Críticas

Entre bombas y platillos

A Russian Youth

Malchik Russkiy. Alexander Zolotukhin. Rusia, 2019.

Cartel de A russian youthEn plena Primera Guerra Mundial, un joven soldado ruso se apresura por alcanzar un batallón de soldados. Su entusiasmo es inocente, casi infantil, el de un niño ansioso por jugar con los más grandes. Quiere matar alemanes, dice, y ganarse una medalla por mérito. En un tiempo y espacio distinto, casi a un siglo de distancia temporal, una orquesta ensaya obras de Sergei Rachmaninoff (Concerto para piano Nº 3 en Re menor / Danza Sinfónica), los músicos, atentos a las debidas indicaciones del director de orquesta. En A Russian Youth, imagen y sonido se funden y se entreveran, generando alteraciones perceptivas, mientras el relato acompaña la incursión de Aleksey en el campo de batalla, al son del estruendo de los tambores.

La película estimula los sentidos y desecha concepciones perceptivas aprendidas o, al menos, las pone en cuestionamiento. Por un lado, en las trincheras rusas, una imagen desaturada y granulada imprime una textura particular sobre aquello que narra. Mientras que la relación de aspecto podría resultar familiar, el carácter casi táctil de los planos no se adecua a ningún tiempo. Las imperfecciones y los errores de la imagen, como si fuera un fílmico dañado, estiliza el cuadro sin resguardo ni timidez alguna; la simulación deliberada de esta cualidad física del soporte analógico, traspolado a la era digital, altera la noción temporal. Además, la nitidez de los contornos difuminados enfatiza una fotografía que remite, por instantes, a los recuerdos borrosos de un sueño. A este embellecimiento nostálgico, si se quiere, le acompaña una cámara suelta, que transita entre los personajes sin permanecer quieta por mucho tiempo. Aún cuando se mantiene inmóvil, el movimiento se percibe a través de los elementos internos en el plano: el viento, las nubes o la marcha de los hombres, como si permanecer en quietud, en plena guerra, fuera una ventaja para el enemigo. 

Fotograma de A russian youth

En A Russian Youth, la presencia imponente de la naturaleza antecede a los pormenores bélicos. Los altos árboles que se extienden hasta tocar las nubes se enfrentan a los personajes, de pronto, diminutos y casi pegados al borde del cuadro, lo cual configura una relación personaje-ambiente que remarca la insignificancia humana frente al infinito paisaje o frente a la historia misma. Por otro lado, el pasto y el cielo son lugares donde se encuentra una paz momentánea; el chirrido de algún pájaro a lo lejos o las hojas sumisas al viento mecen, con sus sonidos, los momentos de ocio.

Existe una especial atención de Zolotukhin sobre la inactividad en el combate, una sutileza en la mirada que torna la vista hacia el descanso al lado del río, o que deja entrever un sauna en una carpa, donde un grupo de hombres se ríen y se bañan, y al cual, tanto el adolescente como nosotros, nos vemos atraídos. De la misma manera, el director encuentra una ironía inofensiva en la desgracia, con la escena de los ciegos posando para una fotografía, porque en la guerra, también se ríe y se descansa.

Fotograma de A russian youth

Así como las indicaciones del director se entrometen sonoramente en la guerra, la guerra se manifiesta en el auditorio. Escuchamos una voz que insiste sobre ciertos pizzicatos, a la vez, el soldado recibe indicaciones de su superior o berrinches del soldado sobre las imágenes de las partituras. El ensayo de la orquesta se construye a partir de los rostros de los músicos, las notas musicales que se despliegan en las hojas y los detalles de las manos que ejecutan con virtuosismo las notas del piano. Salvo el inicio y el final, la figura del director de orquesta está casi ausente, pero su voz se propaga hasta en los ataques aéreos. En el plano sonoro, ocurre otra disrupción: las voces de los diálogos están al mismo volumen o incluso un poquito más bajo que la preponderancia de la banda sonora, lo cual nos obliga a aprender a distinguirlos, en contrapartida a la convención normalizada del cine, donde los sonidos del orden musical se minimizan cuando alguien habla. 

Es imposible no pretender asociar lo que ocurre en estos dos lugares distantes. El montaje que corta de un lugar a otro pone en diálogo directo los rostros de los integrantes de la orquesta con los rusos en plena guerra, tanto así que los músicos parecieran reaccionar a los momentos de ternura, como cuando Aleksey es incapaz de contener la risa cuando siente cosquillas o contemplar con pesar los horrores de la contienda bélica. La mirada cómplice y las sonrisas de alivio se responden entre sí, soldado y músico, un falso plano-contraplano que juega con el deseo de unir ambas imágenes, como si quisiéramos que estén viendo lo mismo que nosotros. Sin embargo, en ningún momento vemos que la orquesta esté efectivamente musicalizando la película; es imposible intuir siquiera si vieron alguna escena.

Fotograma de A russian youth

Por otro lado, A Russian Youth remarca lo físico de la guerra. Las armas pesadas o la maquinaria de hierro utilizada para escuchar a lo lejos adquieren una especial importancia, siendo recurrentes las escenas donde se trasladan estos objetos con mucho esfuerzo o donde estos aparatos exigen una sumisión corporal absoluta del soldado que desea manipularlos. ¿Acaso no sería el hombre una pieza más en este engranaje omnipotente maquinado por los intereses políticos de turno? A la vez, el joven soldado protagonista va perdiendo de a poco los sentidos que le permiten relacionarse con el mundo exterior. Debe aprender a escuchar, a sentir, a moverse sin ver, y en este proceso que él encara con terquedad, el espectador aprende a asimilar los estímulos perceptivos. ¿Fue aquello un avión o una nota de viento grave? 

El desenlace trágico, anticipado por la pérdida gradual de los sentidos del joven, tanto así que acaba reducido a un cuerpo casi ajeno a su entorno, sumado a la ejecución impecable del concierto, describe una conjunción de melodías agitadas, que contrapone imágenes frenéticas del pianista sudado con los soldados arando con mucho esfuerzo un tanque alemán. El ensayo, que ocurre bajo una dirección final que indica ejecutar la obra “como si fuera el presagio de algo”, rememora en lo visual el comienzo de la película. Quizás A Russian Youth sea un poco de predicción, un poco de ensayo histórico, donde el anhelo de regresar al inicio se concede con la repetición de su secuencia inicial: Aleksey corre para alcanzar a los demás soldados. El fin puede ser un principio. 

Tráiler:

Ficha técnica:

A Russian Youth (Malchik Russkiy),  Rusia, 2019.

Dirección: Alexander Zolotukhin
Duración: 72 minutos
Guion: Alexander Zolotukhin
Producción: Example of Intonation, Lenfilm Studio
Fotografía: Airat Yamilov
Música: Sergei Rachmaninoff
Reparto: Mikhail Buturlov, Filipp Dyachkov, Sergey Goncharenko, Vladimir Korolev, Artem Leshik, Danil Tyabin

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