Críticas

Corazones rotos del capitalismo

Asako 1 & 2

Netemo sametemo. Ryûsuke Hamaguchi. Japón, 2018.

Los amagues de la costumbre nos conducen a esperar lo que no sucede. A Ryusuke Hamaguchi se le antoja una historia de amor instalada en caminos horizontales. Carreteras y cauces fluviales enmarcan contingencias simbolizadas en trayectos que anticipan la dinámica de Drive my Car  (2021).

El arte de la paciencia no elimina la proyección. Asako es una joven y hermosa muchacha que se enamora de Baku, quien una mañana saldrá a comprar zapatos para ya no regresar. Los avatares de la vida llevan a Asako a conocer a  otro chico muy semejante, la experiencia demostrará que realidad y fantasía pueden convivir en armonía, aunque solo hasta cierto punto.

El filme nos ofrece esa sensación de trayecto, por momentos accidentado, por momentos fluido, con una vuelta de tuerca final, donde se desbarata lo previsible, lo que accede a la mente en función de la costumbre implantada por la industria en sus lugares comunes. Asako es hermetismo puro, invita a aguzar el sentido común; lo esperable se torna resbaladizo, el peso de lo íntimo opera cerrado desde una caja negra a merced del tiempo. El espectador es testigo de acciones, más no de relatos que lo pongan sobre aviso.

Asako 1 & 2 nos predispone a la espera de algo diferente; algo que parece cambiar, pero que, en realidad, no cambia, aunque quizá termine cambiando; en fin, es la incitación a puras conjeturas ante la diferencia.

Otra vez, como en Drive my Car  (2021), el automóvil es contexto de reflexión, aunque en esta oportunidad mediada por el silencio. El espectador es partícipe de lo obvio por contraste, es solo una cuestión de trato: Baku no es Ryohei. La supuesta confusión solo dura unos kilómetros, entendemos a Asako en la germinación de una duda que solo podía extirparse en la experiencia directa.

Los temores de Ryohei fueron fundados, aunque tardíamente expresados. Él también necesitaba la evidencia, pero su parte es la peor, será difícil apagar la duda. Aunque siga fluyendo, el río permanecerá sucio.

Asako 1 & 2 fotograma

El reclamo es lo esperado, más nunca aparece; Asako nos invita a una comprensión por fuera de lógicas previsibles. El cine de Hamaguchi despliega complejidades en sintonía con paralelismos en diferencias difusas.  Asako 1 & 2 sugiere distinción en el tiempo; lo que hay es permanencia oculta de lo que solo difiere en apariencia. Un estado del alma que germina a escondidas bajo el entretejido de una tímida muchacha que, por momentos, hace gala de impulsos en función de la dinámica de un guion que necesita sugerir algún tipo de explicación.

Una película con el sello Hamaguchi. El maestro japonés se mantiene dentro de un estilo bien definido que, en su singularidad, lo delimita como autor tipo  hacia un cine psicológico, sugerente, reflexivo; de trayectos temporales en caminos, y relaciones que se involucran con el arte. La humanidad presente bajo el peso de conflictos expuestos, silenciados, representados y hasta compartidos en la necesidad de alivio y comprensión. Salvando las distancias, un Bergman posmoderno, heredero de densidades complejas inherentes a vicisitudes propias de la vida en pareja y sociedad.

Filme de planos medios y generales. Mantiene la distancia con el espectador, en tanto faceta acorde a la falta de acceso a cuestiones no expresadas, aceptadas como propias tanto en señal de lo prohibido como en conjetura o inconveniente posibilidad. Es la vida, lo que ocultamos a los demás tarde o temprano nos delata en acciones tan personales como ineludibles. El cine como generador expresivo de lo que no queremos mostrar o demostrar;  hechos en imágenes, prueba contundente de lo que somos y de cómo nos sentimos.

Asako 1 & 2 escena

Hamaguchi no está interesado en primeros planos, no quiere trasmitir en base a rostros, sino a acciones; el suceso es delator, por aquello de “hechos y no palabras”. “Quiero ver tu cara, quiero oír tu voz”, es Asako ante el rechazo de Ryohei, de perfil y en plano medio; la perspectiva configura un rostro inaccesible. Indica la insuficiencia del contacto visual en el detalle de una modalidad perceptiva que no alcanza a la predicción de acciones e intenciones, el primer plano no será necesario a la comprensión de lo que no se juega en el ámbito de los rostros y las palabras. La verdad se manifiesta en otra parte.

El terremoto es imagen de lo que se avecina más allá de las apariencias. Ryohei no llega a ser afectado, todo está en consonancia con la imaginación, el atisbo de un interior que pronto estará en relación con lo exterior. Temores disimulados permanecen encubiertos tras el exceso de respeto a una relación, que peca en la imagen de “perfección” vertida hacia el espectador bajo el signo de la privacidad extrema. Ryohei sabe de las semejanzas y su incidencia en la circunstancia, lo invaden comparaciones que sabrá mantener en reserva, no es fácil combatir los ideales del sistema, sobre todo, cuando se materializan para lucir tan cercanos. Una intromisión desde casualidades inevitables tardíamente confirmadas.

Los posicionamientos obedecen a circunstancias no a personas; los individuos ocupan lugares por lo que representan, y no por lo que son. Ryohei es efecto por semejanza; Baku  opera desde lo que significa para Asako, el galán atrevido que ofrece admiración y seguridad, una protección imaginaria que cuesta desterrar. Solo las acciones, traducidas en hechos, hacen tambalear la fantasía. Se intenta recuperar lo “perdido”, la realidad será ofrecida como mejor opción. Comparación de por medio, Asako reaccionará, intentará evitar la pérdida. La realidad pondrá un freno; habrá consecuencias. El juego es entre la pérdida aparente y la real, Baku versus Ryohei, fantasía versus realidad.

Asako 1 & 2 plano

Algunos primeros planos surgen en momentos clave; Asako, en medio de la vergüenza, decide con quién se queda. Definiciones en planos y contraplanos, un mínimo de tensión denota la fácil  resolución a manera de fuga con un “príncipe azul” que todo lo justifica. Es el típico producto de una sociedad de consumo que alienta la explotación de estereotipos sembrados por la cultura en la fantasía femenina. La realidad se confunde en modelos fomentadores de una adoración narcisista funcional a la cultura del éxito y la fama. Lo femenino y masculino en tres vertientes atravesadas por posicionamientos demarcatorios. La belleza, en lo manifiesto, es sostenida por valores disímiles;  se traduce en comportamientos enmarcados en diferentes rangos de autenticidad y beneficio emocional. No necesitamos conocer demasiado a los personajes para apreciarlo.

Inmediatismo individualista versus construcción de vínculos fundados en el respeto. Ryohei es el contramodelo representante de la consideración del otro en las relaciones; Baku, la improvisación en función del propio interés, que deslumbra con su osadía; Asako, la frágil mujercita presa de sus propias necesidades y fantasías. Un lente amplificador que pone al descubierto tendencias propias de la sociedad posmoderna, sin embargo, no ausentes en la modernidad.

Hamaguchi se mete en camisa de once varas, desafía lo previsible en la costumbre del cinéfilo; un ejercicio con aire a denuncia, elude el melodrama en el intento de desterrar lo trágico contaminante de movimientos banales.

La vara está muy alta; Ryusuke ha sabido responder.

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Ficha técnica:

Asako 1 & 2 (Netemo sametemo),  Japón, 2018.

Dirección: Ryûsuke Hamaguchi
Duración: 119 minutos
Guion: Sachiko Tanaka, Ryûsuke Hamaguchi. Novela: Tomoka Shibasaki
Producción: Coproducción Japón-Francia; C&I Entertainment
Fotografía: Yasuyuki Sasaki
Música: Tofubeats
Reparto: Masahiro Higashide, Erika Karata, Atsushi Kaneshige, Kôji Seto, Sairi Itô, Rio Yamashita, Kôji Nakamoto, Daichi Watanabe, Maki Nishiyama, Misako Tanaka, Nao Okabe

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