Críticas

Locura desatada en el infierno de hoy

Los tres del infierno

3 from Hell. Rob Zombie. EUA, 2019.

Claro y directo. A uno le puede gustar o no esta clase de cine, pero hay algo que es imposible negar: luego de verlo no es posible quedarse al margen. La polémica siempre estará allí. Robert Bartleh Cummings (Rob Zombie) se encargará de que la savia macabra que inocula en el drama no sea inocua. Luego de filmar sus dos versiones de Halloween bajo las reglas del productor Harvey Weinstein, Zombie se liberó, se independizó y comenzó un derrotero hacia la construcción de su cine, de su particular visión personal de lo que el cine es para él. Haría lo que le viniera en gana, sin rendirle cuentas a nadie. Es un ideal, pero como todos ellos no exento de riesgos y obstáculos.

3 from Hell es la última parte de la saga que el realizador iniciara allá por 2003 con su ópera prima La casa de los 1000 cadáveres (House of 1000 Corpses) y continuara con Los renegados del diablo (The Devil’s Rejects, 2005), que cuenta la demencial carrera delictiva de los integrantes de la familia Firefly, detenidos y condenados a la silla eléctrica. Parecía que con la segunda entrega el tema ya no daba para más, pero Zombie decidió reabrir la herida y arriesgarse a una trilogía. El resultado no es del todo alentador y la base de inicio del film no resistiría un análisis médico científico a la hora de revisar la cantidad de balazos que los tres antihéroes habían recibido en el dantesco tiroteo final de Los renegados del diablo. Nadie podría haber sobrevivido a semejante masacre, por lo menos nadie humano. Pero, ¿es que son humanos Otis, Baby y el capitán Spaulding? Lo concreto es que el milagro se ha producido, vaya uno a saber bien por qué, y aquí están nuevamente estos monstruos sedientos de sangre, presos y a la espera de sus condenas, mientras los medios informan (o desinforman) a un público que se divide en dos bandos, los que los aman y claman por su liberación para convertirlos en héroes y líderes de un movimiento pro-delito, con la excusa de la liberación contra la opresión de no se sabe tampoco muy bien de quién (suponemos que es el sistema eternamente opresivo), y los que los odian y piden su ejecución inmediata.

A la obvia fuga de la familia Firefly (con excepción del capitán Spaulding, ya que Sid Haig falleció durante el rodaje), gracias a la providencial intervención del nuevo integrante, el hermanastro Foxy Coltrane (Richard Brake de buen desempeño, pero que no llega a lograr el contrapeso que Haig le imprimía a su personaje, es un salvaje más), sigue una interminable sucesión de situaciones planeadas con la única meta de dar rienda suelta a las más crueles matanzas a manos de los hermanitos desquiciados, con decapitaciones, tripas por doquier, escabrosas torturas incluidas e infaltables y algún efecto de disparo digital bastante lamentable, seguramente motivado en el escaso presupuesto. Un baño de sangre ajeno a cualquier motivación racional, pero vamos, es que la racionalidad no existe en estos personajes y tampoco es la función de la película. Aquí solo se trata de entretener a un público muy especial que va al cine a buscar eso que le sirven, una cena apta para fans incondicionales, casi recalcitrantes. No por nada se aplaude y festeja en la sala cada barrabasada sangrienta, cada crueldad perpretada por los Firefly. Eso sí, algunas de ellas, por su sarcasmo, logran arrancar alguna carcajada, porque las víctimas son tan cuestionables que quizás merezcan lo que les pasa, o porque sus reacciones son puro cine bizarro, de la mano de dos maestros de la sátira, Otis (Bill Moseley) y Baby (Sheri Moon Zombie).  Un dato curioso: la aparición de una casi irreconocible Dee Wallace, la mamá de Elliott, el chico de E.T. El extraterrestre, encarnando a la sádica carcelera de Baby, que termina, por supuesto, siendo carne de vendetta para la rubia psicópata.

De todas formas, ante tanta parafernalia grandguignolesca, permanece la habilidad de Zombie en su manejo de la cámara al hombro, su montaje vertiginoso y una suerte de tono pseudodocumental en algunos planos iniciales. Sin embargo, conspiran contra estos aciertos algunos yerros, como la inclusión de unas secuencias, más bien patéticas, donde un narco mexicano (Emilio Rivera), para vengar el asesinato de su padre (Danny Trejo) y luciendo unas máscaras de wrestling estilo Santo (el personaje setentoso del cine mexicano de luchadores), ataca al trío infernal en el pueblo donde estos se ocultan. Lo que parecía iba a ser el ajusticiamiento y final de la familia Firefly, se resuelve con la recuperación de ésta de manera muy estúpida (con la ayuda insólita de un enano enamorado de Baby, sin que los guardias adviertan su presencia), una pelea cuerpo a cuerpo de factura muy pobre y la eliminación de los soldados del mafioso de manera para nada creíble, como suele ocurrir en este tipo de producciones. Toda la secuencia da la sensación de que uno está viendo alguna escena de acción de alguna película de aquel muy efectivo y original Robert Rodriguez, pero en decadencia.  El cine de Tarantino o de David Fincher, un autor del que Zombie bebe habitualmente, está a años luz. Más cerca se huele el aroma fétido de las matanzas del clan Manson.

La estructura del film discurre entre lo carcelario, la road-movie y el western psicodélico, donde se evidencia la decisión de Zombie de liberarse estéticamente, sin ocultar el desparpajo y la desvergüenza con que se adentra a tomar postura dentro de la cultura popular, intentando nivelar a estos psicópatas despreciables con ciertos personajes de la realidad que, quizás sin tan burda explicitud, han cometido también actos tan aberrantes como aquellos, como si de una entrañable familia de inadaptados se tratase. Es claro que el director busca jugar con el grotesco y magnificar la locura salvaje e irresponsable que despliega el trío del infierno, a quienes trata al mismo tiempo como monstruos y como víctimas de un sistema que, según ellos, los ha lanzado a cometer los asesinatos más macabros, aunque no hay ninguna línea de diálogo que nos lleve a descifrar cuáles son los defectos del sistema que, supuestamente, provocan semejante desviación en las psiquis de estos criminales sin límites. Quizás ningún error o deficiencia en el sistema justifique reacciones tan demenciales, ya que, por fortuna, no es la mayoría de la gente, afectada también por ese sistema imperfecto e injusto, la que recurre a la violencia, la tortura y la muerte como reacción. Por otra parte, tampoco se vislumbra que con estas tropelías sanguinarias, los antihéroes del relato encuentren o siquiera busquen la solución a los problemas del sistema. Solo se regodean en una bacanal de sangre y fuego, como método para calmar el desasosiego que llevan en sus entrañas.

Conseguir algún grado de empatía con estos personajes es sencillamente imposible. Solo cabe dejarse llevar por la locura desatada en el infierno de hoy, sin hacer demasiadas disquisiciones ni tratar de entender lo inentendible. O abstenerse de ver este producto muy menor y ocupar el tiempo en alguna otra cosa, más útil y edificante, lo cual, en los tiempos que corren, no estaría nada mal.

 

Tráiler:

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Ficha técnica:

Los tres del infierno (3 from Hell),  EUA, 2019.

Dirección: Rob Zombie
Duración: 111 minutos
Guion: Rob Zombie
Producción: Capital Arts Entertainment; Spookshow International
Fotografía: David Daniel
Música: Zeuss
Reparto: Sheri Moon Zombie, Bill Moseley, Sid Haig, Richard Brake, Jeff Daniel Phillips, Kevin Jackson, Tracey Leigh, Sylvia Jefferies, Emilio Rivera, Dee Wallace

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