Críticas

Mano de obra desocupada

Zanahoria

Enrique Buchicho. Uruguay / Argentina, 2014.

Cartel de la película ZanahoriaHace apenas unos días, después de casi cuarenta años, uno de los represores de la dictadura que asoló la Argentina a partir de 1976, se decidió a declarar dónde están los cuerpos de algunos “desaparecidos” por aquellos años. Se trata de Ernesto “el Nabo” Barreiro, que quebró el pacto de silencio para sostener cínicamente que en “La Perla”, el centro de detención y tortura del que era responsable, “no murió nadie”. Pero señaló los terrenos donde pueden encontrarse los cuerpos de los asesinados. Se trata de una declaración llena de imprecisiones, que ha llevado a los investigadores a escarbar la tierra inútilmente.

En la película uruguaya de Enrique Buchichio, Zanahoria, se narra la historia de un hombre que perteneció a los servicios secretos y que luego de muchos años, en plena campaña política de 2004, donde es muy probable que la Izquierda gane las elecciones por primera vez, promete la entrega de documentos inéditos de la dictadura uruguaya (1973-1985) con testimonios de tortura y asesinatos por parte de los grupos amparados por el terrorismo de Estado (protegidos por la Ley de Caducidad vigente).

En la Argentina de hoy se vive el último tramo de un gobierno que dirimirá este año su suerte en las urnas. El paralelismo con lo narrado por Buchichio no es casual. Así como los represores entrenados en la Escuela de las Américas tenían un plan sistemático de desaparición de personas, del mismo modo, esa “mano de obra desocupada” que fueron sus esbirros buscan una punta de donde sostenerse para salvarse. Y lo hacen de la misma manera en que aprendieron a actuar: desesperando al interlocutor, dejándolo horas sin dormir, estableciendo en él una torturante espera, en un clima donde el miedo y el terror viven agazapados. Se mueven en las sombras, atemorizan con posibles persecutores, por “gente pesada” que los borraría de la faz de la tierra si se enteraran de su “traición”.

Fotograma de la película uruguaya ZanahoriaAlfredo (ex militante) y Jorge (joven profesional) son periodistas de un semanario de izquierda. Una llamada los convoca a encuentros nocturnos de interminable espera por un resultado que tarda más de la cuenta en llegar. Largos planos oscuros, donde la luz de un automóvil en la carretera permite esbozar los perfiles dentro del auto y una voz oscura, inspirada en “garganta profunda” del caso Watergate, va desbrozando unos planes incomprensibles y una revelación por la que cualquier periodista con verdadera vocación se jugaría la vida.

De eso se trata, de seguir jugando con almas humanas, con seres obsesionados por la primicia, por gente que necesita develar una historia colectiva para sanar las heridas de toda una generación. Walter, el esbirro “traidor” a su clase, es un ser oscuro que va tratando de acercarse al más joven de los periodistas, quien deja sus obligaciones de lado para vivir desvelado su propia pesadilla. La curiosidad típica de los periodistas cuando tienen una primicia al alcance de las manos permite extender los tiempos de una historia que no se puede cerrar, a pesar de la premura que impone la agenda noticiosa.

El ritmo de la narración es lento, quizá demasiado para instalar el suspenso que requiere una historia con pocos elementos de peso. Tres actores (los secundarios son apenas esbozados: el jefe de redacción, la esposa de Jorge), un espacio cerrado (el del auto) y la noche, todo filmado sin ayuda de luces extras, son el trípode sobre el que se apoya una historia corta, que se extiende en momentos de espera, tiempos muertos y poca adrenalina, conseguida por un auto que sigue a otro o por dos matones que miran de reojo tras sus gafas oscuras. Es cierto que todo suma al desconcierto en que se ven sumidos los periodistas, pero un poco más de dinamismo podría haber alentado más la angustiosa espera, tras las largas horas sin dormir de Jorge o la visita curiosa a un edificio abandonado que realiza Alfredo.

Zanahoria, ImagenEnrique Buchichio ha construido un guion inspirado en un hecho real, sucedido en 2004, cuando Tabaré Vásquez encabezaba la fórmula que ganaría las elecciones de ese año. La iluminación (o su falta, en muchas de las escenas), con las locaciones apenas iluminadas en la carretera por una lámpara que se pierde en el camino o por la luna, es uno de los puntos a que ha apostado el director de fotografía, Pablo Barra. Si bien es cierto que transmite una atmósfera agobiante y angustiante, deja en un plano de anonimato a Walter, otorgándole un misterio más a su rostro pétreo y su mirada oscura.

Zanahoria cuenta una porción de la historia más triste del Uruguay, pero también cuenta un malicioso plan que sigue desarrollándose, mientras todo un país trata de seguir adelante con la pesada carga de su pasado. Zanahoria, Nabo, hortalizas que se utilizan en la jerga rioplatense (uruguaya y argentina) para describir un objetivo, en el primer caso, y para calificar de inútil a alguien, en el segundo. Esa impunidad del “Nabo” Barreiro para tratar de justificar lo injustificable y la presa, los documentos que vendrían a redimir a las innumerables víctimas de la represión, son dos caras de la misma moneda. Una triste historia que solo nos puede convencer de que la Bestia no ha muerto y que sigue haciendo daño.

Tráiler:

Ficha técnica:

Zanahoria ,  Uruguay / Argentina, 2014.

Dirección: Enrique Buchicho
Guión: Enrique Buchichio, basado en la crónica periodística de Jorge Lauro y Alfredo García
Producción: Natacha López
Fotografía: Pablo Parra
Música: Mario Buchichio
Reparto: César Troncoso, Martín Rodríguez, Abel Tripaldi, Néstor Guzzini, Mónica Navarro, Victoria Céspedes, Carlos Vallarino, Ana Rosa, Martín Pavlovsky

Liliana Sáez

Directora de AULA CRÍTICA, Escuela de Crítica Cinematográfica y de EL ESPECTADOR IMAGINARIO

 

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