Críticas

Después del dolor

Amanda

Otros títulos: Mi vida con Amanda.

Mikhaël Hers. Francia , 2018.

El realizador Mikhaël Hers (Ese sentimiento del verano, 2015; Memory Lane, 2010), coescribe y dirige Amanda, una emotiva historia que toca y plantea distintos e importantes aspectos de la vida, algunos delicados y dolorosos, otros tiernos y esperanzadores.

David (Vincent Lacoste) es un joven veinteañero que vive en París y trabaja en jardinería para el municipio, además de recibir y atender a los inquilinos de los departamentos de un edificio. En su tiempo libre, ayuda a su hermana Sandrine (Ophelia Kolb), profesora de inglés y madre soltera, a cuidar a Amanda (Isaure Multrier), su sobrina de siete años. Por lo demás, la vida comienza a sonreírle cuando conoce a su nueva vecina. la pianista Léna (Stacy Martin), por quien se siente inmediatamente atraído.

Sin embargo, tras la trágica muerte de Sandrine, víctima de un atentado terrorista, Hers nos enfrenta –mediante una puesta en escena sencilla y sin pretensiones– al agudo proceso de duelo que los vulnerables personajes deben soportar.

El descubrimiento de la pequeña actriz Isaure Multrier sorprende gratamente, en este su debut se siente fresca y natural, dándole a su personaje el coraje, la sensibilidad y la inocencia acordes a su edad, sin por ello dejar de lado una mirada traviesa e ingeniosa que engloba toda la inteligencia y curiosidad de una niña que está descubriendo la vida, con todos sus bemoles y sinsabores. Y por si fuera poco, su expresión transmite, con suficiente destreza, la tremenda pena y confusión que la atormenta, ante la atrocidad del golpe que el destino le ha propiciado.

Fotograma de la película Amanda

Por su parte, Vincent Lacoste (Vivir de prisa, amar despacio, 2018; Victoria y el sexo, 2016), con una interpretación bastante sólida y creíble, logra contagiarnos esa paralizante incertidumbre que siente ante el enorme peso de la responsabilidad que la vida le arroja a sus brazos. De tal forma, que por su mente y la nuestra se cruzan cuestiones como la fragilidad de la vida, lo impredecible del destino y la aceptación de la futilidad, así como la maldad y la violencia que apresan a la sociedad. Asimismo, comprendemos su pavor frente a la tarea casi titánica que significa cuidar, educar y sacar adelante a una pequeña, a la vez que ella enfrenta su propio proceso de dolor, de aceptación y sobre todo, de reconciliación con la vida.

Estos dilemas se hacen presentes a lo largo del filme, sin por ello agotar emocionalmente al espectador, debido a que Hers sabe muy bien cómo manejar el argumento, de manera que el foco principal se dirija especialmente a la conmovedora relación de Amanda con David, un vínculo que, de inicio, parece obligado por las circunstancias, pero que irá desarrollándose de forma genuina y natural, con altos y bajos, con risas y enojos, pero que especialmente será de un gran aprendizaje, para ellos y para nosotros como acompañantes espectadores, sin llegar a caer en el melodrama excesivo, ni en la moraleja forzada.

Amanda, película

La ciudad de París, con su encanto y carisma, encuadra prudentemente las situaciones y a los protagonistas, mientras estos caminan por sus calles, las recorren en bicicleta o cuando arreglan sus parques y jardines. Es el escenario perfecto para perdernos junto con los personajes en su evolución y desenvolvimiento como una nueva familia impuesta por los eventos relatados.

El terrorismo y su efecto en las víctimas se ha retratado en el cine a últimas fechas, es parte de la neurosis colectiva, del temor en el imaginario de todos, a partir de ciertos atentados que han marcado nuestro presente. Sin embargo, lo interesante en Amanda es que Hers se enfoca en la reconstrucción de los personajes tras la tragedia, nos regala un relato en el que debe haber un futuro y un después del dolor para sus personajes. Nos brinda, a nosotros y a ellos, la posibilidad de un mañana, y en eso difiere de películas recientes con temática similar, como por ejemplo En la penumbra (2017), de Faith Akin, en la que el sufrimiento y el enojo son tan grandes e incontrolables, que suspenden de golpe cualquier oportunidad de sanación, y la única salida que deja el director para su protagonista es la venganza.

Imagen de Amanda, crítica

En cambio, en Amanda, la pequeña y su inexperto tío están demasiado ocupados y preocupados por reconstruirse, por adaptarse el uno al otro, por comenzar a sanar y encontrar una vía alterna a ese dolor, y el paso principal que deben dar juntos es la aceptación de lo que sucedió; en ello vuelven toda su energía, sin dejar espacio en su ánimo para la venganza o el rencor.

Hers nos conmueve y nos acerca a sus personajes. Lo hace desde la narrativa simple y emotiva. Allí, indudablemente, radica su acierto, haciendo de Amanda una cinta que vale la pena ver.

 

 

Ficha técnica:

Amanda  / Mi vida con Amanda ,  Francia , 2018.

Dirección: Mikhaël Hers
Duración: 107 minutos
Guion: Maude Ameline, Mikhaël Hers
Fotografía: Sébastien Buchmann
Música: Anton Sanko
Reparto: Vincent Lacoste, Isaure Multrier, Stacy Martin, Ophélia Kolb Kasapoglu, Marianne Basler

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