que perpetuaba el prejuicio generalizado de la sociedad americana. Desde 1915 hasta principios de la década de los 50, se produjeron las Race films, películas realizadas para la comunidad negra que se mostraban en cines designados para ellos. Dirigidas especialmente a inmigrantes del Sur, en los que se mostraban valores para mejorar la convivencia en sociedad, como la educación y la cultura, y las nefastas consecuencias que podrían tener los que se mostraran contrarios a las ideas capitalistas liberales. Entre ellas, The Blood of Jesus (1941), dirigida por Spencer Williams, uno de los pocos directores afroamericanos de los años cuarenta. Con temática espiritual y producida con un escaso presupuesto, tuvo un reparto afroamericano amateur y fue proyectada en iglesias de congregación negra y en cines segregados para los mismos.

Siguieron las películas de temática sureña, donde el principal papel de los negros era el de esclavo sureño, como en Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, Victor Fleming, George Cukor y Sam Wood, 1939) o  del sirviente  en Imitación a la vida (Imitation of Life, Douglas Sirk, 1959). Sidney Poitier debutó en Un rayo de luz (No Way Out, 1950), dirigida por Joseph L. Mankiewicz,  una de las primeras películas en tratar el tema del racismo en el cine. En ella, Poitier interpreta a un doctor que tendrá que lidiar con los prejuicios hacia el color de su piel unido a su profesión, así, el actor negro se comenzó a distanciar de los papeles serviles habituales. Poco a poco, Poitier fue ganándose el papel del afroamericano “correcto”, el que la audiencia blanca quería ver: bien vestido, educado y sobre todo, nunca se rebelaba contra el blanco.  Estos escenarios no representaban los verdaderos problemas de la sociedad negra, así que los equipos de rodaje se desplazaron hasta las urbes, en concreto a las junglas de asfalto que albergaban ghettos marginales para retratar la problemática de la población, sobre todo en el característico Harlem.

El director afroamericano Melvin Van Peebles realizó en 1970 una comedia titulada Watermelon Man, en la que un señor racista se despierta una mañana convertido en negro. Fue ciertamente un filme donde se reía del racismo imperante, aunque ciertamente no contenía esa “explotación” con la que cuenta el Blaxploitation, es decir, temática controvertida y explotación para su consumo. Su siguiente filme, Sweet Sweetback’s Baadasssss Song (1971) sí que marcó el inicio del género. En ella se configura, al igual que en Shaft, el icono del negro insumiso, hipersexualizado, arrogante y contestatario. Sweetback, el protagonista, es un joven que mata a dos policías blancos y debe huir a México. Durante su huida se irá encontrando con un abanico de personajes que irán reforzando la leyenda de Sweetback, un hombre con tremendas habilidades sexuales y heroico justiciero de la raza negra, en definitiva, como ellos denominaban, un verdadero badass, un canalla. El director trató que fuera un nuevo héroe para la audiencia y finalmente Sweet Sweetback’s Baadasssss Song entusiasmó al público joven que deseaba ver la revelación del hombre negro vengando la represión de sus antepasados. El colectivo de Panteras Negras recomendó a sus militantes acudir a las salas para ver la película, ya que Van Peebles logró captar el orgullo resultante de la lucha por los derechos, donde el negro no se vería más como un villano sino como héroe.

El 1971 también se estrenó Shaft, la historia de un detective privado en Harlem, escenario habitual del Blaxploitation que refleja la realidad de los barrios más pobres de las grandes urbes. Al contrario que los personajes interpretados por Sidney Poitier, Shaft fue el afroamericano capaz de trabajar tanto para el sistema como fuera de él, rebelde, maleducado, contestatario, descarado y sexual, al igual que Sweetback, y como lo describe Isaac Hayes en la canción original para la misma por la que ganó el Oscar.  Shaft se mueve en un mundo de blancos pero nunca se mezcla con ellos, manteniendo su supremacía racial frente a sus colegas blancos, evitando la integración, al contrario que los personajes interpretados por Poitier.

El Blaxploitation, por lo tanto, se configuró como un género producido por la comunidad negra para ser consumida por la misma, en el  que se trataban temas controvertidos como el sexo, el crimen, las drogas y la violencia, añadiendo el componente racial y una estética audiovisual determinada, reconocible para una audiencia joven que necesitaba de una identificación en la ficción. En el género Blaxploitation no existe un código concreto, sino que se revisitan géneros clásicos como el cine noir, el cine de mafias, terror o policíaco y se siguen las convenciones de los mismos, añadiendo el juego de poder entre el hombre negro y el hombre blanco. Pese a la intencionalidad inicial de dirigirse a un target determinado, el Blaxploitation conquistó a todos los públicos y alcanzó grandes éxitos en taquilla, por lo que se sumaron a producir películas del género todas las grandes compañías, especialmente desde 1970 a 1975.

En 1972 se estrena Super Fly, dirigida por Gordon Parks Jr., donde Youbgblood Priest, un traficante de cocaína, decide trazar un plan para poder salir del mundo de las drogas. A pesar del gran  éxito del Blaxploitation, parte de la audiencia creyó que el género estaba perpetuando un dañino estereotipo para la imagen de la juventud negra. Super Fly fue la más controvertida, ya que retrataba la faceta más miserable del ghetto, aunque se alegó que realmente el protagonista quería escapar de esa realidad.

La Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP) instó a que los niños no estuvieran expuestos al Blaxploitation, ya que representaban al hombre negro como traficante, proxeneta o gángster. Lo cierto es que este género de películas supuso un gran furor entre el público blanco y negro.

En 1973, Pam Grier interpreta a Coffy en la película homónima, dirigida por Jack Hill; en 1974, a Foxy Brown, en Foxy Brown (Jack Hill) y Tamara Dobson al personaje principal de Cleopatra Jones (Jack Starrett, 1973). Tres de las películas fundamentales del Blaxploitation, en los que la figura femenina se planteaba no como sólo un objeto sexual, como en las anteriores películas protagonizadas por personajes masculinos, sino que  adoptan el papel de heroínas para tomarse la justicia por su mano sin la necesidad de ningún hombre que les ayude. Estas chicas armadas y con mucha ira se enfrentan al villano blanco con motivos de venganza y saben utilizar su hipersexualidad para engañar al hombre y conseguir lo que desean. Estas protagonistas femeninas se distancian totalmente de la figura matriarcal de la mujer afroamericana de los filmes antes mencionados, como Lo que el viento se llevó o Imitación a la vida, sino que ahora son mujeres fuertes y armadas que se enfrentan al sistema. Coffy fue el primer ejemplo de ello: en ella Pam Grier interpreta a la heroína negra, una mujer que trabaja de enfermera durante el día, y durante la noche busca vengar a su hermana drogadicta de los responsables de introducir la droga en su comunidad. Coffy fue para muchos un ejemplo feminista, aunque ciertamente, se sigue representando a la mujer como objeto sexual, ya que en muchas ocasiones se sirve de sus armas de seducción para conseguir sus objetivos, al igual que sus compañeras Cleopatra Jones o Foxy Brown.

Un año después del estreno de El Padrino (The Godfather, 1972), de Francis Ford Coppola, se estrena El Padrino de Harlem (Black Caesar, 1973), de Larry Cohen, una revisión del género gángster visto desde la perspectiva Blaxploitation, que trata sobre el padrino que controla la mafia de Harlem. También en 1973, con The Mack (Michael Campus), se trata el tema de la prostitución y se retrata la imagen del pimp, el proxeneta negro en la jerga urbana, caracterizado por una vestimenta extravagante y una actitud chulesca característica. En 1972, con Drácula negro (Blacula, William Crain) y en 1973 con Blackenstein (William A. Levey) se reinventan géneros clásicos del terror. Así el cine Blaxploitation  se inspiraba en todos los géneros posibles del mainstream para recrearlo con sus códigos y darle a su audiencia la versión alternativa que les complaciera.

No se puede hablar de Blaxploitation sin hablar de las bandas sonoras, en las que en muchas ocasiones llegaron a alcanzar más fama en la posteridad que en el momento de su estreno. Así tenemos Shaft, de Isaac Hayes; Super Fly, de Curtis Mayfield; o la canción Down and Out in New York City, de James Brown, para El Padrino de Harlem. Unido a la estética funky de la época, dibujó el perfil y estilo que continuará influyendo hasta nuestros días: el pelo afro, las boas, los trajes de pimp y el cuero. Ya lo empezó el cantante de funk Sly Stone en los 60 con las gafas gigantes, las telas brillantes y el afro, que anticipó la estética setentera disco afroamericana y que perduró hasta la década de los 90 con el gangsta rap y el g-funk y que perpetuó la esencia de los ritmos del Blaxploitation.

Tras el corto pero intenso éxito del Blaxploitation, que terminó por un agotamiento de la sobrexplotación comercial, quedaron las obras que representaron un género necesario, debido a una necesidad social única e irrepetible. Obviamente dejó su poso estético, no sólo en el mundo de la música, como hemos mencionado, sino que en el cine se continuó su estela. Para el cineasta Spike Lee, el tema fundamental de su obra son los conflictos raciales y los derechos de la población negra reprimida por el sistema. Así, en su obra esencial Haz lo que debas (Do the Right Thing, 1989) trata los conflictos en el barrio de Brooklyn, retomando la esencia del orgullo negro, vivo en la década de los 80, gracias al florecimiento del hip hop. Por otro lado, en Los chicos del barrio (Boyz in the Hood, 1991), John Singleton retrata las vicisitudes de un grupo de jóvenes negros en el barrio de Compton, en Los Ángeles, donde tienen que lidiar con la violencia callejera y el auge de las drogas.

Más allá de la continuación de la temática y los valores políticos originales del Blaxploitation que continuaron estas películas, está Quentin Tarantino, admirador entusiasta del género, que hizo resurgir a Pam Grier para protagonizar su homenaje personal al mismo en Jackie Brown (1997). De forma más dispersa incluye elementos del género en muchas de sus obras, por ejemplo, en Pulp Fiction (1994) o Django desencadenado (Django Unchained, 2012).

El Blaxploitation, como muchos otros géneros cinematográficos o musicales, fue una necesidad social que se estaba viviendo en su momento. La recuperación del orgullo de un colectivo reprimido a lo largo de la historia de Estados Unidos fue la causa principal de una explosión de liberación política, sexual y estética que fundamentó las causas de la aparición de este género.

A pesar de la crítica hacia la representación negativa de los negros en las figuras del traficante, el proxeneta y los personajes violentos y agresivos, el Blaxploitation, ciertamente, no pretende representar con ello una realidad, sino un  submundo reconocible por la audiencia en, el que la profesión de los personajes es algo secundario, ya que prima, sobre todas las cosas, la postura firme ante la represión, la identidad y, sobre todo, el orgullo racial.
Constituyó un género especial y oportunista que surgió en el momento de máximo esplendor de la lucha por los derechos civiles, antirracismo e igualdad, sin los cuales no podría haber sido posible esta explosión de estética y música funky, personajes rebeldes enfrentados al sistema y mujeres armadas, que identifica al Blaxploitation como uno de los testimonios audiovisuales de una época.

 

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